España es un lugar ideal para correr. Sus múltiples ciudades verdes y sostenibles han provocado durante los últimos años que más y más personas se animen a recorrer sus espacios naturales sobre sus zapatillas deportivas.

El esfuerzo de las ciudades por dar más protagonismo a las zonas verdes está convirtiendo a nuestras urbes en ecosistemas perfectos para los runners. No sólo eso: los entornos naturales cercanos a las grandes ciudades completan una oferta natural y urbana inigualable para descubrir auténticos entornos privilegiados al mismo tiempo que practicar deporte. Aquí os presentamos siete lugares o ciudades donde conocer paisajes fantásticos o un patrimonio incomparable mientras nos superamos a nosotros mismos.

1. Vitoria y entorno

 La estrella de la lista. Designada como Capital Verde Europa en 2012, la ciudad vasca es reconocida mundialmente como una de las urbes europeas más saludables, con mejores espacios verdes y más aptas para practicar deporte de todo el continente. Su apuesta firme por el cuidado del medio ambiente y la sostenibilidad la convierte en un lugar idóneo para correr

Al igual que otras ciudades, Vitoria ha creado un Anillo Verde en la periferia de la ciudad para recuperar y preservar el espacio natural en el que se encuentra la capital vasca. Otros recorridos populares y recomendables pasan por el Bosque de Armentia, el parque de Zabalgana, el entorno de la Balsa de Salburua o los grandes paseos de la ciudad.

2. La ribera del Ebro en Zaragoza

 Remodelada tras la Exposición Internacional de 2008, Zaragoza cuenta ahora con numerosas zonas verdes y diversos proyectos para cuidar el medio ambiente. Las riberas del Ebro son, a buen seguro, el lugar favorito de los runners de Zaragoza: amplias, limpias, espaciosas y libres de tráfico, se alargan desde un extremo de la ciudad hasta sus afueras, bordeando los meandros del Ebro al oeste de la capital aragonesa, ofreciendo vistas magníficas y un entorno natural al lado de la gran ciudad.

El Parque Grande y los Pinares de Venecia, además de el Anillo Verde, un circuito de antiguas vías férreas rehabilitadas para ciclistas y peatones, son otros de los puntos clave para practicar deporte. Además, el fuerte viento se transforma en algo positivo a la hora de correr, dado que hace del aire de Zaragoza libre de contaminación.

3. El antiguo cauce del Turia y la playa de Valencia

 Al igual que otras ciudades españolas, el río vertebra parte de la vida deportiva y medioambiental de Valencia. Al contrario que la mayoría de todas ellas, en Valencia, sin embargo, no hay río: sólo su antiguo cauce. Desde que el Turia fuera desviado de su histórico cauce para evitar futuras riadas, Valencia ha desarrollado sobre su ruta un gran y largo espacio verde ideal para salir a correr. Espacioso y diverso, el antiguo cauce del Turia permite acercarse a la magnificencia de Valencia.

La ciudad, además, cuenta con un excelente paseo marítimo para practicar deporte. En Malvarrosa, de irrepetible estampa, cerca del barrio de El Cabanyal y espaciosa y relajante, se pueden combinar carreras sobre el paseo o sobre la arena, limpia y también ideal para practicar nuestro deporte favorito.

4. Las hoces de Cuenca

 Encaramada sobre el curso de los ríos Júcar y Huécar, al borde de sendas hoces formadas por la erosión a lo largo de miles de años, naturaleza y ciudad se dan la mano de forma inevitable en Cuenca. Desde hace años la hoz del Huécar está adaptada al tránsito de peatones y bicicletas. Se trata de una ruta larga que va desde el Auditorio de la ciudad hasta el castillo, en lo alto de la misma, ofreciendo vistas incomparables y un entorno natural acogedor. Es especialmente apta para aquellos que deseen ponerse las cosas difíciles, dado que hay que superar un respetable desnivel.

Una vez arriba se puede apreciar la vista de Cuenca, colgada desde la hoz, y tomar un camino a la derecha que lleva a la hoz del Júcar, donde espera otra amplia vía junto a la carretera y al verde río, repleto de árboles, apta para runners y ciclistas. Esta vez el sentido es descendente, aunque no menos impresionante que el de su hoz homóloga.

5. El Guadalquivir y los parques de Sevilla

 Si antes hablábamos de una ciudad donde la ausencia de río, pero no de su cauce, había creado un vivero idóneo para practicar deporte, ahora viajamos al caso opuesto. Sevilla es el Guadalquivir y el Guadalquivir es Sevilla. Alrededor de sus orillas es posible disfrutar de largas carreras cruzando algunos de los puntos más emblemáticos y célebres de la ciudad hispalense. Desde el paseo Juan Carlos I, cerca del puente del Alamillo, hasta los muelles de Nueva York y Delicias, pasando por los parques cercanos al río, el puente de Triana, la calle Betis o la Torre del Oro. El buen tiempo y las vistas hacen de este recorrido un disfrute.

Además, Sevilla cuenta con numerosos parques y jardines aptos para correr en cualquier época del año. El parque de María Luisa o el espacioso y relajado parque del Alamillo son, del mismo modo, dos lugares ideales para salir a correr.

6. El Camí del Cavalls, en Menorca

 Hay vida más allá de las grandes ciudades. En Menorca, espacio natural y medioambiental privilegiado donde los haya, el deporte se practica lejos de los grandes centros urbanos. Su especial condición en pleno Mar Mediterráneo la convierte en un lugar idóneo a explorar corriendo. El camino más célebre para conocer en profundidad la isla es el Camí del Cavalls, una ruta de más de 180 kilómetros de longitud que recorre Menorca de cabo a rabo. Perfecta para completar a tramos, está considerada Bien de Interés Cultural.

Desde el Camí del Cavalls no sólo se podrá disfrutar de la realidad natural de Menorca, sino que además se podrá conocer de mejor modo su historia. A lo largo de su recorrido, claramente señalizado, se encuentran múltiples vallas que se deben cruzar, antiguo reflejo de actividades económicas, como la ganadería, antaño predominantes en Menorca.

7. La península de la Magdalena en Santander

Al igual que Valencia, Santander cuenta con fabulosas playas para correr. Una ruta común y muy disfrutable en la capital cántabra es la que lleva desde la playa del Sardinero, espaciosa aunque muy concurrida en los meses estivales, hasta la península de la Magdalena, que históricamente servía de control de la bahía de Santander. Allí, en un pequeño promontorio, se encuentra el palacio del mismo nombre, donde veraneaba Alfonso XIII.

El espacio natural, rodeado de mar, con la playa del Camello a su izquierda, ofrece diversas rutas pese a lo pequeño de su tamaño. La dificultad es regulable, dado que la elevación de la península puede ofrecer recorridos exigentes. El ambientes es inmejorable: tranquilidad dada la ausencia de vehículos y un encantador bosque que hace de la península un lugar inolvidable.

Imágenes: Wikipedia (JefVanStaeyen), Juanedc (Flickr), Wikipedia (Manuel M. Vicente), Wikipedia (Siempremolinicos), Wikipedia (MontyRamone89), Wikipedia (Menorca2010), Wikipedia (Maria Victoria Gomez Fernandez)