A partir de 1953, una flota de llamativos camiones comenzó a recorrer las calles de España. Repartían Coca-Cola, y en muy poco tiempo se convirtieron en una parte fundamental de su imagen. Para cimentar los valores de la marca que conocemos hoy, sus conductores seguían una serie de pequeñas normas:

Vestirse correctamente

Los primeros repartidores de Coca-Cola en España vestían un uniforme verde inglés, siempre bien planchado y con la raya del pantalón marcada. El traje era hecho a medida, y se acompañaba de una camisa beige, corbata verde oscura, zapatos negros y una placa con el logo de Coca-Cola. Con este impecable aspecto y su amabilidad, se iban ganando a todos los que descubrían por primera vez la marca.

Conducir de forma ejemplar

Ceder siempre el paso, aparcar de forma correcta y, por supuesto, respetar los límites de velocidad eran las normas principales. Los camiones, al igual que sus conductores, salían de las fábricas con un aspecto impoluto cada mañana.

Cuidar las formas

Los repartidores debían ser siempre educados y tratar a sus clientes con amabilidad. Cuando entraban en los establecimientos lo hacían en primer lugar, seguidos de sus ayudantes. Y, por supuesto, siempre sin fumar.

Ayudar a quien lo necesitase

La España de 1953 era muy distinta a la de hoy
Un antiguo camión de distribución de Coca-Cola, en las calles de Bilbao. Foto: Archivo Coca-Cola

En los años 50, encontrarte con un camión de Coca-Cola si habías tenido un pinchazo en la carretera era toda una suerte: los conductores debían pararse a ayudar a cualquier persona que lo necesitase. ¡Y no solo eso, sino que además debían ofrecerle una Coca-Cola bien fría! Los camiones llevaban una nevera con bebidas reservadas para este tipo de situaciones.

Terminar la jornada como se empezó

Mostrar una buena imagen por la mañana era sencillo. Aseados, correctamente afeitados y con el traje planchado, en ocasiones hasta pasaban el control de sus jefes antes de salir a repartir. Pero tras una larga jornada de trabajo - a veces llegaban a cargar hasta 800 cajas diarias - y muchos kilómetros de carretera la cosa cambiaba. Por ello, no era raro encontrar a repartidores de Coca-Cola recurriendo a limpiabotas para volver a mostrar sus zapatos limpios a cualquier hora del día.

Sin saberlo, Coca-Cola en España se estaba adelantando a lo que hoy conocemos como acciones de street marketing. Con una imagen impecable, los camiones recorrían España contagiando el optimismo propio de Coca-Cola.