Que la gasolina y otros derivados del petróleo van a ir cediendo protagonismo como combustibles para la automoción es algo que cada día está más claro. No es sólo que el petróleo sea una fuente de energía no renovable, y que a medida que se vaya acabando será cada vez menos accesible para la mayoría de la gente, sino que existe en la población una creciente conciencia mediambiental que se preocupa cuidar el planeta, reducir las emisiones y mejorar el aire que respiramos.  

Sin embargo, lo que no está tan claro es el tipo de vehículo que acabará imponiéndose. Los coches eléctricos parecen haber tomado la delantera, pero presentan varios problemas, especialmente relacionados con la duración de la batería y el tiempo que esta tarda en recargarse. Pero, ¿y si existiera un coche que funcionara únicamente con agua?

El agua como combustible ¿Futuro próximo o ciencia ficción?

No es esta una pregunta sencilla de contestar, pero vamos a intentarlo. En principio, y aunque sea basándonos en investigaciones en curso, podemos afirmar que el agua podría ser el combustible de un futuro próximo, pero con bastantes matices. 

Así, por ejemplo, no podríamos simplemente enchufarle la manguera del jardín al coche como ahora hacemos con la de la gasolina, sino que el agua podría ser la fuente a partir de la cual obtener hidrógeno, y utilizar éste como combustible, o también una medio con el cual "rellenar" las baterías de nuestros coches eléctricos al instante. Pero vayamos por partes:

Obteniendo hidrógeno a partir de agua ¿En qué ha avanzado la ciencia?

El hidrógeno es, a nivel energético, un magnífico combustible, y además se puede conseguir fácilmente a partir de agua. Los motivos por los que no se ha extendido como combustible alternativo son varios. Un primer inconveniente es que se trata de un gas a temperatura ambiente, lo cual dificulta su transporte, uso y recarga, y plantea cuestiones de seguridad. También es más caro fabricar coches que lo aprovechen y, sobre todo, todavía no es una energía ni barata ni renovable.

Sí, el agua es un bien abundante, y además al usar al hidrógeno como combustible liberaría vapor de agua en vez de dióxido de carbono, pero la cuestión es que actualmente para separar las moléculas de hidrógeno de las de oxígeno, hace falta más energía de la que luego obtenemos, y también son necesarios electrocatalizadores de metales preciosos como el platino.

El resultado es que actualmente cuesta casi ocho euros hacer 100 km con un coche de hidrógeno, lo que no justifica ni las grandes inversiones necesarias en infraestructuras de recarga ni el mayor coste de los vehículos, amén de que no se trataría de un vehículo sostenible al 100%, ya que, aunque no produzca emisiones, sí que se han debido emitir para producir el combustible.

Sin embargo, se está investigando activamente en diferentes métodos para obtener hidrógeno sin necesidad de emplear grandes cantidades de energía ni metales preciosos. En esa línea, investigadores de la Universidad de Stanford han conseguido obtener hidrógeno de forma barata y sin emisiones nocivas usando únicamente una pila de 1,5 voltios (como las AAA) y catalizadores compuestos de hierro y níquel, dos metales muy abundantes.


Pero no son estos los únicos avances logrados en este campo, porque un grupo de científicos de la Australian National Universityhan descubierto una forma para obtener hidrógeno puro mediante fotosíntesis, utilizando procesos bioquímicos similares a los que ocurren en las plantas, en vez de electrolísis, que es el método convencional. 

Estos científicos australianos han conseguido recrear en el laboratorio el proceso bioquímico por el cual las plantas recogen agua y dióxido de carbono y, usando la energía del sol, rompen la molécula de agua para obtener hidrógeno y oxígeno. La ventaja de este método es que no se necesita grandes cantidades de energía, únicamente luz solar y agua, ni tampoco ningún metal escaso.

Lógicamente, a estos dos métodos de obtener hidrógeno aún les quedan varios años de laboratorio y desarrollo para ser una realidad, y es posible que finalmente no sean viables, pero si cualquiera de ellos triunfa, sería un empuje sustancial para que el coche de hidrógeno sea una propuesta atractiva y mucho más sostenible.

¿Y si usáramos agua para recargar las baterías de nuestro coche eléctrico?

Ya hemos explorado los prometedores avances respecto a la obtención de hidrógeno, pero no es menos cierto que los coches eléctricos ofrecen importantes ventajas frente a los de hidrógeno: son más fáciles y baratos de fabricar, más seguros (ya que no llevamos un tanque con gas en el coche) y, además, tienen la ventaja de que no hace falta ninguna infraestructura de recarga, ya que la red eléctrica ya está extendida por todas partes.

El problema de los coches eléctricos puros (hay otros que combinan un motor de gasolina con uno eléctrico) tiene mucho más que ver con su autonomía y su velocidad de recarga. Los modelos más asequibles, como el Nissan Leaf o el BMW i3, ofrecen una autonomía homologada de 200 kilómetros, aunque en la práctica esa autonomía se acerca más a los 100 que a los 200 kilómetros.

Sin embargo, su mayor inconveniente es el tiempo de recarga, que supera fácilmente las cuatro horas, lo cual obliga a una recarga nocturna, e imposibilita utilizar el vehículo para viajes de media distancia. Sólo el Tesla Model S ofrece una autonomía de más de 300 kilómetros, llegando casi a los 500 kilómetros en los modelos superiores. Además, está extendiendo una red de supercargadores (en España, para 2015) que permitiría una recarga del 80% de la capacidad en sólo 20 minutos, y una recarga completa en 40 minutos. Pero claro, sus precios a partir de 70.000 euros lo sitúan como una alternativa excesivamente cara.

Con estos problemas en mente, ¿y si pudiéramos usar agua para recargar las baterías de nuestro coche eléctrico? Es decir, que si en vez de tener que cargar la batería, simplemente pudiéramos "rellenarla" en solo unos minutos en una gasolinera diseñada a tal efecto. Esto se puede conseguir con las baterías de flujo. 

Explicado de forma sencilla, las baterías de flujo funcionan haciendo pasar dos líquidos por ambos lados de una membrana, uno cargado positivamente y otro negativamente. Así, cuando los líquidos liberan su carga, ésta se emplea para mover el vehículo. El líquido empleado es similar al agua salada, aunque no el tipo de agua salada que encontraríamos en el mar, sino una solución muy concreta de ciertas sales metálicas. 

Una tecnología similar lleva tiempo empleándose para almacenar energía en parques eólicos y solares, solo que a mayor escala, así que el reto consiste en adaptarlo para que quepa en un vehículo convencional, lo que requiere aumentar sensiblemente la densidad eléctrica de los líquidos empleados.

De lograrse, los investigadores afirman que las baterías serían sensiblemente más económicas que las de Litio utilizadas actualemnte, además ofrecerían una autonomía mayor, no se degradarían como las actuales y no contendrían metales nocivos para el medio ambiente. Por si eso no fuera poco, con este sistema, además de poder recargar la batería enchufando el vehículo a la corriente como hasta ahora, podríamos "rellenar" nuestra batería sustituyendo los líquidos descargados por unos con una carga completa en una "gasolinera" diseñada a tal efecto.

Este superdeportivo, por ejemplo, es un prototipo de nanoFlowcell presentado este año en el salón del automovil de Ginebra, que utilizará baterías de flujo que están siendo desarrolladas en el Fraunhofer Institute alemán. Promete una potencia de 920 CV gracias a sus cuatro motores eléctricos, y una autonomía de casi 600 kilómetros.