El agua es fundamental para la vida, toda la vida. Lo es para las personas, la agricultura, la producción de energía, los negocios, las plantas, los animales, los ecosistemas... Allí donde no hay suficiente agua limpia y fresca cuando se necesita, existe lo que se conoce como estrés hídrico, es decir, un deterioro de la cantidad y calidad de agua dulce. Factores como el crecimiento de la población mundial, el desarrollo económico y el cambio climático están acrecentando este fenómeno en muchos lugares.

Dada la presencia global de Coca-Cola, así como su característico modelo de negocio, en el que las bebidas son embotelladas y vendidas localmente, la compañía posee una amplia perspectiva sobre el problema del agua. Además, Coca-Cola tiene una relación única con el agua. Es el elemento vital del negocio, necesaria para el crecimiento de los productos agrícolas con los que se elaboran las bebidas y para el proceso de fabricación de las mismas, además de estar presente en cada una de ellas.

Cuando las fuentes de agua escasean, bien porque la demanda es mayor que la cantidad disponible, bien porque su uso se ve restringido por su baja calidad, hay que sentarse a la mesa a discutir el problema y ayudar a buscar soluciones.

Precisamente, la estrategia global de agua de Coca-Cola está diseñada para reducir la huella hídrica a través de diferentes medidas, como una mayor eficiencia en el uso del agua en sus plantas y en la cadena de suministro de los ingredientes agrícolas para sus productos; la reutilización del agua; el tratamiento de aguas residuales; la protección de las cuencas; el incremento de la sensibilización social o la participación en las políticas sobre agua.

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Protegiendo los recursos hídricos

Con el objetivo de asegurar la disponibilidad de agua en los entornos en los que operan, las más de 800 plantas embotelladoras de Coca-Cola situadas en más de 200 países cuentan con mecanismos para evaluar la vulnerabilidad de las fuentes de agua. Lo hacen a través de las denominadas Evaluaciones de Vulnerabilidad de Fuente (SVAs, por sus siglas en inglés), puestas en marcha en 2006.

Una vez las SVAs están completadas, cada fábrica desarrolla un Plan de Protección de Fuentes de Agua (SWPP) para subsanar las debilidades detectadas en las SVAs. Una tarea a la que se suelen sumar todos aquellos que dependen de una misma fuente de agua en un área determinada, como gobiernos locales, sociedad civil y otros agentes del sector privado, lo que incrementa la transparencia y mejora los resultados.

Más allá de las SVAs y los SWPPs, el llamado Programa de Sostenibilidad de los Recursos Hídricos exige a cada fábrica la formación de su personal en la gestión de los recursos hídricos, entre los que están el responsable de la planta o sus ingenieros. Asimismo, requiere el mantenimiento y actualización del plan cada cinco años o antes, según las circunstancias.

Hasta la fecha, el programa ha identificado más de 3.700 “acciones para la reducción de riesgos", que después pasan a formar parte de los SWPPs. Estos últimos, como las evaluaciones de vulnerabilidad de los recursos hídricos, siguen siendo una prioridad para Coca-Cola.

El objetivo no solo es asegurarse el agua necesaria para la producción de las bebidas y el crecimiento del negocio, sino que se gestionen las fábricas de forma respetuosa con el medio ambiente y las personas. Todo el agua que cada planta usa procede de fuentes de agua locales que Coca-Cola comparte con las comunidades vecinas a las que vende sus productos, por lo que ese interés especial en preservar un bien tan escaso como es el agua va más allá de lo puramente comercial.

Fotos: Pixabay.com