“El arte contemporáneo te obliga a detenerte en los detalles, a cuestionarte y cuestionar, te ofrece nuevas experiencias y te hace soñar. ¿No es algo fantástico?”. Así se refiere a esta disciplina Lorena Martínez de Corral, directora de la Colección de Arte Contemporáneo de la Fundación Coca-Cola, cuyo objetivo es, precisamente, promover este tipo de manifestaciones artísticas que nos hacen ir siempre más allá.

Iniciada en los años 90, hoy componen la colección 384 obras de más de 250 artistas de España y Portugal que utilizan la pintura, la fotografía o la escultura, entre otros lenguajes, como medio de expresión. “Es una semblanza de lo ocurrido en las últimas décadas en el panorama artístico de la Península Ibérica”, afirma De Corral. Con una particularidad. “La mayoría de las obras han sido adquiridas cuando sus autores eran talentos emergentes, aún sin consolidar, con el fin de impulsar la creación de jóvenes artistas”, destaca.

“Retrato colectivo” de las expresiones artísticas de nuestros días

Anticipándonos al futuro: exposición de las obras de la Colección Fundación Coca-Cola en Málaga
Rogelio López Cuenca. "Elle Rrose Sèlavy", 1992. Óleo sobre fotografía. 130x95cm.

El poeta y artista visual Rogelio López Cuenca (Nerja, 1959) fue uno de ellos. Coca-Cola compró dos de sus obras en 1992, cuando tenía 33 años y se encontraba en un momento ascendente de su carrera. Se trató de los óleos sobre fotografías Elle Rrose Sèlavy y Uomo (Beuys). “Lo cierto es que entonces me pareció hasta lógico la adquisición de las obras al estar ya circulando en exposiciones prestigiosas y si de lo que se trataba era de conformar una colección que documentara una época”, reconoce.

A su juicio, dada la “debilidad” del coleccionismo de arte contemporáneo en España, todo lo que se haga por él es poco. En este sentido, valora especialmente que se construyan colecciones como la de Coca-Cola, que elaboran “un retrato colectivo” de las expresiones artísticas de una época “en un mercado donde el protagonismo es solo de unas pocas figuras por intereses espurios”.

Yendo leyendo, dando lugar es el título de la retrospectiva que, desde abril pasado y hasta finales de agosto, dedica a López Cuenca el Museo Reina Sofía de Madrid. En ella están expuestas las dos obras de la Fundación Coca-Cola.

"Fue un impulso importante en mi carrera"

Aunque llevaba ya algún tiempo vinculado a diversas galerías internacionales, Félix Curto (Salamanca, 1967) era un artista poco conocido en España cuando Coca-Cola apostó por él. Corría el año 2001 y la Fundación adquirió una de sus obras arte-objeto:Country y las fotografías Gram Parsons y La última vez que me suicidé.

“Fue un impulso importante en mi carrera porque se trata de una colección formada con seriedad. Ha hecho el esfuerzo de crear una colección muy potente, en el sentido que se trata de obras con fuerza plástica y conceptual, no perdiendo ningún vigor con el paso del tiempo sino todo lo contrario, creyendo en gente con una línea coherente de trabajo”, apunta Curto, que se declara “fuera de modas" para mantenerse fiel a sí mismo.

Obras que ‘conversan’ con otras

Anticipándonos al futuro: exposición de las obras de la Colección Fundación Coca-Cola en Málaga
Fernando Sánchez Castillo. 'La Cibeles', 2006. Ladrillos, madera, arena y objetos. Ø 40 x 130 cm.

Las obras de Curto, como el resto de las pertenecientes a la Fundación Coca-Cola, forman parte de la colección permanente del Centro de Arte Contemporáneo DA2 de Salamanca. Pero es habitual que sean prestadas para organizar retrospectivas como la de López Cuenca en el Reina Sofía o que viajen para la celebración de exposiciones dentro y fuera de España. “Tratamos de que la colección llegue al mayor número de personas”, subraya De Corral.

Muestra de esta labor de difusión es Descubriendo un diálogo en el tiempo, la exposición con la que la colección de Coca-Cola llegó en 2018 por primera vez a Madrid. Fue al Museo Lázaro Galdiano, que alberga obras de Goya, Velázquez, Murillo o El Bosco.

“Traer a artistas contemporáneos supuso establecer una interesantísima conversación entre piezas de distintos periodos, materiales, formatos y temáticas, así como actualizar y reinterpretar nuestros propios fondos”, asegura la directora del museo, Elena Hernando. “Así, por ejemplo, colocamos en la Sala Pórtico la pieza de Fernando Sánchez Castillo, La Cibeles (2006), que representa cómo permaneció la fuente durante la Guerra Civil. Esto nos sirvió para contar que, al igual que se resguardó este monumento, se protegió la colección del mecenas José Lázaro Galdiano de la que podemos disfrutar hoy”.

Desde mayo y hasta finales de septiembre, el DA2 de Salamanca acoge otra conversación entre obras. Se trata de la exposición Huellas, rastros e itinerarios en la colección DA2 y Fundación Coca-Cola, comisariada por José Gómez-Isla. “El hilo conductor es la huella en su sentido más amplio, ya sea tratada de forma literal, metafórica o simbólica, pero siempre con una intención expresiva manifiesta”, comenta. “Los creadores de ambas colecciones abordan esta temática desde planteamientos conceptuales y técnicos muy distintos, ya sea desde la pintura, la instalación o la performance. Y es precisamente esa diversidad la que se ha pretendido recoger y poner en valor”.

Acortar distancias entre el arte y el público

El arte contemporáneo de la colección de la Fundación Coca-Cola llega al Museo Lázaro Galdiano de Madrid
'Expansión IX. Serie Plantas', 2007. Madera contrachapado, óleo y arcilla acrílica. 122 x 102 cm. Obra de Jorge Perianes que puede verse en la exposición 'Huellas, rastros e itinerarios en la colección DA2 y Fundación Coca-Cola'.

Un arte actual muy rico en "poéticas y discursos individuales, lejos de los grandes movimientos de vanguardia del pasado”, según Gómez-Isla, pero que necesita una mayor visibilidad y acortar distancias con el público. Para López Cuenca, hay que romper con clichés que no ayudan en nada. “Los medios tienden a fijarse en los aspectos más escandalosos, como el récord batido por una obra en una subasta. Hay que despojar al arte de ese aire sacralizado de alta cultura solo al alcance de unos pocos”, dice.   

“Además -prosigue-, en la educación reglada el arte contemporáneo casi no se contempla y en la mayoría de las instituciones museísticas la formación se limita a visitas o talleres de plástica. Hay mucho territorio aún por explotar”, considera.

Curto admira la actual respuesta al Arte Contemporáneo que surge entre creador y espectador en países como Estados Unidos, donde el arte y el artista tienen un valor intrínseco que nadie pone en tela de juicio, quizás debido a un bagaje de revolución artístico-cultural que nació a mitad del siglo XX, y que se manifestó a través de diferentes disciplinas como la música, el cine, la arquitectura o la propia  pintura, arraigándose y valorándose hasta hoy en día. “Aquí todavía vemos una pintura de expresionismo abstracto y nos asustamos”, afirma este artista, que aboga por “una ley de mecenazgo hecha con sentido de arte que proteja e incentive las manifestaciones culturales”.

Según López Cuenca, “si lo que subrayamos es que artistas y público, parte de la misma sociedad, usamos lenguajes comunes -aunque nosotros los recombinemos de manera creativa-, contribuiremos a desmantelar ese andamio de distancia. Y no hay que tener miedo de que esa desacralización del arte vaya a desvirtuarlo”.

En esta necesaria labor didáctica, colecciones como la de la Fundación Coca-Cola juegan un papel importante al apostar por artistas que forjan nuevos códigos expresivos al interpretar su tiempo y por tratar, con sus exposiciones, de hacer entender al público esas miradas y discursos. Aunque a veces no lo parezca, el verdadero valor del arte nada tiene que ver con el del mercado.