Existe la percepción de que hay una relación de causa-efecto entre el gas de las bebidas carbonatadas y la obesidad. A pesar de esta creencia, no hay evidencia científica que asocie la carbonatación de las bebidas refrescantes con un incremento de riesgo de obesidad.

El gas en sí no tiene energía, y no puede ser por tanto responsable de un exceso de calorías. En realidad, el gas se añade a las bebidas refrescantes únicamente para mejorar su sabor, si bien varios estudios demuestran que la carbonatación mejora el vaciado gástrico y los síntomas dispépticos.

Aunque el gas se relaciona con un leve aumento de los síntomas de la pirosis, tampoco existen evidencias médicas que constaten que las bebidas carbonatadas empeoran el ph esofágico durante una evaluación de 24 horas. Por el contrario, disponemos de pruebas que muestran cómo las bebidas carbonatadas contribuyen a disminuir problemas esofágicos y el cáncer gástrico.

Por ello, la obesidad no es el resultado del gas que contienen los refrescos. La clave para estar sano es cuidar la alimentación y más concretamente, el consumo de azúcares, el ejercicio que realizamos y nuestro descanso. Si se sigue este sencillo consejo, el consumo de los refrescos no estaría tan cuestionado.

Ronnie Fass*

(*) Profesor de Medicina de la Universidad de Arizona en Tucson, EE.UU., y director del Gastrointestinal Motility Laboratory no Southern Arizona VA Health Care System., es autor de más de un centenar de estudios publicados en las revistas científicas norteamericanas más relevantes. Las reflexiones del Prof. Fass pertenecen a su intervención en el curso de Gastroenterología promovido por el Hospital Santa María de Lisboa el pasado verano.

Para más información sobre la ciencia, la seguridad y los beneficios de las bebidas y de sus ingredientes, así como la importancia de la dieta, la nutrición y la actividad física para la salud y el bienestar, puede contactar con el Beverage Institute for Health and Wellnes de The Coca-Cola Company: www.beverageinstitute.org
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