Cobega SA
Cobega S.A.s, concesionarios de Coca-Cola. Foto: Archivo Coca-Cola.

A partir de los años 50 empezaron a construirse por todo el país edificios de grandes cristaleras por los que desfilaban a toda velocidad botellas de Coca-Cola. Camiones de reparto entraban y salían cargados con la bebida. Desde fuera, niños y adultos disfrutaban del mágico espectáculo.

No era para menos. En 1965, la planta de Casbega, en Madrid, tenía capacidad para embotellar hasta 60.000 botellas a la hora. Animada por el entusiasmo que mostraban los vecinos de los lugares en los que se ubicaban las plantas, Coca-Cola en España comenzó una tradición que dura hasta hoy: la de las visitas a sus fábricas.

El público más entusiasta

Las visitas de los vecinos y los familiares de los trabajadores ocuparon los primeros años, pero enseguida llegó un momento en el que se extendió la invitación a conocer las instalaciones de Coca-Cola en España. Empezaron a celebrarse visitas de grupos: las más habituales eran de los colegios, pero también acudían estudiantes universitarios o amas de casa.

Como no podría ser de otro modo, los más animados eran siempre los niños. “En aquella época ir a la fábrica de Coca-Cola era como ir a la NASA. Era la bebida de las fiestas, la que más gustaba. Para nosotros ver allí tanta Coca-Cola era impresionante”, recuerda Manuel Felpeto, quien fue a la fábrica de A Coruña en 1987, cuando tenía 11 años, y repitió la experiencia en 2001, esta vez como profesor.

“Me impactó tanto la primera vez que casi recuerdo más la visita como alumno que como maestro”, confiesa. En su colegio la salida a la fábrica de Coca-Cola se hacía, año tras año, en 6º de primaria. Los alumnos ya sabían en qué iba a consistir, y esperaban entusiasmados el viaje para conocer ese fascinante lugar del que salía la bebida.

La planta de embotellado, clara favorita

La visita a la fábrica empezaba en una sala en la que se hacía una introducción acerca de la marca y se explicaba cómo se preparaba la bebida. Pero rápidamente se pasaba a la acción: normalmente en fila india, los niños (o adultos) iban recorriendo las diferentes partes de la instalación, como el laboratorio, la planta de embotellado o el almacén. En algunas fábricas, como la de A Coruña, los visitantes se vestían prácticamente como los trabajadores, con una bata blanca y un gorrito de papel.

“Nos habían contado desde fuera cómo era el funcionamiento de la fábrica y el diseño del exterior. Luego, dentro, nos explicaban el proceso de elaboración y nos enseñaban aquellos tremendos tanques donde se mezclaba todo. Y al final veíamos las máquinas por las que pasaban las botellas, se llenaban y se les ponía la chapa. Era alucinante”, recuerda Manuel.

Sin duda, lo que más impresionaba a niños y adultos era la planta de embotellado. Y es que el proceso en el que se llenaban tantas botellas por minuto era digno de ver. Pedro Martínez visitó la fábrica situada en el barrio barcelonés de Sant Martí alrededor de 1971, cuando tenía unos 10 años. “No recuerdo exactamente la fecha, pero sí la planta de embotellado. La máquina iba echando Coca-Cola y llenando las botellas a toda velocidad”, cuenta. “Era curioso porque ya se veía desde la calle; ibas andando y se veía cómo pasaban las botellitas en la cinta y se iban cargando. Decías: ´Mira cuántas´. Por eso cuando el colegio te llevaba a la fábrica era una fiesta”.

Coca-Cola, en ocasiones especiales

Como parte de la infinita curiosidad de los niños, “la pregunta del millón siempre era: ‘¿cuál es la receta de Coca-Cola?”, recuerda Manuel.

Para un niño de los años 60 y 70, el mundo de Coca-Cola era cautivador. “Disfrutabas poco de Coca-Cola. Yo era de un barrio humilde de Barcelona, y para tomar Coca-Cola tenías que esperar a ocasiones especiales, como un bautizo o una comunión”, señala Pedro. “Eso sí, al final de la visita nos daban un lote con una Coca-Cola, una Fanta y algún regalo”, añade.

Puertas abiertas

Sobre todo en las primeras décadas, las fábricas de Coca-Cola llamaban mucho la atención por su equipamiento. Eran muy modernas, mucho más que la mayoría, y cuidaban enormemente su imagen. Para sus trabajadores, formar parte del equipo de Coca-Cola en España era motivo de orgullo.

Fueron también de las primeras fábricas que empezaron a abrir sus puertas al público. Esta era una posibilidad muy interesante especialmente para los colegios, pues permitían a los alumnos conocer de cerca cómo eran por dentro y su funcionamiento.

“Lo que más nos llamaba la atención era cómo las botellas salían a toda pastilla, cómo se llenaban y se les ponía la chapa. Era la primera vez que veíamos un proceso industrial”, apunta Manuel.“Nos gustaba descubrir cómo se hacía aquello que veíamos en las tiendas de barrio”, explica. “En aquella época en Lugo, donde yo vivía, no había grandes superficies como las de hoy; todo era mucho más cercano”.

Las visitas, hoy

Hoy en día, Coca-Cola en España sigue abriendo las puertas de sus plantas de la misma manera que lo hacía hace décadas. Manuel tuvo la oportunidad de repetir la experiencia de ver la fábrica por dentro, pero esta vez desde otro punto de vista. “Ahora, como profesor, compruebo cómo los niños van bastante emocionados. Además, ha cambiado la perspectiva porque en la actualidad acuden más preparados. Trabajamos por proyectos en el aula, y la visita se hizo coincidir con una unidad didáctica sobre la industria”, comenta. “Les habíamos explicado muchas cosas y llevaban preguntas técnicas preparadas, como cuántas botellas y litros se producen al día, el número de salidas de camiones, etcétera”.

Lo que no ha cambiado es el final de la ruta. Tras cada visita, los invitados acaban saboreando una Coca-Cola bien fría y llevándose a casa más información sobre un negocio que nos lleva acompañando desde 1953. “Cuando bebías Coca-Cola después, imaginabas cómo estaba hecha y recordabas la visita”, destaca Pedro. Todavía preguntándose, eso sí, cuál sería la receta que la hacía tan especial.