El joven Bastián, el protagonista de La historia interminable, no habría podido salvar el mundo de la fantasía de no haber sido por el viejo Karl Konrad, que le descubrió un libro que resultó tener poderes mágicos. La promoción de la lectura es precisamente la principal labor de los bibliotecarios, aunque a veces parezca que lo es más pedir silencio o sellar la fecha de devolución de los libros. Una labor callada y no suficientemente reconocida que, desde 1998, busca poner en valor la Campaña de Animación a la Lectura María Moliner.

Un concurso dirigido a las bibliotecas de los municipios de menos de 50.000 habitantes para premiar los mejores proyectos y que se celebra gracias al Ministerio de Educación, la Federación Española de Municipios y Provincias y, desde 2002, la Fundación Coca-Cola. Una colaboración esta última que tiene su origen en otro fenómeno literario.

En pleno boom de Harry Potter, la autora de la saga, J. K. Rowling, seleccionó a Coca-Cola, entre otras empresas, para la explotación de los derechos. Pero puso una condición: las compañías elegidas debían desarrollar algún programa de fomento de la lectura. “Empezamos a investigar y vimos que, en España, cerca de la mitad de la población reside en municipios de menos de 50.000 habitantes, donde es más difícil el acceso a los libros, sobre todo entre quienes necesitan de la mejor educación y cultura: los niños y jóvenes. Así que apostamos por impulsar actividades de dinamización lectora en esos lugares”, cuenta Juan José Litrán, director de la Fundación Coca-Cola.

Más de 11.000 proyectos entregados

Hasta la fecha, se han presentado a los Premios María Moliner, la ilustre bibliotecaria y lexicógrafa española, un total de 2.454 municipios -más del 65% de los ayuntamientos de menos de 50.000 habitantes- y 11.241 proyectos. Proyectos innovadores, integradores y participativos, de un colectivo que cuenta con escasas oportunidades para presentar sus trabajos, que desprenden pasión y profesionalidad, y que buscan la vertebración de la vida social en torno a las bibliotecas.

Cada año se distingue a 300 centros con un lote de hasta 180 libros y, desde 2002, los tres mejores proyectos (uno por cada categoría según el tamaño de la población) reciben premios en metálico. La respuesta ha sido siempre muy positiva y en la última convocatoria, la de 2014, se han presentado 608 planes.

A menos recursos, más ingenio

La falta de medios hace que se dispare la imaginación y las bibliotecas de los pueblos más pequeños suelen ser las más creativas. Destaca también el empeño de algunos de los situados en Galicia o Asturias, y en el norte en general, en los que una sola biblioteca da cobertura a varias localidades dada la dispersión de estas por el territorio.

Los Premios María Moliner son un homenaje al alma de las bibliotecas, su silencioso personal, que lucha cada día por mantenerlas vivas. Volviendo a La historia interminable, un reconocimiento a sus particulares Karls, que animan a la gente a leer sin fin.

“Es una iniciativa que se inicia con un Gobierno y que ha resistido a todos los demás. No ha habido un director general del Libro ni un ministro que no haya querido mantenerla”, resalta Litrán. “¿El motivo? Porque, a ojos de cualquiera, tiene valor en sí misma”.