La semana pasada, Verónica Boquete, una de las futbolistas españolas más destacadas a nivel internacional, fue seleccionada por la FIFA como una de las diez candidatas para recibir el Balón de Oro. Su designación por el máximo organismo del fútbol mundial pone de manifiesto lo que ya es una tendencia: el fútbol femenino ha llegado para quedarse, también en España, donde el número de jugadoras y equipos crece día a día.

Aún alejado de los grandes focos, ensombrecido de forma perpetua por la proyección mediática masculina, el fútbol femenino lleva una década labrándose su futuro. Nuevos talentos, competiciones más emocionantes y un progresivo aumento de mujeres federadas indican que, por fin, el fútbol femenino es una realidad con proyección de futuro y no un dubitativo proyecto. Desde su implantación tortuosa durante la década de los setenta hasta nuestros días, cada día más mujeres juegan al fútbol. Y es una noticia estupenda.

Popularidad, prohibición y resurgimiento

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Al igual que el surgimiento del fútbol en el ámbito masculino, su variante femenina también estuvo fuertemente ligada al obrerismo y a la incorporación de las mujeres a las fábricas europeas a principios del siglo XX. Pese a que el primer partido y equipo formado por mujeres data de la última década del siglo XIX, tanto en Escocia como en Inglaterra, no fue hasta la llegada de la Primera Guerra Mundial cuando las mujerescomenzaron a interesarse y a practicar el que, por aquel entonces, comenzaba a ser el deporte más importante del continente.

La llegada de la Primera Guerra Mundial provocó que millones de hombres marcharan al frente. En países industrializados como Inglaterra, la mano de obra que abandonaba la fábrica para agarrar el fusil hubo de ser sustituida por mujeres. Fue entonces cuando, al igual que los hombres, ellas entraron en contacto con el fútbol. Utilizado como vía de escape tras las duras horas en el trabajo, el fútbol se implantó en el ocio femenino y su popularidad fue creciendo progresivamente hasta alcanzar su cima unos años más tarde.

Poco a poco se crearon nuevos equipos y se organizaron diversos encuentros. No sólo muchas mujeres comenzaban a jugar al fútbol, sino que muchas de ellas, acudían a los estadios a observar los partidos. En algunos, como el que enfrentó a una selección francesa frente al Dick, Kerr’s Ladies, combinado inglés, se llegaron a registrar audiencias de más de 50.000 personas, cifra hoy en día soñada por cualquier club de fútbol femenino internacional.

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Su apogeo en Inglaterra duró muy poco. En 1921, apenas tres años después del fin de la Primera Guerra Mundial, la Football Association, la federación de fútbol inglesa, decidió prohibir los partidos entre mujeres. La medida cercenó de raíz la evolución del primitivo fútbol femenino, en una época en la que, en Inglaterra, su popularidad y fama podía compararse a la de la variante masculina. La FA mantuvo la prohibición cincuenta años. No fue hasta 1971 cuando se permitieron los encuentros entre féminas de nuevo.

La apuesta de los órganos rectores del fútbol internacional por potenciar el papel de las mujeres en el mismo comienza a partir de la década de los setenta, cuando se crean los primeros equipos profesionales femeninos de fútbol. Durante los ochenta la evolución será lenta pero significativa, como demuestra la creación de la primera liga profesionalfemenina del mundo en Japón. El crecimiento tanto social como deportivo del fútbol femenino será lento, pero constante, durante los noventa. La llegada del siglo XXI servirá como punto de inflexión.

El estallido del nuevo milenio

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El impulso dado desde determinadas federaciones no necesariamente punteras en el fútbol masculino (como es el caso de Estados Unidos, Japón o Canadá) ha favorecido que el estallido de la competición femenina desde la década de los setenta sólo se pueda calificar como asombroso. Tan sólo un dato valdría para mostrar de qué modo ha crecido el fútbol femenino durante las últimas décadas: en 1971 tan sólo se jugaron dos partidos internacionales, en los que tomaron parte tres equipos diferentes. Cuarenta años más tarde, en 2011, 129 selecciones se enfrentaron a lo largo de todo el globo terráqueo en un total de 514 partidos.

Los últimos datos de la Federación Internacional de Fútbol (FIFA) indican que alrededor de 30 millones de mujeres y niñas practican fútbol de forma regular en el campo federado, ya sea amateur o profesional. El dato más significativo, sin embargo, no es este, que en comparación al número total de hombres puede parecer menor. La FIFA destaca al mismo tiempo el porcentaje de niñas entre los jugadores jóvenes del mundo,que asciende al 12%, una cifra nada despreciable habida cuenta del contexto histórico del fútbol femenino.

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El anuario-balance que publicó la UEFA el año pasado sobre el fútbol femenino en Europa arroja más datos de interés, que ponen de manifiesto el crecimiento significativo y ya asentado de la competición femenina en el continente: 69.000 clubs cuentan con equipo femenino; 11 federaciones nacionales cuidan la cantera femenina mediante escuelas orientadas para ellas; hay más de 7.000 árbitros mujeres; y en total se destinaron más de 80 millones de euros a la promoción y mantenimiento del fútbol femenino sólo durante 2013.

Las cifras de participación totales son más impresionantes si se comparan con las que podríamos encontrar en Europa apenas un par de décadas antes. De las 200.000 mujeres que jugaban al fútbol en el continente a mediados de la década de los ochenta hemos pasado al millón de ellas, en un incremento que se volvió vertical cuando se inició el nuevo milenio.

Un crecimiento imparable

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Las mujeres cada vez tienen posiciones de mayor importancia en los propios organismos federativos, nacionales e internacionales, aunque su participación continúe siendo minoritaria. Otros campos como el de la dirección técnica y deportiva o el arbitraje observan también han registrado un importante aumento durante los últimos años. Todo ello desarrollado gracias al aumento de recursos por parte de las entidades gestoras del fútbol mundial. La UEFA destina partidas específicas a las federaciones nacionales para el fútbol femenino. En total, más del 70% del presupuesto para el fútbol femenino de la UEFA se invierte en la base del sistema, capital para asegurar su futuro crecimiento.

Sin embargo, aún queda mucho trabajo por hacer. La pasada Copa del Mundo Femenina fue albergada por Alemania, y la final se dirimió entre Japón y Estados Unidos. Alemania es uno de los países europeos que más y mejor cuida el fútbol femenino, y tanto las audiencias como los espectadores fueron buenas. Lejos, no obstante, de los partidos regulares de la Bundesliga, la liga masculina alemana. Aunque los trofeos internacionales de semejante calado centran la atención esporádicamente sobre el fútbol femenino, durante el resto de la temporada la competición pasa mucho más desapercibida.

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La visibilidad pública y el márketing es parte capital de la promoción del fútbol femenino. Es el mejor modo de atraer a jóvenes jugadoras. El seguimiento aún es desigual en función de la geografía. Mientras que en países como en Suecia la liga femenina cuenta con gran presencia social, otros adolecen de infraestructura e interés público, pese a contar con algunas de las mejores jugadoras. Algo que muestra el balance agridulce del fútbol femenino.

Se trata del caso de Marta Vieira da Silva, comúnmente conocida como Marta. Brasileña, fue galardonada durante cinco temporadas consecutivas como la mejor futbolista femenina del mundo. ¿Lo logró en su país? Por desgracia para el fútbol femenino brasileño, no. Marta, al igual que muchos otros talentos femeninos del país sudamericano, se vio obligada a emigrar en el mejor momento de su carrera profesional para ganarse la vida con los frutos de su pasión. Recaló primero en el Umea y más tarde en el Tyresö FF, conjuntos de la Liga Sueca, donde aún se desempeña. Estrella pese a su país, Marta es tan sólo el reflejo de la realidad de Brasil, donde el fútbol masculino todo lo abarca sin dejar espacio al femenino, que continúa en una situación de abandono y desinterés.

Si el caso de Marta muestra la cruz, el de otras jugadoras simboliza la cara. A la hora de hablar de futbolistas mediáticas y respetadas hay que dirigirse a Estados Unidos. Allí grandes símbolos históricos de la selección femenina de fútbol gozan de gran respeto e importancia, como es el caso de Mia Hamm. No sólo eso: durante los últimos años futbolistas como Hope Solo o Alex Morgan han logrado alcanzar tanta popularidad como las grandes tenistas o las estrellas más importantes del deporte femenino. Su desempeño en el campo les ha llevado a firmar patrocinios multimillonarios con firmas deportivas y publicitarias del más alto nivel. Al contrario que Martas, ellas sí han podido desempeñar su carrera en su tierra natal, donde el fútbol femenino ha gozado de tanto cuidado y proyección, sino más, que el femenino.


La selección finalmente logró el pase en un final de infarto, y va camino de hacer lo propio de cara al Mundial de Canadá. Sus participaciones anteriores en trofeos así eran residuales. Hoy los clubes crecen, y el mejor ejemplo de ello es el Barcelona. Su equipo femenino nunca había conseguido una Liga (donde los clubes punteros solían ser el Levante, el Athletic o el Rayo Vallecano), y en las últimas tres ediciones las ha ganado todas. El presupuesto del equipo asciende los 500.000 euros, lejos, por contra, de los presupuestos que manejan los grandes clubes de europa, que doblan esa cantidad.

Por todo ello, el día a día de las futbolistas es muy diferente al de sus homólogos masculinos. El caso de algunas jugadoras del Barcelona es paradigmático: Melanie Serrano, además de defensa en el campo, también es monitora en un colegio. Otras comoSonia Bermúdez o Marta Torrejón compaginan su vida en el estadio y los entrenamientos con sus estudios. La primera ya se tituló en INEF y en la actualidad estudia dos másters. La segunda es estudiante de Biología. El fútbol femenino en España es un trabajo temporal, donde pocas jugadoras pueden vivir plenamente de él. La falta de financiación, en contraposición a los presupuestos desorbitadosde los equipos masculinos, empuja a muchas de ellas a emigrar a Ligas más potentes.

Cada vez más mujeres juegan al fútbol en España

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Como ya hemos visto, uno de los principales métodos para valorar la salud de cada disciplina deportiva es el número de personas que están federadas. En el caso de Españael crecimiento de licencias federativas en el fútbol femenino durante la última década es notorio. La tendencia se enmarca dentro de la proyección general del deporte femenino. No sólo se trata de que las mujeres consigan los logros más señalados del deporte español en disciplinas como atletismo o natación, o en competiciones como los Juegos Olímpicos, sino de que en el día a día, a pie de calle, hay más mujeres practicando su deporte favorito.

Entre 2003 y 2013 el volumen de mujeres federadas respecto al total ha crecido cinco puntos porcentuales, pasando de un 16% a un 21% en una década. En el caso del fútbol, uno de los deportes más practicados por ellas aunque no el más popular, las licencias federativas han pasado de 11.300 en 2003 a 40.606 en 2013Un crecimiento espectacular de más del 300% en apenas diez años, con todo lo que ello implica: más equipos de fútbol femeninos creados desde la base, más competiciones, más apoyo para practicar deporte por parte de las instituciones y más visibilidad pública.

Al igual que a nivel internacional, en España hay tanto noticias positivas como negativas. Mientras el crecimiento de jugadoras a nivel base es continuado, el seguimiento es bajo. Un ejemplo: España participó en la última Eurocopa tras una repesca en la fase de grupos frente a Escocia. El primer partido entre ambas selecciones se jugó en el país británico, con una asistencia de más de 4.000 personas. La cifra en el partido de vuelta, en España, fue menor: tan sólo 800 personas vieron a la selección jugarse su pase al campeonato.

El futuro: sólo puede ser más y mejor

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De modo que sí: el fútbol femenino está aquí, se ha asentado y no piensa moverse. Ha llegado para quedarse y el futuro que le espera sólo puede deparar más mujeres jugando al fútbol, haciéndolo mejor y con más personas pendientes de ellas. El camino ha sido difícil y lo seguirá siendo en el futuro, pero los datos invitan al optimismo: llegará más financiación, más posibilidades de crecimiento y más oportunidades para todas las jóvenes futbolistas.

¿Por qué no, en el futuro, las estrellas del deporte femenino estén a la misma altura que las del deporte masculino en reconocimiento y proyección histórica? Si algo han demostrado ya los enfrentamientos y los campeonatos entre mujeres es que los partidos pueden ser tan emocionantes como los masculinos, y que las jugadoras están tan dotadas y son tan hábiles como los célebres futbolistas varones. Quizá dentro de poco estampas como la de un San Mamés a rebosar para ver al Athletic Femenino sean más habituales. De modo que, ¿a qué estás esperando para hacerte socio del club de tu ciudad?

Imagen: Wikipedia (Ailura)Allan Patrick (Flickr)Wikipedia (Katxijasotzaile)Agencia de Noticias Andes (Flickr)Anders Henrikson (Flickr)Wikipedia (Xavier Rondón Medina)