El Pirineo luce estos días radiante. El invierno tapiza sus praderas con el esplendor blanco de la nieve, los esquiadores llenan las montañas de vida y las bonitas poblaciones de los valles cuentan con más actividad que nunca. Sin embargo, el invierno pasará, y el Pirineo continuará ahí. Tras el deshielo, la cordillera más imponente de la península ibérica destapa algunos de sus mejores secretos. Una de las mejores formas de descubrirlos es caminando, a través de desfiladeros, caminos centenarios y parajes inolvidables. Aquí os traemos siete rutas senderistas para conocer la cara más espectacular del Pirineo.

Bujaruelo a través de Torla

Situada en el corazón del valle de Broto, uno de los más extensos del Pirineo aragonés, Torla es por pleno derecho la puerta de entrada al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. La mayoría de los caminantes se suelen dirigir a este punto para iniciar su ruta. Muchos otros, sin embargo, optan por una senda menos conocida pero igual de estimulante: la que se dirige primero a Bujaruelo, más tarde a Ordiso y finalmente al pico Viñamala. El viaje consta de distintas fases, cada una más difícil que la anterior.

Desde Torla, una vez cruzado el puente de los Navarros, se toma el camino forestal que lleva a un pequeño refugio escondido en el interior de las montañas, en el corazón del valle de Bujaruelo. Allí se puede descansar y acampar, bañarse en las frías aguas del río Ara y contemplar el fantástico puente románico de San Nicolás. Remontando el valle, completamente despoblado y reino de la ganadería extensiva, se puede llegar a Otal o a Ordiso. Este último lugar se alcanza tras remontar un camino que atraviesa frondosos bosques para llegar casi al nacimiento del Ara. Una vez allí, los senderistas más expertos pueden aventurarse hasta la frontera francesa, donde el pico Viñamala, de más de 3.000 metros de altitud, ejerce de barrera natural.

Pico Ori, en el Pirineo navarro

Al oeste, el Pirineo se apaga. Poco a poco las montañas pierden altitud, pero no por ello belleza. Es en los valles de Hecho y Ansó donde la gran cordillera fronteriza comienza a mostrarse en formas más suaves. Y es en Navarra donde, de forma ya definitiva, se instala por debajo de los 2.000 metros de altura de forma regular. Dejado atrás el paisaje puramente alpino, el verde lo domina todo y las montañas se llenan de árboles. La práctica del senderismo aquí es más sencilla y más placentera, sin que esto implique menos emoción. De hecho, el ascenso al pico Ori, uno de los más altos de la comunidad foral, combina todas estas facetas.

El pico Ori es especial por muchos motivos. El principal: es el primero que supera la barrera de los 2.000 metros desde que la cordillera comienza en los Pirineos. Se encuentra, por tanto, entre dos tierras: la más ondulada del oeste de Navarra y la totalidad del País Vasco y la más agresiva que domina el paisaje en Aragón y el oeste de Cataluña. Su dificultad, pese a estar por encima de los 2.000 metros, es media: superado el puerto de Larrau, enlace entre el valle español de Salazar y el francés de Soule, el camino es franco y despejado hacia la cima de Ori. Un camino que bordea el filo de la montaña ofrece vistas sin igual de este rincón de Navarra y la experiencia plena de superar con éxito todo un pico pirenaico.

El valle de Tena es posiblemente el más salvaje de cuantos cuenta el Pirineo aragonés. Estrecho y abrupto, desde la carretera que dirige a la estación de esquí de Formigal se puede llegar a Sallent de Gállego, una bella localidad a orillas del pantano de Lanuza. Remontando una estrecha carretera que parte del pueblo nos topamos con otro embalse, el de La Sarra, donde hay una central hidroeléctrica. Este es el punto de partida para una senda sencilla y apta para toda la familia: la del ibón de Respomuso.

Dejado atrás el valle de Tena, el camino que dirige desde La Sarra hasta el místico ibón es tendido y sólo al final de dificultad media. Ideal tanto para mayores como para pequeños, la caminata no es muy larga y una vez finalizada se puede llegar a un refugio bien acondicionado. El ibón de Respomuso es uno de los pequeños lagos que pueblan las alturas del Pirineo aragonés. Fue recrecido durante el siglo XX y hoy en día una impactante presa, por su recóndita y difícil ubicación, lo mantiene en constante esplendor. El paraje de la ruta cambia de forma progresiva conforme ganamos altura: muy frondoso en su inicio, trufado de miles de colores gracias a las flores primaverales y veraniegas, y escarpado y despojado de vida al final. No en vano la ruta finaliza en el circo de Piedrafita, donde algunos picos de más de 3.000 metros, como el Balaitus, nos contemplan.

Estany de la Llebreta, el corazón del Pirineo leridano

El Pirineo catalán puede presumir de contar tanto con paisajes alpinos equiparables al aragonés como de las montañas más suaves y arboladas del pirineo navarro. Uno de los principales símbolos de su riqueza es el Parque Nacional de Aigüestortes y Estany de Sant Maurici, enclavado en el corazón del Pirineo leridano. Con el agua como elemento común del parque, una de las rutas más interesantes y bonitas, además de aptas para casi todos los senderistas con un mínimo de experiencia y forma física, es la del estany de la Llebreta.

El principal reto de esta travesía es su longitud, ya que el trayecto de ida y vuelta suma 14 kilómetros. No obstante, merece la pena ya que tanto el desnivel acumulado como la superficie sobre la que transcurre la ruta son sencillos. Partiendo de la palanca de la Molina y remontando el valle de Sant Nicolau, a nuestro alrededor podemos contemplar la incomparable vista del parque nacional, allí donde el río Sant Nicolau forma características praderas, cascadas y meandros. Su combinación con los picos leridanos y los frondosos bosques de coníferas de todo valle de Boí convierten a este sendero en uno de los más bucólicos de la región. Además, la presencia en el valle del Boí de numerosas iglesias románicas declaradas Patrimonio de la Humanidad ofrece una variante cultural al senderismo.

Ibones Azules a través de Panticosa

Los ibones, pequeños lagos escamoteados a lo largo de todo el Pirineo aragonés, son el destino de gran parte de las rutas senderistas de la cordillera. Su acceso, de dificultad media pero apto para todas las personas en buena forma y habituadas a caminar por la montaña, ofrecer una gran recompensa: la vista de estanques de agua cristalina, gélida y de un azul intenso, siempre rodeados de montañas imponentes. Es el caso de los Ibones Azules, junto a los picos de los Infiernos, dos pequeños lagos a los que llegar desde Baños de Panticosa tras superar una ruta exigente pero accesible.

Es esta última localidad una de las más visitadas en el valle de Tena. Pertenece al municipio de Panticosa y su fama se debe a su magnífico balneario. También es conocido el refugio en piedra de la Federación Aragonesa de Montañismo, desde el que se inicia la ruta. Muy vertical en su inicio, la vegetación desaparece con prontitud. Al fin y al cabo se superan los 2.000 metros. Entre praderas decoradas con grandes piedras, siguiendo el curso del río Caldarés, podemos observar algunas bonitas cascadas durante nuestra andada. Alcanzado el refugio de Bachimaña, a orillas del ibón homónimo, la senda se inclina para llevar a los Ibones Azules, dos pequeños lagos que ejercen de espejo de las cumbres españolas y francesas. Desde esta posición privilegiada se pueden contemplar picos como la Punta de Zarre o Pondiellos, en un entorno de auténtica alta montaña.

La Faja de las Flores en Ordesa

Es habitual que la mayor parte de crónicas senderistas sobre Ordesa versen sobre la Cola de Caballo. Se trata de uno de los lugares más especiales del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Su larguísimo camino permite observar el esplendor de uno de los rincones más fascinantes de nuestra geografía, finalizando en la cascada más célebre del Pirineo aragonés. Es un camino sencillo y apto para cualquier persona. Sin embargo, hay muchos más recorridos dentro del Parque Nacional. Uno de ellos, de mucha mayor dificultad y sólo apto para senderistas con experiencia y arrojo, es la Faja de las Flores.

Pasear por los más de tres kilómetros que forman la Faja de las Flores es una experiencia como pocas en el Pirineo. Un escarpado camino, siempre asegurado por una línea de vida, recorre una de las paredes del circo glaciar de Ordesa a gran altura. Desde allí, las vistas son impresionantes. Para llegar hasta tan espectacular paisaje, una vez dentro del Parque Nacional debemos caminar en dirección al circo de Cotatuero. La ruta se puede combinar con otras igual de célebres como la brecha de Rolando o el refugio de Góriz. El camino es en ocasiones extremo, excavando la montaña a escasos metros de un impactante desfiladero. Pese a su dificultad (hay algunos tramos de clavijas y el desnivel acumulado es de 1.400 metros), las vistas del parque nacional y la sensación de caminar por las alturas hacen de él una de las aventuras más especiales de la cordillera.

Prat de Cadí

No es necesario enfrentarse a caminos tan difíciles como el de la Faja de las Flores para disfrutar en plenitud del Pirineo. Travesías mucho más suaves y aptas para todas las personas sea cual sea su experiencia también lo permiten. Es el caso del sendero que lleva desde el encantador pueblo de Estana, en plena comarca de la Cerdanya, Lleida, hasta las faldas del Cadí, montaña que da nombre a la sierra del Cadí. Estana es una diminuta población del Pirineo perteneciente al municipio de Montellá i Matinet, muy cerca de la Seo de Urgell. De apenas 22 habitantes, se llega una vez se ha dejado atrás la N-260, paralela al río Segre. Desde allí podemos comenzar la ruta: más de siete kilómetros de tránsito de poco desnivel y con una recompensa notoria: una extensa y verde pradera a 1.800 metros de altura, desde la que contemplar el Parque Natural de montaña del Cadí-Moixeró. Una imagen de postal, enmarcada por la muralla del Cadí y una panorámica sublime.

Estos son solo algunos ejemplos. Las montañas de Navarra, Aragón y Cataluña ofrecen muchos más recorridos, de dificultad variada, en los que perderse de forma metafórica y en los que disfrutar de la naturaleza al mismo tiempo que se practica un deporte divertido, sencillo, muy propicio para la práctica en familia y de excelente impacto en nuestra salud.

Imagen: Josep Renalias (Wikipedia)Isidre Blanc (Wikipedia)Quique251 (Wikipedia), Fermín Pérez Modino (archivo privado)