La invención del telégrafo en el siglo XIX revolucionó las comunicaciones. Permitía establecer contacto a larga distancia y de forma instantánea a través de escuetos mensajes (había que pagar palabra por palabra), en los que se suprimían las preposiciones y muchas veces los adjetivos. Aunque entonces mucha gente puso el grito en el cielo porque esta forma de comunicación iba a deteriorar el idioma, nada de eso ocurrió.

Mucho más adelante, con la llegada de los SMS y las abreviaturas, también se predijo una generación incapaz de escribir palabras sin comerse todas las vocales, algo que tampoco ha sucedido.

Hoy en día, los jóvenes escriben y se comunican más que nunca gracias a las redes sociales, con mensajes cortos e instantáneos plagados de onomatopeyas, abreviaturas o emoticonos, y en los que también pueden verse faltas de ortografía. ¿Será que a la tercera va la vencida?, ¿que ahora sí, se está empobreciendo el lenguaje?

Aprovechamos la prueba escrita en Madrid de la 56ª edición del Concurso Coca-Cola Jóvenes Talentos de Relato Corto para recabar impresiones de expertos en el tema: profesores y miembros del jurado provincial, en su mayoría docentes, periodistas y escritores.

Uno de ellos es el autor madrileño Borja Castellano, para quien “las nuevas vías de comunicación están estructuradas de tal forma que no se respeta la corrección de la escritura, pero eso no tiene por qué ser malo. Hay mucho pesimismo al respecto, pero la realidad es que la gente lee más y escribe mejor de lo que parece”.

Prueba de ello, señala, son los miles de chicos y chicas de 2º de ESO de toda España que cada año participan en el Concurso Coca-Cola Jóvenes Talentos. “Son jóvenes muy motivados por la lectura y la escritura. La calidad de sus redacciones es bastante superior a lo que la gente se imagina en chavales de esta edad. No tienen aún las ataduras de los mayores y son mucho más libres a la hora de expresarse”.

©Un momento de la prueba escrita en Madrid del Concurso Coca-Cola Jóvenes Talentos celebrada el 8 de abril en el Teatro La Latina.

Adaptación del mensaje al contexto

Un estudio de la Universidad de Stanford (EE UU), realizado entre 2001-2006 y que analizó 15.000 escritos de alumnos universitarios (sesiones de chat, e-mails, conversaciones en redes sociales, apuntes, etc.), concluyó que los jóvenes reconocen el contexto comunicacional y utilizan lenguajes y estilos diferentes según corresponda en cada ocasión.

“La velocidad en las respuestas en Facebook, Twitter o WhatsApp lleva implícita una cierta degradación del lenguaje. El problema es cuando eso se traslada fuera de las redes sociales, y algunos llegan a confundir los códigos. Esto lo veo también en adultos. Y es peligroso, porque la escritura tiene el poder de moldearnos el cerebro”, opina la editora y escritora Mar Goizueta.

El profesor Juan Cruz cree que, en líneas generales, los jóvenes escriben ahora peor porque leen menos. “Son mucho más creativos e imaginativos por el mundo visual en el que se mueven, pero en las temáticas, no en lo formal”, afirma Cruz, para quien “en la actualidad se pierde mucho tiempo en leer cosas poco interesantes. Beber de los referentes literarios es básico. Todo eso se refleja en la calidad de lo que se escribe”.

El docente Tomás Mansilla también lo constata en el aula y pone el acento en la necesidad de mejorar la educación, en enseñar bien a los alumnos y que crezcan en el uso del lenguaje con bases sólidas. “Los profesores deben ser capaces de contagiar a los chavales su entusiasmo por aprender y adentrarse en la lectura, con textos que les gusten, clásicos adaptados a su edad, lo que también tendrá su reflejo en la escritura”.

En medio de la intensidad con la que se intercambian los mensajes en las redes sociales, y del vivo debate sobre el impacto de estas en la expresión escrita, Castellano se muestra tranquilo. “Es difícil valorar hasta qué punto se va a peor o a mejor. Creo que va en las personas. Siempre ha habido de todo en todas las épocas. Mis padres también me decían, cuando era más joven, que entonces se leía menos y se escribía peor. No comparto esa visión tremendista”.