Si hay una comarca con personalidad propia en Burgos es la de La Bureba. Situada al noreste de la provincia, esta llanura rodeada de montañas -punto de transición entre La Meseta y la zona Cantábrica- es rica en paisajes, arte e historia. En ella el agua cobra especial importancia. Los numerosos manantiales que la riegan no solo han convertido la naturaleza en puro espectáculo, sino que tradicionalmente han servido de aprovisionamiento clave para el ganado y los agricultores de sus abundantes campos de cereales.

Hoy, sin embargo, muchas de estas fuentes naturales están seriamente afectadas por la vegetación que campa a sus anchas tras la despoblación de las áreas rurales y el cierre de muchas explotaciones ganaderas pequeñas, cuyos rebaños limpiaban de maleza el monte.

Esa es precisamente la situación en la que se encontraban tres fuentes de La Bureba cercanas al Manantial de Santolín, que Coca-Cola en España gestiona a través de su marca Aquabona: la Fuente de La Cueva, en Quintana-Urria, la Fuente de Tresanjuan, en Rojas, y la Fuente de La Villa, en Poza de la Sal.

Como parte de su compromiso con el medio ambiente y especialmente con un recurso esencial como es el agua, Coca-Cola en España decidió actuar en el entorno de Santolín. El éxito que estaba teniendo Plantando Agua, su proyecto de gran envergadura iniciado en 2013 en el área de uno de sus manantiales más importantes, el de Fuenmayor, en Teruel, de la mano de la Universidad de Zaragoza y con el apoyo del Gobierno de Aragón, animaba a la acción.

Imagen de Quintana-Urria, cercana al manantial de Santolín, que Coca-Cola en España gestiona a través de su marca Aquabona. Foto: ECODES

Así que, aplicando el modus operandi que tan buenos resultados estaba dando en Teruel, abrió un proceso de diálogo con actores locales y ONG para establecer qué actuaciones eran prioritarias en la zona y ponerse manos a la obra. En lo alto de la lista se colocó la recuperación de la Fuente de La Cueva, la de Tresanjuan y la de La Villa, memoria, historia y tradición de Quintana-Urria, Rojas y Poza de la Sal, respectivamente.

Con los permisos pertinentes de la Confederación Hidrográfica del Ebro y la colaboración de ECODES y Crece Burgos, en 2018 echaba a andar el Proyecto Santolín para poner en valor estas tres fuentes emblemáticas. “Queríamos dar respuesta a una demanda del territorio que, además, quedara entroncada con su ADN”, asegura María Jesús Sanz, responsable de Relaciones Institucionales de ECODES.

Recuperar agua, poner en valor una seña de identidad e impulsar el agroturismo

La Fuente de La Cueva, en Quintana-Urria, tras el desbroce de vegetación. Foto: Crece Burgos

Los trabajos, que se han prolongado hasta principios de 2019, comenzaron en Quintana-Urria. “En la Fuente de La Cueva, donde el agua mana de la piedra, lo que hemos hecho ha sido desbrozar manualmente la vegetación para mejorar el caudal, respetando en todo momento el paisaje. Además, hemos señalizado la fuente -como en los otros dos casos- y recuperado un sendero que antes hacía la gente del pueblo, y en el que hemos dispuesto escaleras para facilitar la ruta a los más mayores”, cuenta Neftalí Pérez, ingeniero de Montes de Crece Burgos y responsable técnico del proyecto.

“Estas mejoras se pueden aprovechar para impulsar el turismo activo y de naturaleza en la zona”, apunta Neftalí, que destaca que la Fuente de La Cueva se encuentra al pie de la Cueva del Moro, con restos de la Edad de Hierro y a un kilómetro del núcleo urbano. Según los lugareños, en ella solía adentrarse de niño, para explorarla, el gran naturalista Félix Rodríguez de la Fuente, nacido en la cercana Poza de la Sal.

El Proyecto Santolín de Coca-Cola en España: actuación en la Fuente de Tresanjuan, en Rojas
La Fuente de Tresanjuan, en Rojas, estaba completamente cubierta por la vegetación. Foto: ECODES

A diferencia de la Fuente de La Cueva, en la de Tresanjuan, en Rojas, no salía nada de agua. “Estaba completamente cubierta por tierra y maleza. Al decapar la tierra y desbrozar también manualmente la vegetación natural, comenzó a brotar muchísima agua desde dos puntos. Todo lo que estaba yendo a parar al subsuelo, empezó a salir a la superficie”, narra con satisfacción este ingeniero de Montes. “A lado de la fuente hemos colocado un banco de madera. La gente del pueblo no venía porque la zona estaba descuidada, pero ahora ya no tiene excusa”.

La intervención en la Fuente de La Villa, en Poza de la Sal, donde había un salto de agua muy fino y el caudal, desviado, tenía todo encharcado, ha sido más compleja. “Aquí hemos tenido que usar máquinas para hacer las captaciones de agua y poner cilindros de hormigón para reconducirla hasta una arqueta, desde donde la hemos dado salida”, explica Neftalí. Esta actuación es especialmente importante porque supone adecentar un área que está dentro de conocidas rutas ciclistas y senderistas que pasan por el diapiro de Poza de la Sal, un afloramiento salino que es uno de los fenómenos geológicos más singulares y atractivos de la provincia de Burgos.   

Renaturalizando un tramo del río Zorita

Así ha quedado la ribera del río Zorita a su paso por Quintana-Urria. Foto: Crece Burgos 

Pero los esfuerzos no han terminado aquí. Se ha recuperado también la cuenca hidrográfica del río Zorita dentro del término municipal de Quintana-Urria, especialmente en el tramo que comprende desde la confluencia con el arroyo del Cañizal hasta el límite con Rojas.

“Hemos limpiado la ribera del río. Así, al entrar más luz, el agua se oxigena y mejora su calidad”, señala Neftalí. “En las zonas desprovistas de vegetación -prosigue- hemos plantado más de 1.500 especies autóctonas, sauce y chopo sobre todo, para renaturalizar el río, incrementando la biodiversidad, no solo de flora, sino también de fauna, al servir esa vegetación de refugio a los animales”.

Tanto en el caso de las fuentes como de la cuenca hidrográfica del río Zorita, las tareas de restauración han corrido a cargo de trabajadores de La Bureba. “Más allá de su impacto ambiental o de su popularidad entre los vecinos, los proyectos deben repercutir económicamente en los territorios en los que se llevan a cabo”, afirma la responsable de ECODES.

Resultados positivos

En resumen, se ha recuperado agua y se ha mejorado la calidad de esta, según concluye la memoria técnica del proyecto. Mientras que en la Fuente de La Cueva de Quintana-Urria no ha habido una diferencia significativa de caudal porque el manantial brota en una zona de roca, sí ha habido un aumento considerable en la Fuente de Tresanjuan, en Rojas, que había quedado tapada por la tierra y la maleza. Así, en los dos puntos en los que comenzó a brotar el agua tras excavarse el terreno se ha pasado de 0,00 litros/hora a 372,00 l/h, en un caso, y de 0,00 l/h a 54,00 l/h, en el otro. En Poza de la Sal, los resultados son también positivos. El caudal previo a la actuación era de solo unas gotas de agua, 7,2 l/h aproximadamente. Tras los trabajos, el volumen ha pasado a ser de 204,80 l/h.

En total, teniendo en cuenta todas las intervenciones, se estima que el incremento del régimen hídrico sea de más de 5 millones de litros de agua al año

Siempre mejor juntos

Gota a gota se hace un océano y el proyecto de Santolín forma parte de las diversas y variadas iniciativas medioambientales de Coca-Cola en España para cumplir con su compromiso de devolver a la naturaleza el 100% del agua contenida en sus bebidas para 2020. Eso sí, caminando acompañada por ONG, universidades, institutos tecnológicos, organismos públicos y otros agentes expertos en la conservación del agua. “Cualquier iniciativa sale enriquecida con la colaboración, pues cada parte aporta ángulos distintos. Es más, las sensibiliza a la hora de interpretar un asunto de un modo que nunca se les hubiera ocurrido, surgiendo nuevas lecturas y soluciones”, considera María Jesús, de ECODES.

En el caso de Santolín, además de agua, se ha recuperado parte de la historia de Quintana-Urria, Rojas y Poza de la Sal a través de tres fuentes que fueron fundamentales para el abastecimiento de la población y el ganado. “En un plano más lúdico, los alcaldes aún recuerdan cómo de niños se refrescaban en ellas y jugaban a tirar piedras”, cuenta Neftalí, para quien “en un momento en el que los pueblos se apagan, cuidar su entorno es mandar el mensaje de que nos importan”.