El teatro es tan antiguo como la propia Humanidad. Los ritos religiosos de nuestros antepasados prehistóricos ya incluían cierta escenificación teatral, aunque fue en la antigua Grecia donde surgió el teatro tal y como lo entendemos hoy, pasando luego a Roma y extendiéndose a todo Occidente. Casi tres mil años de vigencia que no se justifican solo por su naturaleza artística y lúdica; el teatro es también una poderosa herramienta educativa.

Es algo que saben bien los organizadores de los Premios “Buero” de Teatro Joven Coca-Cola, que desde hace 17 ediciones apuestan por la formación de los adolescentes a través de este arte universal.

El mundo necesita teatro”, afirma rotunda Pilar Rodríguez, al frente de los cinco grupos teatrales del Colegio Santa Teresa y del IES Isabel de Castilla, en Ávila. Una gran familia teatral convertida en toda una cantera de la que han salido actores como Nacho Sánchez o Ana Peinado.

“Aparte de la consabida presencia que te da, de esa rotundidad al hablar (sin titubeos), el teatro te enseña a relacionarte mejor”, dice esta profesora que lleva años participando con sus alumnos de 2º de Bachillerato en los “Buero”. Además, imparte en ellos talleres de creatividad y movimiento, y ha dirigido algunas de sus galas finales de premios.

“Internet y las redes sociales nos imponen hoy códigos nuevos, pero no podemos dejar de lado el más primario, el del tú a tú”, apunta. “Con el teatro, con su ficción, los chavales dejan atrás un mundo de postureo y comienzan a andar un camino de autenticidad: el de mirar a los ojos al otro, verte reflejado en él y, desde esa verdad, comprenderle”, explica Pilar, socia fundadora de la ONG Caídos del Cielo, que lucha contra la exclusión social a través del teatro.

“Con el teatro, los jóvenes dejan atrás un mundo de postureo y andan un camino de autenticidad: el de mirar a los ojos al otro, verte reflejado en él y, desde esa verdad, comprenderle”. Pilar Rodríguez, profesora de teatro

El teatro es una "escuela de vida", sentencia Ana Casado, que estaba en el grupo Titiriteros, con Pilar, cuando este quedó finalista a nivel nacional en la novena edición de los “Buero”. "Mejoras tus habilidades de comunicación, aprendes a luchar por un objetivo común -dejando a un lado los egos-, a tomar decisiones rápidas ante imprevistos... El teatro es emocionarte y emocionar -tienes que explorar y expresar sentimientos-, y eso te ayuda a empatizar con los demás”. 

Sus derroteros no fueron por las artes escénicas -estudió Genética y está enfocada en la investigación del cáncer-, pero sigue vinculada al teatro como espectadora.

Sobran los motivos para apostar por el teatro

Pasión por la escena
Pilar Rodríguez, en uno de sus lugares favoritos: el escenario de un teatro.

Desde hace más de 12 años, Gerard Clúa imparte talleres de cabaret y juego teatral a los participantes en los “Buero”. Este actor, director y gerente cultural destaca el papel del teatro como instrumento de expresión, más aún en un momento clave del desarrollo como es la adolescencia. “Da a los chicos la oportunidad de que muestren qué piensan, qué sienten, qué les ocurre por dentro en una etapa de indefinición personal y autodescubrimiento, con las hormonas revolucionadas”, considera.

Chicos y chicas a quienes exponerse a través de los personajes les reafirma en sus sueños de dedicarse a esta disciplina artística, o sencillamente fortalece su autoestima. “Muchos llegan supertímidos o muy tocados por los comentarios de sus compañeros de instituto porque les gusta el teatro. Y se ven dentro de un grupo con gente con la que se identifican, en el que se les valora y cree en ellos. Eso les da unas ganas enormes de continuar, les sube la moral”, manifiesta Pilar.

"Los premios 'Buero' dan a los participantes la oportunidad de que muestren qué piensan, qué sienten, qué les ocurre por dentro en una etapa de indefinición personal y autodescubrimiento como la adolescencia". Gerard Clúa, profesor de teatro

Es lo que le pasó a Cristina García, que quería ser actriz, pero no veía esta profesión como una opción de futuro. Su paso por los “Buero” con el grupo La Inestable 21 de Lleida y el premio que recibió como mejor actriz en 2007 le hicieron cambiar de opinión. “Te das cuenta de que no eres el único que se quiere dedicar a esto, que formas parte de un colectivo mucho más amplio, y ves todas las posibilidades reales que se te abren”, señala.

Cristina decidió aprovecharlas. Con la “inyección de autoestima” de los “Buero”, se marchó a París a estudiar arte dramático y empezó a participar y organizar montajes. Hoy tiene su propia compañía, Campi Qui Pugui (Sálvese quien pueda), con la que gira internacionalmente. 

"Aunque ya tenía claro que quería dedicarme a la interpretación, los 'Buero' fueron el impulso final que necesitaba”. Natalia Huarte, actriz

Algo parecido le ocurrió a Natalia Huarte, que también en 2007 recibió una mención especial como mejor actriz autonómica por La Posadera, del IES Navarro Villoslada de Pamplona. “Aunque ya tenía claro que quería dedicarme a la interpretación, los 'Buero' fueron el impulso final que necesitaba”, admite. 

También obtuvo una de las becas que conceden estos premios para estudiar en escuelas oficiales superiores de arte dramático. “Gracias a ese apoyo pude entrar en la RESAD de Madrid, profesionalizarme y dedicarme a esto”.

Y es que desde que encarnará a Mirandolina con 17 años, Natalia no se ha bajado de los escenarios. Hoy es parte del jurado nacional de los galardones.

Jóvenes en la misma frecuencia vital

Las artes escénicas juegan un papel fundamental en el desarrollo del pensamiento crítico.

La confianza en sí mismos de los participantes en los “Buero” aumenta durante los Campus de Invierno que se celebran en toda España, así como durante la Semana del Teatro en Madrid para los grupos finalistas a nivel nacional. “Conocen a muchos más jóvenes en su misma frecuencia vital, con otras maneras de hacer, y eso les muda y amplía la mirada”, asegura Gerard, que también da clases de teatro a personas en situación de vulnerabilidad.

El actor y director de escena Tito Asorey recuerda el “universo maravilloso” que se creaba -“difícil de reproducirse en otros contextos”- entre los jóvenes de los grupos finalistas reunidos en Madrid, procedentes de toda España

Tito Asorey es un viejo conocido en los “Buero”. Su grupo Tarumba, del IES Universidade Laboral de Ourense, ganó tres veces el concurso. Fue en 2007, 2008 y 2010. Este hoy reputado actor y director de escena todavía recuerda el “universo maravilloso” que se creaba -“difícil de reproducirse en otros contextos”- entre los jóvenes de los grupos finalistas, procedentes de “todas las realidades de España”. 

Tampoco hay que olvidar la importancia del teatro en el desarrollo del pensamiento crítico. “Tiene mérito que los chicos dediquen el viernes por la tarde a sentarse en un escenario y leer conjuntamente las obras, debatiendo sobre lo que leen, formándose un criterio propio”, comenta Pilar.

Mejorar la comunicación de los estudiantes

La importancia del teatro
El teatro aporta habilidades de inteligencia emocional, transversales a los conocimientos que se adquieren en las aulas.

Aprender a relacionarse mejor, canalizar y transmitir las emociones, ganar empatía, potenciar la creatividad… a través del teatro. Son habilidades transversales a los conocimientos que se adquieren en las aulas.

Los "Buero" ofrecen a los profesores de los institutos participantes en el concurso herramientas y recursos para que mejoren las habilidades comunicativas de sus alumnos

Por eso, en 2019 los "Buero" han estrenado el taller Herramientas teatrales para ayudar a mejorar la comunicación de sus alumnos, dirigido a docentes de cualquier asignatura de los institutos participantes en los premios. “La idea es que, experimentando las cosas por ellos mismos, con el control de la voz y el cuerpo, la concentración y la energía, los profesores puedan ayudar a los estudiantes a salir airosos de exposiciones en público, exámenes orales o entrevistas de trabajo”, detalla Gerard, encargado de impartir la formación.

Teatro para "cambiar el mundo"

Premios
Los profesores Gerard Clúa y Pilar Rodríguez no entienden su vida sin el teatro.

Sea en este taller o en el de cabaret y juego teatral, lo que transmite Gerard, al igual que Pilar, es pasión por el teatro. “Es vivir otras vidas, meterte en la piel de otros, y a la vez en la tuya propia, pero siempre jugando”, dice Gerard. “Yo me subo al escenario y me olvido del mundo”, confiesa Pilar, que en muchas ocasiones deja en segundo plano sus asuntos personales por atender los montajes.

“El teatro nos hace más tolerantes, nos acerca; es un pasaje al diálogo y la convivencia”. Pilar Rodríguez

“Lo saben mi familia y amigos. Para mí este trabajo es una responsabilidad: la de lograr que a los chavales les sirva en la vida todo lo que han aprendido. ¡Es que tenemos que cambiar el mundo a través del teatro”, exclama. Gerard ve claro el porqué. “El teatro nos hace más tolerantes, nos acerca, es un pasaje al diálogo y la convivencia, lo que cobra mayor significado en estos tiempos inciertos”. El teatro, tan antiguo como la Humanidad, una de las grandes artes escénicas y excelente herramienta de crecimiento y transformación.