La historia del sonido está repleta de accidentes, descubrimientos tardíos, promesas rotas y patentes arrebatadas. Si existe una industria que ha muerto y renacido decenas de veces, que ha encumbrado estrellas desconocidas y estrellado a profetas de lo desconocido, esa es la música. Porque una cosa está clara: sin música no podemos vivir.

Es curioso cómo, con el paso de las décadas, la música cambia de formato y soporte, aunque esencialmente sigue siendo lo mismo. Un ejemplo: el cilindro del fonógrafo fue el primer método de grabación. La música se grababa, literalmente, sobre la superficie de un cilindro de cera, mientras el fonógrafo amplificaba y reproducía esas protuberancias en forma de notas. A aquellas piezas los llamaban discos, igual que al vinilo. Forma de disco también tuvo el CD, el DVD, el Blu Ray, y de cilindro la lata de Coca-Cola, que ahora transforma el concepto de «música envasada» grabando videoclips con músicos dentro de una lata gigante. Las formas, como digo, se transforman y reciclan, con una meta común: hacer eterna la música.

Del reloj mecánico al fonoautógrafo

Inventos que cambiaron la música

Para hablar de las primeras grabaciones deberíamos remontarnos al reloj musical, aunque en realidad se trate de algo mucho más parecido a una caja de música. El primero conocido, de 1598 y obra de Nicholas Vallin, ejecutaba una melodía cada 4 horas. Dos siglos después, Mozart compondría fantasías para órgano mecánico o Flötenuhr. El primero fue una herramienta sacra, la segunda más profana y comercial.

En cambio, el francés Édouard-Léon Scott, inventor del primer instrumento capaz de grabar sonido, nunca tuvo pretensión comercial alguna. En 1857 diseñó el fonoautógrafo, como mera curiosidad de laboratorio. Este soporte cilíndrico, de cristal ahumado, era capaz de recoger el sonido, pero nadie consiguió reproducirlo después. Hasta 2008, cuando se recuperó y se tradujo escaneando el relieve e imprimiéndolo.

Del fonógrafo a las primeras grabaciones comerciales

En 1877, Thomas Alva Edison inventa el fonógrafo, un estilete que grababa sobre un cilindro, con una capa de cera parafinada.El estándar grababa un máximo de 2 minutos de audio y era capaz de reproducirse apenas medio centenar de veces, aunque luego se mejoró usando materiales más resistentes.

A pesar de estas limitaciones, Edison Records se convirtió en una empresa de éxito, comercializando periféricos para el fonógrafo: armarios para guardar los cilindros de cera, auriculares de goma, y repuestos para sus máquinas. Pero no fue hasta con la llegada del celuloide cuando la industria despegó.

El abuelo del vinilo

Inventos que cambiaron la música

En 1887, Emile Berliner inventa el gramófono. Su travesía por el desierto fue aún más ardua que la de Edison, pero su máquina parlante estaba abocada al éxito. Con una sola toma, el gramófono podía prensar miles de copias a partir del molde original. Además, los discos de Berliner eran planos, de ebonita (goma endurecida), un material más barato y fácil de manejar.

Durante dos décadas, Berliner y Edison batallan lanzando productos cada vez más caros y mejores, con más minutos de grabación y más ciclos de reproducción. Pero el gramófono se aventaja en cuanto a “indestructibilidad”. Y bajo este sustrato nacería el vinilo.

Del magnetofón de bobina abierta...

Inventos que cambiaron la música

Mientras Edison se lanzó a los discos de pasta y acetato, Telefunken AEG fabricaba su magnetófono K1, con una cinta magnética manufacturada por BASF, la popular empresa química. Las emisoras alemanas instalan modelos para grabar sus programas. Aquí está el primer hito: se podía grabar al vuelo y reproducir seguidamente, una revolución tecnológica para la industria radiofónica.

El segundo hito vino cuando se logró que la cinta provocase menos ruido y distorsión, mediante la polarización magnética. Las grabaciones pasaron a ser mucho más limpias, ideales para los estudios profesionales —gracias a la reducción de ruido Dolby B—. El vinilo se impuso como medio de reproducción pero el magnetófono estandarizó la industria de la grabación gracias a la actitud de un nuevo género: el rock and roll.

… al casete (y el ocho pistas)

Inventos que cambiaron la música

La grabación ofrecía cada vez más espacio para los músicos. Y eso que todavía quedaban dos décadas para dar el salto al digital. La holandesa Philips populariza el casete compacto en 1964. El casete es una cabina estanca, de plástico, con un carrete enrollador de unos 100 metros. Gracias a su facilidad de transporte, la industria discográfica enloquece y busca cada vez tamaños más pequeños: el tape cartridge y el compact cassette se convierten en el nuevo estándar.

Todo el transporte público y las consolas de audio empiezan a incluir radiocasetes. En 1965 se comercializan los casetes vírgenes de Maxell. Son fáciles de grabar y distribuir, así que los jóvenes crean maquetas en este formato. Así las cosas, llega la democratización del audio, nace el miniDV para la fotografía, el VHS para el vídeo, el microcassette de Olympus, con modelos de 45 y 60 minutos de grabación y, en fin, el enrollar un carrete sobre otro con un boli BIC.

Llega el CD: la explosión popular

Inventos que cambiaron la música

El Compact Disc nace en 1979, estrenándose por todo lo alto: es económico, pueden grabarse hasta 74 minutos y apenas mide 12 centímetros de diámetro — con un centro hueco de 1,5 cm, el diámetro de la moneda de 10 centavos del florín holandés—.

Pero la digitalización comprende una reducción a bits, haciendo desaparecer toda esa información presente en la escena, la vibración del aire y las reflexiones espaciales. Al convertir la música a datos, reducimos su margen de aleatoriedad, de perfecta imperfección. Si la cinta hizo estallar el undergroundel CD nació con estricta vocación pop. El primer álbum manufacturado fue ‘The Visitors’ de ABBA (1983); el primer álbum comercializado fue 52nd Street, de Billy Joel, en 1982.

La burbuja digital

Inventos que cambiaron la música

El MP3 fue creado en 1986, aunque no fue hasta 1992 cuando el Moving Picture Experts Group lo aprobó. Las patentes hicieron ganar verdaderas fortunas a sus creadores: se trata de un formato de compresión de audio digital, el cual usa un algoritmo con pérdida, con el fin de reducir el tamaño del archivo de audio.

El MP3 cambió la forma de consumir música. De repente tenías acceso a bandas que no sabías ni que existían, de lugares remotos. Los especialistas de electrónica encontraron un filón en esta nueva forma de consumir música. Internet hizo el resto, derrumbando los cimientos de la vieja industria.

Walkman. Discman. iPod

Inventos que cambiaron la música

La música portátil siempre estuvo ahí. No en vano las primeras cajas de música eran mesas camilla con ruedas. El Walkman de Sony propagó el uso del casete, al igual que el discman del CD. Pero, ¿y el iPod? El iPod fue presentado en 2001 y su meta era simple: llevar la música a cualquier parte.

La marca apostó por una fuerte diversificación de formatos para todo tipo de perfiles. De repente, todos los runners del mundo usaban un iPod de pinza en la solapa de sus sudaderas, mientras que por la tele U2 o Black Eyed Peas promocionaban el dispositivo. Según florecían nuevos formatos digitales —AAC, M4A, WMA— aparecían nuevos cacharros para reproducirlos. La música había cambiado de forma y, con ello, de manos y lugares.

Holofonía, Dolby Atmos, sonido omnidireccional… ¿qué nos queda?

Inventos que cambiaron la música

La tecnología Dolby Atmos se ha convertido en el siguiente paso. El apellido de Ray Dolby sigue entre nosotros entre ediciones Blu Ray y pases de cine. Pero aún hay más. Dolby Atmos ofrece un sonido envolvente real, un surround sin incoherencias en el espacio, el auténtico 3D. Pero para ello necesita montones de altavoces posicionados horizontal y verticalmente.

En cambio, con unos simples auriculares estéreo, puedes llegar a escuchar sonidos posicionados en 360°. Uno de los pioneros en potenciar esta tecnología fue el argentino Hugo Zuccarelli, quien creó una espacialización sonora, la holofonía, que permite escuchar la música desde cualquier ángulo, vertical u horizontal. Si el MP3 reducía la calidad y la exigencia del oyente, esta nueva tecnología apostaba por justo lo contrario: encontrar nuevos matices en la música de siempre.

Una de las mayores innovaciones en este campo viene de la mano de Coca-Coca, que ha creado el sonido IMMEX junto a Sony Music. Este estándar puede reproducirse sin necesidad de hardware adicional —la holofonía sí lo necesita—, incluso escuchando la pista desde Internet, gracias a las técnicas de postproducción. La grabación se realiza con un micro en forma de cabeza a tamaño real, desde el que se registran los sonidos. Este micro tiene la capacidad de detectar el lugar y a la distancia a la que se producen, respetando estos parámetros en su reproducción.


 

El sistema “Coca-Cola IMMEX” genera la sensación de estar viviendo una escena o situación con un grado de realismo impresionante, añadiendo una cuarta dimensión: la experiencia inmersiva. Suma a esto unas gafas de realidad virtual y habrás alcanzado la cota máxima de realismo.

Si los discos de cera eran apenas un hálito, un recuerdo de la grabación pretérita, mientras que el vinilo lograba transmitir el color del instrumento, el sistema IMMEX te dice dónde se encuentra cada músico con respecto a la grabación, haciéndote sentir en el local de ensayo o la sala de conciertos, en el núcleo mismo de la música.