- Perfecto entonces, quedamos a las nueve, ¿dónde nos vemos?                                                     - ¿Dónde va a ser? ¡En el bar!

¡Benditos bares! ¿Qué sería de nosotros sin ellos? Y es que los bares son esos lugares en los que te sientes en casa sin estar en casa: nos reunimos con los amigos, con la familia, nos contamos qué tal va el trabajo o cómo llevamos la planificación de la boda. Reímos mientras hacemos una ronda de chistes, disfrutamos de un partido de fútbol en compañía de los hinchas de nuestro equipo (y a veces también del equipo contrario), planeamos las vacaciones, celebramos los días especiales y brindamos por todos los que están por venir.

España es el segundo país con más bares por habitante de la Unión Europea, sólo superado por Chipre: más o menos tenemos un bar por cada 169 personas. En cuanto a comunidades autónomas, Andalucía va a la cabeza con nada menos que 40.000 bares: más que todos los que hay en Noruega, Finlandia, Dinamarca e Irlanda juntas: un montón de sitio donde compartir momentos y crear recuerdos.

Podemos presumir de que algunos de nuestros bares tienen ya casi dos siglos, como el Bar Marsella en Barcelona, que data de 1820. Si lo que queremos es disfrutar de distintos ambientes sin apenas movernos del sitio, la mítica Rúa do Franco en Santiago de Compostela, acoge en 160 metros más de 20 bares diferentes.

Las mejores tapas las tienes en el bar

A los españoles nos encanta comer fuera de casa porque en nuestros bares se sirven las mejores tapas: comida casera y preparada en el momento procedente de una tradición que se remonta hasta el siglo XIII, cuando al rey Alfonso X le recomendaron tomar un poco de vino acompañado de una pequeña cantidad de comida. El rey quiso compartir con sus súbditos este "remedio" para su enfermedad y promulgó una ley por la que era obligatorio para los taberneros ofrecer algo de comer junto con la bebida. No en vano, Alfonso X era apodado "el Sabio".

O puede que fuera porque en una ocasión un tabernero "tapó" (y de ahí la "tapa") la copa del rey con una loncha de jamón para evitar que se ensuciara el vino. Fuera como fuese, la anécdota se convirtió en tradición y no sólo ha llegado hasta nuestros días, sino que se ha convertido en una de las señas de identidad de nuestra cultura en el extranjero.

Actualmente tanto en los bares más tradicionales como en los más vanguardistas podemos encontrar una amplia oferta de pinchos, tapas y bocadillos para tomar un tentempié o para realizar una comida completa. Productos clásicos reinventados como las aceitunas fritas con sardinas o platos típicos como los cachelos con chorizo y huevo, ambas tapas de Pepe Rodríguez nos dan idea de la variedad gastronómica española que podemos degustar en nuestros bares.

El mejor lugar de reunión

bares a los españoles 2

El ambiente relajado y de fiesta que encontramos en los bares los consagra como el mejor lugar de reunión con los amigos o con los compañeros de trabajo. Salir a tomar algo después del trabajo para compartir experiencias y momentos ha pasado ya a formar parte de nuestra cultura. De hecho, los bares cercanos a las zonas de oficinas se llenan los viernes por la tarde en un alegre afterwork que da comienzo al fin de semana. Las tardes con amigos aderezadas por un refresco, un aperitivo y buena música también las pasamos en el bar.

Pero no sólo de reuniones pre-fiesta viven los bares, y es que en ellos han tenido lugar hechos históricos tan importantes para nuestra historia como las discusiones previas a la redacción de la Constitución de 1978. El consagrado Casa Manolo, cercano al Congreso de los Diputados, fue testigo de las negociaciones entre Cisneros, Fraga y Peces-Barba entre otros, antes de dar forma a la Carta Magna.

Grandes figuras de la literatura universal encontraron inspiración en nuestros bares: Ernest Hemingway, ganador del Pulitzer y del Nobel de Literatura, pasó incontables horas en el Café Iruña de Pamplona, donde hoy se le recuerda con una estatua a tamaño real en su rincón favorito de la barra. También disfrutó del ambiente del madrileño Museo Chicote, que fue frecuentado por miembros de la realeza y estrellas de Hollywood.

La noche empieza en los bares

El bar es el punto de partida de cualquier noche de fiesta: “quedamos en el bar… y luego ya vemos lo que hacemos”, que a nosotros se nos da muy bien eso de improvisar y ya se sabe que las noches no planificadas son las que mejor te lo pasas. Unas bebidas con unas tapas o raciones de las que más nos gustan para comenzar la noche. ¿Lo más típico? Unas patatas bravas, unos huevos revueltos, unas aceitunas y un buen pulpo para coger fuerzas y disfrutar de la noche.

Parte de nuestra cultura

Parte de nuestra cultura

Las tertulias literarias marcaron la primera mitad del siglo XX en la capital. El Café Pombo, que se encontraba cercano a la Puerta del Sol, logró una fama internacional gracias a "La Sagrada Cripta del Pombo", que cada sábado noche celebraba el literato Ramón Gómez de la Serna y que vio nacer a sus greguerías. El Café Gijón, en Recoletos, albergó las reuniones de la "Juventud Creadora", formada por los escritores y artistas de la posguerra española.

La cultura musical española siempre ha ido de la mano de los bares: la movida madrileña tuvo su epicentro en el barrio de Malasaña, donde El Penta, famoso por su aparición en el tema La chica de ayer de Nacho Vega, se llenaba con todo aquel que tuviera inquietudes creativas. Allí se reunían las mentes más creativas del momento para compartir sus obras y encontrar inspiración. Otro de los bares típicos de la movida que aún podemos visitar hoy es el Vía Láctea: un local un tato psicodélico que respira la historia de Madrid por sus paredes.

“Salir de bares” es algo muy nuestro y que nunca sabes cómo ni a qué hora puede terminar: no en vano a Sabina le dieron “las 10 y las 11, las 12, la 1, las 2 y las 3” en aquel único bar que quedaba abierto. Empiezas tomándote algo “de tranquis” con tus colegas y puede que acabes conociendo a esa persona especial o forjando nuevas amistades que lleguen a ser muy duraderas.

Muchas aventuras musicales han ocurrido en nuestros bares: son “lugares gratos para conversar” como decía Gabinete Caligari, también un buen sitio para escuchar música como el famoso “bar sin nombre” de Estopa. Pero bueno, si nos pusiéramos a hablar de bares que se convirtieron en auténticos templos de la música, daría para otro artículo. Lo que está claro es que, si “es viernes y las niñas más bonitas quieres encontrar”, como decía Hombres G, ¡visite nuestro bar!

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