La llama olímpica es el símbolo más visible de los Juegos Olímpicos. Sus orígenes se remontan a la antigua Grecia, en la que se conmemoraba el robo del fuego de los dioses por parte de Prometeo, el Titán amigo de los mortales, para su posterior entrega a la Humanidad.

El fuego es un elemento sagrado en la mitología griega y se mantenía ardiendo durante toda la celebración de los Juegos Olímpicos Antiguos en la villa de Olimpia, sede de las competiciones. Los primeros tuvieron lugar en el año 776 a. C. y se prolongaron hasta el año 393 d.C., casi doce siglos después de su inicio, cuando fueron abolidos por los conquistadores romanos al instaurarse el cristianismo como religión oficial y ser considerados paganos.


Los mensajeros recorrían toda Grecia para hacer saber a la población que los Juegos, que tenían lugar cada cuatro años entre julio y agosto, se aproximaban y anunciarles la fecha exacta. Suponían un periodo de paz en aquellos tiempos en los que las guerras eran muy frecuentes. De hecho, las ciudades-Estado tenían la obligación de detener las operaciones bélicas un mes antes de los Juegos y durante su desarrollo para que atletas y espectadores pudieran viajar, competir y disfrutar con relativa seguridad.

Los Juegos regresaron a Grecia, concretamente a Atenas, en 1896, pero el fuego no fue reintroducido hasta Ámsterdam 1928. Desde entonces, es parte fundamental de los Juegos Olímpicos Modernos, que se celebran cada cuatro años y que solo se han visto interrumpidos por las grandes guerras del siglo XX.

En Berlín 1936, para publicitar el poderío y la creciente influencia de la Alemania nazi, se introdujo por primera vez un viaje de relevos para llevar la llama desde Olimpia a la sede de los Juegos. Ese año, la antorcha recorrió Bulgaria, Yugoslavia, Hungría, Austria y Checoslovaquia hasta alcanzar la capital alemana.

Una vez anunciada la ciudad sede, el comité organizador local elige a un diseñador para poner su impronta creativa a la antorcha olímpica. Si bien su aspecto varía ligeramente de unos Juegos a otros, cada nueva versión tiene un denominador común: reflejar el espíritu olímpico.

La antorcha de los Juegos Olímpicos de Río 2016 es obra de la agencia Chelles & Hayashi, con sede en Sao Paulo, escogida por un jurado multidisciplinar en un concurso al que concurrieron 76 agencias. Fabricada por una empresa española con aluminio reciclado, trata de trasladar el encuentro entre el valor histórico de la llama olímpica y la calidez de los brasileños.

Una de las principales novedades de la antorcha de Río 2016, de riguroso blanco satinado, es que, cuando la llama pasa de un relevista a otro, se despliega mostrando varias anillas de colores que simbolizan la tierra, el mar, las montañas, el cielo y el sol de la exuberante naturaleza de Brasil.

La llama olímpica fue encendida el 21 de abril en las ruinas de la antigua ciudad griega de Olimpia. Tras recorrer parte del país heleno, el día 27 fue entregada a las autoridades olímpicas brasileñas en el estadio Panathinaikó de Atenas, donde tuvieron lugar los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna en 1896.

El 3 de mayo comenzó su viaje por Brasil hasta llegar el 5 de agosto al Estadio de Maracaná de Río, que acogió la ceremonia de inauguración de la XXXI edición de los Juegos Olímpicos.

Foto principal: André Luiz Mello | Río 2016.