Ernest lleva una semana en “una burbuja de bienestar general”. Su compañero Enrique también: “Es una pasada estar con tanta gente de lugares tan diversos, compartir experiencias y conectar”. Ambos son parte de los más de 60 jóvenes del Campus Coca-Cola de Teatro, uno de los platos fuertes de la Semana del Teatro Joven, el regalo que han recibido las obras finalistas de la 12ª edición de los Premios “Buero”.

Siete días en los que estos chicos de entre 14 y 21 años de toda España han tenido la oportunidad de representar sus montajes en el histórico Teatro María Guerrero de Madrid. Alojados en el Campus Coca-Cola, en cuya organización han participado jóvenes del Proyecto GIRA Coca-Cola, han disfrutado también de talleres de lucha escénica, cabaret y voz, entre otros. La actriz y logopeda Paloma de Pablo les ha enseñado, por ejemplo, a activar el cuerpo para sacar la voz en cada función. “Este tipo de clases son una gran responsabilidad. A esta edad, los chicos son esponjas, y una espera haber sembrado una semillita que les anime a seguir”, señala.

El sol del escenario

Estos talleres se han combinado con masterclass de reconocidos profesionales del mundo de la escena. Silvia Marsó, con 35 años a sus espaldas como actriz, les ha emplazado a poner “verdad” al personaje, aunque sea un asesino, y a entregarse al “acto sagrado que es el teatro” en cada pase. “Me producen mucha ternura. Yo también empecé siendo adolescente y me siento muy identificada con ellos, con la ilusión que tienen y que yo sigo teniendo”.

Myriam Gallego, para quien “siempre hay tiempo para un sueño”, les ha aconsejado creer en sí mismos. “Lo que vas a aportar tú como actor no lo va a dar otro”. La marquesa de la serie Águila Roja ha metido a los chicos en el día a día de un actor con un discurso sincero y continuas referencias a su vida personal y profesional. Gallego ha abogado por incluir una asignatura acerca del éxito y el fracaso en las escuelas de interpretación, para “tener herramientas sobre cómo pisar el suelo, cuándo desplegar las alas, cuándo pararse, frenar”.

La directora de escena Helena Pimenta ha repasado los momentos más importantes de su carrera. En una intervención muy emotiva, ha recordado especialmente sus inicios como profesora de teatro en Rentería en una época de muchos atentados terroristas. “El teatro me permitía salir de ese espacio de violencia y sumergirme en uno de paz, aunque también de rebeldía, en el que las luces del escenario eran, para mí, el sol”.

Más ganas de seguir

Estas vivencias han reafirmado a la mayoría de los jóvenes en la pasión que sienten por el teatro. Para Nagore León, premio especial como actriz destacada, las experiencias de estos siete días le han servido “para darme cuenta de a qué me quiero dedicar y tener más ganas de seguir”. Gemma Bardají, también nombrada actriz destacada por su papel protagonista en una obra escolar interpretada por jóvenes discapacitados, afirma rotunda: “Yo en el escenario simplemente me pongo feliz”.

Ya sea como profesión o pasatiempo, el teatro atrapa, a juzgar por sus testimonios. “Lo más bonito es la conexión que estableces con el público, cuando te mira, le miras, y le haces sentir cosas”, destaca Pablo. “Para mí son las sensaciones que tienes y la satisfacción del trabajo bien hecho”, apunta María. Alfredo cuenta que el día de la representación de su grupo en el María Guerrero había una chica en primera fila con las rodillas dobladas sobre la butaca y la boca abierta. “Solo por esto, vale la pena”.