Para el neófito, el rugby puede parecer un deporte violento, en el que la única premisa es evitar que el equipo contrario avance con el balón cueste lo que cueste. Nada más alejado de la realidad. El rugby es el juego del respeto, un deporte del que muchos otros deberían aprender, en el que a pesar del constante contacto físico, las melés y los placajes, prevalece por encima de todo el respeto: a uno mismo, a los rivales, a las reglas del juego, al árbitro y a la afición. 

Valga como ejemplo el hecho de que en el rugby está muy mal visto fingir una lesión, "tirarse a la piscina" para engañar al árbitro, tener una actitud provocadora para con los rivales y hasta protestar las decisiones del colegiado, algo muy habitual en el fútbol o en el baloncesto. 

En este vídeo, por ejemplo, vemos como el árbitro se dirige al escocés Stuart Hogg en un partido del Mundial de 2015, que cuenta con el patrocinio de Coca-Cola desde 1995 y cuya fase final se está celebrando a lo largo del mes de octubre. Después de que el jugador hubiera intentado simular una falta (diving, en inglés), le explica que ese tipo de comportamiento no está bien visto de una forma muy peculiar: "si te tiras así otra vez, volverás a jugar aquí dentro de dos semanas", haciendo referencia a que es cuando se juega el próximo partido de fútbol en ese estadio.



El árbitro es la ley

En un campo de rugby el árbitro es la ley, y el respeto por sus decisiones es máximo. Solo se puede dirigir a él el capitán de cada equipo, y siempre con buenas formas. A cambio, el árbitro explica sus decisiones educadamente a los jugadores y hace todo lo posible porque el espíritu del rugby se preserve en cada partido, siendo consciente de la adrenalina que recorre las venas de los participantes. 

Un magnífico ejemplo de cómo un árbito es respetado es el de Nigel Owens, considerado por muchos como el mejor árbitro del mundo. Verlo arbitrar es una delicia, pues siendo él un hombre menudo y estando siempre rodeado de enormes jugadores, es implacable en la aplicación de las reglas y el espíritu del juego, pero claro, conciso, respetuoso al mismo tiempo, como un padre de familia que vigila porque sus hijos no se peleen por los juguetes.

El tercer tiempo y el respeto entre jugadores

En el rugby existe una tradición realmente interesante que refleja claramente el respeto reinante en este deporte. Después del partido, en lo que se conoce como el tercer tiempo, el equipo anfitrión debe agasajar al equipo visitante con comida y bebida, con el objetivo de confraternizar con quienes han sido sus adversarios.

En el rugby, el tercer tiempo es casi tan importante como el juego en sí, porque es en él donde los jugadores aprenden los valores de amistad y camadería, dejando de lado las rencillas provocadas por la confrontación física en el campo. 

En el fútbol también se ha intentado adoptar esta práctica. En Italia, por ejemplo, el Cagliari lleva invitando a sus rivales a un aperitivo después del partido más de 20 años, y el Calcio, la liga profesional italiana, instauró el Tercer Tiempo en 2007, obligando a los equipos a saludarse después del partido y a compartir mesa tras la ducha. 

Otra iniciativa interesante para promover el respeto en el fútbol y el deporte en general es la Tarjeta blanca Coca-Cola, que premia el "fair play" deportivo, destacando a los profesionales que mejor comportamiento en el terreno de juego, y que también se extiende a otros deportes como el tenis

Otra iniciativa interesante para promover el respeto en el fútbol y el deporte en general es la Tarjeta blanca Coca-Cola, que premia el

Una afición a la altura del deporte

Aunque el rugby levanta pasiones y los estadios se llenan para disfrutar de los grandes partidos, como los que se están disfrutando en este Mundial 2015 celebrado a lo largo del mes de ocutbre, el respeto también está presente entre los aficionados

Así, por ejemplo, tal como ocurre también en el tenis o en el golf, se hace el silencio en el estadio cuando un jugador se dispone a patear para anotar, para así no desconcentrar al lanzador. Y si algunos nuevos aficionados silban o abuchean por desconocimiento, el resto se lo hace saber con un sonoro "shhh". 

También es habitual que las aficiones confraternicen antes, durante y después del partido, siendo este un símbolo de los valores de este deporte. Como anécdota, cuando la organización del mundial sugirío que pretendía separar a ambas aficiones en los estadios por motivos de seguridad, fue considerado como algo ofensivo, pues dudar de la buena de conducta del espectador no tiene sentido en el rugby, el juego del respeto.