Imagina por un momento un mundo con agua limpia, sin contaminantes, y con tecnología verde, en el que todos usemos la energía con eficiencia. ¿Deseable, verdad? Y cada vez más necesario, si no queremos enfadar más a la Tierra.

Desde hace tiempo, cada vez es mayor el número de gente que concentra sus esfuerzos en construir ese escenario. Dos de estas personas son Leticia Fernández y Abel Martínez, que el pasado 31 de marzo presentaron sus proyectos innovadores y sostenibles en Planeta Agua, una jornada organizada por la revista Ethic y Coca-Cola para promover soluciones que aseguren el futuro de este bien escaso.

No somos conscientes de ello, pero, cada día, el uso de fármacos, cosméticos o productos de limpieza hace que arrojemos a las tuberías numerosos contaminantes. Las plantas de depuración convencionales cuentan con una serie de filtros de carbón activado para retener esos compuestos, pues no son capaces de degradarlos. Ocurre que esos filtros se acaban colapsando, por lo que hay que sustituirlos, o bien regenerarlos, aunque esto último implica un proceso energéticamente muy costoso.

Consciente de esta deficiencia, y como parte de su tesis, la ingeniera química asturiana Leticia Fernández se puso a buscar un nuevo sistema de depuración capaz de eliminar esos contaminantes del agua. La investigación se inició en el Instituto Nacional del Carbón, en Oviedo, con agua con compuestos fenólicos. "Decidimos irradiar con luz solar los filtros de carbón activado y vimos que algunos de ellos eran fotoactivos, es decir, desencadenaban una serie de reacciones que rompían las moléculas del contaminante, degradándolo", señala esta joven de 34 años. “Luego comprobamos que eso también funcionaba con compuestos no fenólicos: ibuprofeno, paracetamol, colorantes textiles…”.

La técnica ideada por Fernández "permite, no solo que los contaminantes desaparezcan gracias a la luz solar, sino que lo hagan in situ", subraya. Además, esos filtros de carbón fotoactivos que neutralizan los contaminantes del agua son de bajo coste, pues se obtienen de residuos agroindustriales, fundamentalmente de huesos de aceituna.

Como muchos otros proyectos, este tenía visos de quedarse dentro del laboratorio por falta de financiación, pero finalmente no ha sido así. El grupo de investigación de Fernández, que trabaja como investigadora de la Royal Military Academy en Bruselas, ha recibido dos millones de euros de fondos europeos para desarrollar la técnica a escala real. "Los resultados están siendo prometedores y se espera que en unos años el nuevo sistema se pueda implementar".

Iniciativas por la innovación sostenible

©Abel Martínez y Leticia Fernández (a la derecha de la foto), durante la presentación de sus proyectos sostenibles en la jornada 'Planeta Agua'.

Un inventor nato

Los amigos agricultores del alicantino Abel Martínez, que vive en Torrellano, un pequeño pueblo de Elche, siempre le trasladaban la misma queja: la poca potencia de sus sistemas de riego. Casi 10 años le ha costado desarrollar una tecnología capaz de resolver el problema. TubEnergy son unas micro-turbinas hidráulicas que, instaladas en la red de tuberías de agua, aprovechan la presión residual existente para producir energía eléctrica. Caben en una caja de zapatos, pesan 2-3 kilos y "con 5 litros de agua por segundo son capaces de producir 1,2 kilovatios hora, los mismos que se emplean para alimentar cuatro viviendas", relata este inventor.

Para poder producir esa energía, Martínez ha creado también el generador. "Se trata de un generador polimérico. Nadie creía que los plásticos pudieran conducir el campo electromagnético. El de generador-turbina es un conjunto muy eficiente", asegura.

Eficiencia que también está en la fabricación de las micro-turbinas. "Coges el plástico de las botellas de agua, lo reciclas, y con eso se fabrica la micro-turbina mediante una tecnología de vanguardia como es la impresión 3D. Así, no tienes que comprar a la industria un plástico virgen para cuya obtención se usa una gran cantidad de petróleo", apunta.

Abel y su socio Francisco Martínez fueron ganadores del Fondo Emprendedores de la Fundación Repsol 2013 y finalistas de los Premios Sacyr a la Innovación 2015.

Hoy, cuenta orgulloso que “con las tres plantas piloto que hemos instalado en Torrellano, en cuatro años los agricultores no han tenido que recurrir a grupos electrógenos ni conectarse a la red eléctrica, ni sufrir el robo de las placas fotovoltaicas”.

Abel acaba de conseguir algo de financiación -”lo más costoso”, dice- y espera que la primera fase de comercialización de las micro-turbinas se inicie en 6-7 meses. La cosa no queda ahí. Su cabeza, que va más rápido que sus micro-turbinas, sigue inventando, y pensando en verde. "Tengo también la patente para construir mármol a base de cáscaras de mejillón recicladas y carrocería de coche con pieles de naranja biorreciclables".