Un viernes de cada mes los empleados de Coca-Cola celebran lo que ellos llaman el Fribreak. Con el director general de Coca-Cola para España y Portugal, Jorge Garduño, como maestro de ceremonias, se trata de una distendida reunión interna que tiene lugar a media mañana en el acogedor y alegre comedor de la sede en Madrid de Coca-Cola.

“Hablamos de temas de interés, de cómo marcha el negocio, de las nuevas incorporaciones e, incluso, se presentan campañas en primicia para que los trabajadores estamos enterados más y mejor que nadie”, afirma Silvia Arribas, Ambassador Project Manager. Sin embargo, el Fribreak del viernes 28 de octubre fue diferente a los demás.

Los empleados llegaron a él más relajados que de costumbre. Y es que empezaron la jornada laboral -que los viernes acaba a las 13.30 horas- recibiendo El libro de los amigos. Dentro, dos botellas Contour, una con el nombre de cada trabajador y la otra con su primer apellido: un guiño a la nueva campaña Comparte una Coca-Cola con…. “La compañía la haces tú, las personas. Son lo más importante”, destaca Arribas.

Después, tocaba una original sesión de fotos. En grupo o a solas, ataviados con paraguas, cascos o gafas, o cargando con una caja de botellas de Coca-Cola al hombro, los empleados tenían la oportunidad de actualizar las instantáneas que periódicamente les hace la compañía para uso interno y externo.

En todo el mundo tienen la misma identidad visual: en blanco y negro con elementos en rojo. Pero, por primera vez, los trabajadores eran inmortalizados dando un trago en pajita a una botella de Coca-Cola bien fresquita, al más puro estilo de la campaña Siente el Sabor.

El equipo de Coca Cola


“No hay mejor forma de empezar un viernes que así. Con buen rollo. Esto es construir equipo, hacer que te sientas parte de la empresa, que todos somos uno”, señalaba Susana, del Departamento de Marketing. “Es de las pocas oportunidades que tienes para departir con gente de otras áreas, y eso es muy enriquecedor”, decía por su parte Mario, del Departamento Comercial. “El día a día te come y hay personas a las que no ves. Este es, precisamente, el momento para hacerlo”, añadía su compañera Filipa.

En opinión de la responsable de Recursos Humanos de Coca-Cola Iberia, Marta Muñoz, “este tipo de iniciativas crean orgullo de pertenencia. Cuando los trabajadores ven que son parte de algo tan personalizado, lo que les estamos diciendo es que todos y cada uno de ellos son importantes, aportan algo único. Hoy les estamos transmitiendo que les queremos cuidar y que deseamos que se conviertan en nuestros mejores embajadores”.

Sin dejar el comedor, la sesión de fotos y la posterior reunión interna daban paso a una esperada cita. "La relación de Coca-Cola con el deporte viene de lejos y su participación en los Juegos Olímpicos se remonta a Atenas 1928”, recordaba la responsable de Comunicación de Coca-Cola Iberia, Leticia Iglesias, para presentar a continuación a tres de los héroes españoles en Río 2016. Allí estaban Artemi Gavezou, del equipo de gimnasia rítmica, medalla de plata; Carlos Coloma, bronce en ciclismo de montaña; y Andrés Mata, diploma olímpico en halterofilia.

Leticia Iglesias y tres deportistas de Río 2016 hablan para los empleados de Coca Cola

Durante más de una hora, los tres atletas contestaron a las preguntas de los empleados. Entre ellas, qué se les pasó por la cabeza al hacerse con la medalla o el diploma olímpico; qué importancia tienen en el deporte de élite las becas ADO, que apoya Coca-Cola; o cómo aguantan la presión y mantienen la concentración para dar lo mejor de sí mismos, en un intento de extrapolar sus técnicas al ámbito laboral. “Si el trabajo, del tipo que sea, te hace feliz, eso siempre te llevará a realizar esfuerzos y cumplir tus metas y sueños”, resumió Coloma, de quien pudo verse el último y emocionante capítulo de Chasing Río, la trilogía de videos dirigida por Iñigo Jiménez que muestra su sacrificio hasta el bronce olímpico.

El broche de oro a la jornada lo ponía una foto de familia de los empleados con los deportistas. Ninguno quiso perdérsela. No fue en blanco y negro, ni con atrezo en rojo, pero seguían dominando las sonrisas.