“¿Quieres unos cascos, y este bastón, y un perchero?”. Los familiares y amigos de Natacha Palomo siempre le preguntan antes de desechar nada. Esta profesora de Castellano del instituto 8 de marzo de Alicante no pudo estudiar Arte Dramático -en su familia era “impensable”-, pero nunca se ha despegado del teatro. “La vida es caprichosa y, al implantarse el Bachillerato de Artes Escénicas, me lancé; ahora doy clases de esta modalidad. Podría hacer lectura dramatizada y ya está, pero mi compañero de música es muy valiente y llevamos seis años haciendo montajes, casi siempre propios”, cuenta.

Hace unos meses, Pascual Carbonell, director de La Tiza, del IES Jaime II de Alicante, le propuso llevar a escena Gomina. Hace casi 25 años, el grupo la representó para recaudar fondos para las víctimas de la Guerra de Bosnia; esta vez sería para los refugiados sirios. “No me lo pensé dos veces. Ha sido un esfuerzo enorme, hemos invertido vacaciones, fines de semana, pero mira hasta dónde hemos llegado”. Gomina es una de las obras ganadoras de la 13ª edición de los Premios “Buero” de Teatro Joven Coca-Cola.

Representación de 'Gomina', del grupo La Tiza, del IES Jaime II de Alicante, en el Teatro María Guerrero de Madrid

©Representación de 'Gomina', del grupo La Tiza, del IES Jaime II de Alicante, en el Teatro María Guerrero de Madrid.

 

 

 

“A mis amigos no les pasaba lo mismo que a mí”

Natacha y Pascual son solo dos ejemplos del empecinamiento de cientos de personas repartidas por toda España que, “de corazón”, “por convicción”, y normalmente con mucho esfuerzo y poco presupuesto, ponen en pie montajes teatrales prácticamente artesanales, en muchas ocasiones sorprendentes.

Como la actriz Iratxe García, directora y autora de Azul, de la Compañía OtroMundo de Navarra, ganadora de la categoría no escolar. “Desde pequeña comprobé cómo a mis colegas, ante un tocho de Shakespeare, no les pasaba lo mismo que a mí, que me quedaba embobada”, recuerda.

O como José Ángel Alegre, profesor de Filosofía ya jubilado, pero que “vive” en el IES Pedro Luna de Zaragoza. Es, desde sus inicios, hace 15 años, uno de los coordinadores del grupo Clásicos Luna, también triunfador de los “Buero” con La Iliada. “Nosotros hemos hecho de la necesidad virtud y estamos especializados en teatro grecolatino, porque tiene los únicos festivales donde el teatro joven se puede mostrar”.

A mis amigos no les pasaba lo mismo que a mí

©'La Iliada', del grupo Clásicos Luna, del IES Pedro Luna de Zaragoza.

Escuela de vida

Pese a las vicisitudes, y más allá de su amor al arte, lo que les mantiene en la brecha son los chavales. “El teatro les enseña a saber observar, escuchar, estar, expresarse. A saber controlar su cuerpo y ser más tolerantes, porque te pones en la piel de otros y un día eres Martin Luther King y, otro, Adolf Hitler. No es subirse solo a un escenario, está eso otro que es la vida”. Quien habla es José Lucas, exalumno del Colegio San José SS.CC. de Sevilla y uno de los profesores del grupo de teatro escolar -premiado en los “Buero” por Forever Young-, gran cantera de actores sevillanos, que cuenta con más de 300 alumnos y casi 35 años de historia.

Movido por su principal vocación, “la cultura y el arte”, estudió “Historia del Hambre” y “Hambre Dramático”, bromea, no sin ironía, y hace un año regresó como monitor tras una etapa como gestor cultural. “Al volver a mis orígenes, retomar la esencia de los valores pedagógicos del teatro, te das cuenta de tu responsabilidad con los chicos, infinitamente mayor a la que tienes, por ejemplo, al organizar una Bienal de Flamenco”.

“El teatro tiene un valor educativo altísimo, se puede hacer teatro con todo, no sé por qué se vincula a una tradición de literatura española. Yo doy Castellano y teatro, y veo que los alumnos hablan y entienden mejor con el teatro que, por ejemplo, con las subordinadas adverbiales, además de acercarse más a la tradición literaria”, asegura Natacha, cuyo hijo le toma el relevo y ya está haciendo sus pinitos como actor. “Y luego está la sensación de reconocimiento que tienen; en este caso, al obtener un 'Buero' y tener la oportunidad de representar la obra en el María Guerrero de Madrid. Interiorizan que el esfuerzo merece la pena, que tiene una recompensa”.

Escuela de vida

©Ganadores de los Premios “Buero” de Teatro Joven Coca-Cola ensayan antes de su representación en el María Guerrero.

Una relación que debería iniciarse en la infancia

Mari Carmen Ortega ayuda a José en la dirección. Profesora de Infantil, ha representado El Quijote con niños de 3 años. “El teatro es trabajar las emociones, ponerte en el lugar del otro, sentimiento de equipo, el si tú no te lo sabes, yo no puedo seguir… ¡Es tantas cosas!, ¡Es salud!”.

José defiende que el teatro exista como asignatura curricular. “Los jóvenes deben estar en contacto con las artes escénicas desde pequeños, porque si no, en generaciones tan vinculadas a la televisión y los móviles, a lo visual, es muy difícil que les penetre”.

Ocurra o no, Natacha, Pascual, Iratxe, José Ángel, José y Mari Carmen seguirán creyendo en el poder transformador del arte y echándole pasión. Mari Carmen lo tiene claro: “Pienso que continuaríamos haciendo teatro aunque no tuviéramos nada”.

Una relación que debería iniciarse en la infancia

©Un momento de la obra 'Forever Young', del Colegio San José SS.CC. de Sevilla.