Se tensó la cuerda del arco y la llama voló sobre el cielo de Barcelona. Ante la mirada de las 50.000 personas que abarrotaban el Estadio Olímpico de Montjuïc, y los millones que se sentaban ante la televisión, aquella noche del 25 de julio de 1992 se encendió el pebetero de los Juegos Olímpicos en la ciudad condal. Quedaban inaugurados los únicos Juegos Olímpicos que se han celebrado en España. Y se ponía fin al recorrido de la antorcha olímpica a lo largo y ancho del país.

Aunque The Coca-Cola Company estuvo presente en los Juegos Olímpicos desde 1928, la de Barcelona 92 fue la primera vez en que participó en el encendido y en la organización del viaje de la antorcha. Desde entonces, ha seguido haciéndolo en las sucesivas citas olímpicas. Aquel verano del 92, miles de personas, incluyendo algunos empleados de Coca-Cola en España, sintieron la inolvidable experiencia de portar la llama olímpica. Pero la historia de Coca-Cola con los Juegos de Barcelona empezó años antes.

Preparando a los atletas desde 1988

“El Plan ADO nace como iniciativa básica de apoyo al deporte de élite de cara a la cita olímpica de Barcelona en 1992, y fue promovida por el Comité Olímpico Español, el Consejo Superior de Deportes y Radio Televisión Española. Este apoyo se concretó a través de la entrada, por primera vez en la historia del deporte español, de patrocinadores privados que hicieron posible la financiación de unos planes específicos de preparación olímpica para que los deportistas lograran sacar lo mejor de sí mismos”, recoge el Comité Olímpico Español (COE).

Coca-Cola, que a día de hoy sigue formando parte del plan, fue uno de los patrocinadores desde su creación en 1988. También pertenece al club de patrocinadores del programa TOP del Comité Olímpico Internacional. Ya fuese por el empujón que ADO supuso para los atletas o por la motivación extra de jugar en casa, el equipo olímpico español logró su récord particular de medallas con 13 oros, siete platas y dos bronces.

Para España, además, Barcelona 92 fue el año en que el país se abrió por completo al mundo. Fueron, también, unos Juegos Olímpicos que trajeron consigo una gran inversión económica. Y fue, sobre todo, un evento que unió a un país bajo la bandera del deporte.

Desde Olimpia a Barcelona

La antorcha olímpica
Ruinas del templo de Hera, en Olimpia (Grecia), donde se enciende la antorcha olímpica cada cuatro años. / iStock 

“El Moll de la Fusta estaba lleno de gente y de flores (una alfombra de 20 x 7 metros elaborada por expertos de Sitges). El fuego olímpico llegaba por mar, a bordo del Rosalind, y lo saludaban en el cielo otros fuegos, lanzados desde Montjuïc y desde la playa de Sant Sebastià, mientras ardía una espectacular falla acuática que representaba el globo terráqueo y un pastel conmemorativo de la XXV Olimpíada”. Así relata la memoria oficial de los Juegos Olímpicos la llegada de la antorcha olímpica a Barcelona.

Atrás quedaban 5.940 kilómetros recorridos, a lo largo de 43 días, a través de España, visitando 652 pueblos y ciudades. Mes y medio en el que la llama olímpica, que había llegado a la antigua colonia griega de Empúries, en la Costa Brava, el 13 de junio de 1992 procedente de Olimpia, en Grecia, despertó el espíritu olímpico de los españoles. En el aquel recorrido, la antorcha pasó por las manos de 9.172 relevistas, incluyendo algunos empleados y trabajadores de Coca-Cola en España, como recoge Javier Olave en su libro La chispa de toda la vida.

Desde el Moll de la Fusta, subiendo por La Rambla, atravesando la Ciutat Vella y cuesta arriba hacia Nou Barris y Gracia, la antorcha, ya en Barcelona, recorrió 45 kilómetros por las calles de la ciudad catalana. Como recoge La Vanguardia en varias ediciones de julio de 1992, cientos de miles de barceloneses y visitantes la acompañaron en su recorrido.

Y llegó el momento de encender el pebetero. Simbolizando el robo del fuego por parte de Prometeo a los dioses del Olimpo y su entrega a la humanidad, la llama ardería en Montjuïc hasta el 9 de agosto. Por delante quedaban 15 días de espíritu olímpico en su máxima expresión, en los que 9.356 atletas​ de 169 países (por primera vez, todos los comités olímpicos mundiales estaban representados) compitieron en 28 deportes distintos. Y millones de españoles se sintieron parte del sueño olímpico.