Verónica Forqué e Inma Cuevas tienen edades y trayectorias muy distintas. Sin embargo, hay un lugar en el que ambas se sienten actrices de verdad: sobre las tablas, haciendo teatro.

El pasado 2 de julio se subieron al escenario del Campus Coca-Cola de Teatro Joven, el lugar en el que se alojan en Madrid los ganadores de los Premios "Buero" de Teatro Joven Coca-Cola, para hablar de ellas y compartir su experiencia profesional. Sin filtros, en directo, como en escena.

A modo de píldoras, os ofrecemos una selección de estas lecciones de teatro, que son también de vida.

El despertar de la vocación

Verónica Forqué. Mi padre, José María Forqué, era director de cine, y creo que eso me influyó a la hora de querer ser actriz. Cuando mi madre nos decía, a mi hermano y a mí, que al día siguiente íbamos a ir a uno de los rodajes de mi padre, no dormía la noche de antes. Cuando llegábamos allí y veía, por ejemplo, a Concha Velasco, en maquillaje, con sus pelucas, quería ser ella. También soñaba con ser la Julie Andrews de Mary Poppins. ¡Quería ser ellas, quería ser todas! No sabría decir en qué momento decidí ser actriz, pero recuerdo que, sobre los 8 o 10 años, no es que yo dijera que quería ser actriz, es que ¡yo ya era actriz!

Inma Cuevas. Con 8 años interpreté a mi primer personaje en el cole, un payaso que salía de una caja. Recuerdo ese momento con total claridad. Sentí el disfrute de estar sobre el escenario y comunicarme con mis compañeros de clase.

Se lo contaré a mis nietos

V.F. Siendo actor se puede ser bastante feliz, y hay momentos de absoluto éxtasis. Durante la representación de El zoo de cristal, de Tennesse Williams, me ocurrió por primera vez que mi personaje de Laura se fue por su cuenta, es como si hubiera sido poseída. Me pegué un susto tremendo. En aquel momento, lo viví como algo malo, pero es totalmente bueno. Si os pasa algo parecido, dejaos llevar, porque, al abrirse el telón, empieza un viaje de libertad. A veces, en tu vida hay obstáculos que en tu personaje no están, y eso te hace sentir libre. ¡Yo ya estoy harta de Verónica y me encanta ser otra!

I. C. Estando de gira en Logroño me llamaron para decirme que buscaban a una actriz para la serie Mujeres (TVE) y que podía encajar muy bien en el papel. Sentí que era para mí y conseguí que me admitieran en el casting en Madrid. Lo que pasa es que querían a una chica de 15 años (luego ampliaron la edad hasta los 18-20) y yo tenía 28, pero me miraba al espejo y me decía: “Inma, eres una jovenzuela”. Una vez allí, tras aprenderme a toda pastilla el texto en el autobús a Madrid, me topé con la directora decasting al salir del baño y esta me miró y exclamó: “Hummm”. Supe que el papel era ya en un 80% mío. Finalmente me eligieron y, claro, me pidieron el DNI. No me quedó más remedio que entregarlo. Al poco, llegó la directora de casting: “Inma, me has mentido. ¡Tienes 28 años!”. “Bueno, he hecho un mal menor para un bien mayor”, contesté.

 

©Foto de familia de la actriz Inma Cuevas con los ganadores de los Premios "Buero" de Teatro Joven Coca-Cola.

Algunas sombras

V.F. La mente siempre está ahí para meterte miedo. Esa voz que te espeta: “vas fatal, qué mal lo estás haciendo”. Hay que callar a la mente, que tiene que ver con el ego. Mucha gente busca la fama, pero la fama no es nada. Esta es una profesión muy efímera. Puedes tener una racha con mucho trabajo y estar un año sin recibir una sola llamada. Cuando era más joven era más vanidosa , pero ahora ya no. Un día le pregunté a la actriz Julieta Serrano qué hacía ante una mala crítica. “Hace mucho que tengo al ego metido en lejía”, respondió.

I.C. Durante muchos años el que hoy es mi marido y yo hemos estado separados; yo en Madrid y él en Logroño, así que he renunciado a compartir mi vida con él bastante tiempo. Recuerdo cuando, tras las funciones, le llamaba y comentaba: “todo ha ido muy bien; el público, magnífico”. Colgaba ¡y me sentía tan sola! Lo suplía yéndome a comprar un helado de chocolate.

Humildad, siempre

V.F. Cuando uno es joven es más soberbio, crees que sabes más que los demás. La humildad es siempre el mejor camino. Hay que ser generoso con los compañeros, escucharlos de verdad, no hacer como que lo haces. Todo tiene que ser orgánico, un impulso, y debes convertirte en un crisol para empaparte de todo.

I.C. Hay que estar, escuchar, observar, algo aparentemente fácil, pero difícil de llevar a la práctica. Hay que ser una oreja andante, absorberlo todo. A veces una piensa: “No hablo en este papel, es como si no estuviera trabajando”. Falso, estás ahí apoyando a tu compañero. Reivindico trabajar en equipo. Solo no, pero con amigos sí.

Lo más importante

V.F. Durante un ensayo, el director teatral Miguel Narros afirmó: “El teatro es obsceno”. Le comenté que no lo entendia. “Porque se ve todo, se ve lo que somos”, replicó. Por eso, igual que el violinista pone a punto su violín, el actor también debe afinar bien su instrumento, que es el cuerpo, para que suene bien, para que esté limpio, para que no haya ninguna cuerda rota. Dormid, descansad, preparad la voz, haced ejercicio. El escenario es un lugar sagrado, no hay que subir a hacer el tonto. Nuestro compromiso con el público es muy grande. Y cuando estéis arriba, disfrutad. El que está torturado diciendo su personaje no podrá ser nunca un buen actor.

I.C. Nos llenamos de miedos, bloqueos, preocupaciones. Yo he sido muy educada con la vida: diciendo no cuando quería decir sí, al rechazar un trozo de bocadillo que me ofrecían en el recreo; al estudiar Turismo tras no pasar las pruebas de la RESAD porque la profesión de actor “es pan para hoy y hambre para mañana”... Es fundamental tomar decisiones y decir sí. Y que nadie te diga lo que no puedes hacer. El universo, cuando uno sueña y trabaja duro, se pone a tu favor.