Entrevistamos a Ricardo Sagarminaga van Buiten sobre su proyecto para salvar la biodiversidad marina

Actualmente, más de 300 millones de personas trabajan en la pesca o en industrias relacionadas. Casi un 5% de la población mundial vive de la pesca, siendo una actividad clave en muchas comunidades y también una parte importante de nuestra alimentación. 

Sin embargo, a pesar de las regulaciones vigentes, el incremento de las actividades pesqueras está degradando el medio ambiente marino, lo que conlleva la extinción de muchas especies marinas y pone en peligro el suministro de alimentos y una forma de vida.

Coca-Cola España y Ashoka, la mayor red social de emprendedores innovadores, se han unido para colaborar en un proyecto de trascendencia mundial, salvar la biodiversidad marina. Su apoyo ayudará al emprendedor Ricardo Sagarminaga van Buiten, especializado en la coordinación de programas internacionales de investigación y conservación, a lograr el objetivo de cambiar la mentalidad de todos los grupos de interés vinculados a la industria pesquera y al transporte marítimo. Porque la conservación del medio marino no es solo responsabilidad de grupos ecologistas.

Hoy tenemos la oportunidad de entrevistar a Ricardo para que nos cuente más detalles sobre cómo piensa lograr que organizaciones medioambientales y pescadores remen en la misma dirección. 

Entrevista a Ricardo Sagarminaga van Buiten

“Ricardo Sagarminaga van Buiten, especializado en la coordinación de programas internacionales de investigación y conservación, así como en el desarrollo de medidas tecnológicas para la mitigación de los riesgos ambientales asociados a la actividad pesquera, defensa, energía, transporte y turismo” es una descripción muy larga. ¿Podrías describir tu trabajo en una línea?

Nuestro trabajo consiste en crear puentes de colaboración a partir de la integración activa de gestores, pescadores y marinos en nuestras campañas de investigación.

Antes de entrar en materia, cuéntanos un poco más sobre ti. Has sido activista de Greenpeace. ¿Qué te llevó a interesarte por la conservación del medio ambiente?

Mi interés por el medio ambiente viene inculcado por mis padres, mi educación y personas como Jaques-Yves Cousteau o Félix Rodriguez de la Fuente. El mar es una pasión que llevo en los genes debido a mis orígenes neerlandeses y vascos. Tuve la suerte de participar como activista en algunas campañas muy emblemáticas de Greenpeace a principios de los 80. Entonces Greenpeace era una organización muy pequeña, éramos David contra Goliat, pero se consiguieron grandes hitos para el medio marino, como la paralización a nivel mundial de los vertidos de residuos tóxicos y radiactivos al mar.  

Sí, desde luego. Creo que lo que nos diferencia del sector de conservación más tradicional es el pragmatismo de no ver a los diferentes actores como enemigos, sino como accionistas con quienes se pueden buscar soluciones realistas a problemas concretos, siempre que estén basados en la ciencia. A menudo en el sector de conservación se considera que el negocio es parte del problema, mientras que para nosotros el negocio es parte de la solución. 

El éxito del programa se basa en gran medida en la implicación de los actores clave y la búsqueda de soluciones positivas para todos los implicados. ¿Cómo se consigue que grupos de interés tan enfrentados históricamente como pesqueros y ecologistas se sienten a hablar?

Aquí está el problema a mi modo de ver. En el sector conservación hemos encasillado demasiadas veces a sectores enteros como el “enemigo”. También porque al público es más fácil venderle mensajes sencillos de “bueno” contra “malo”. Mi experiencia es que, cada vez que me he sentado con otros grupos de interés, he encontrado a gente razonable y muy dispuesta a colaborar en la búsqueda de soluciones. Claro que siempre que nos sentamos en una mesa a discutir, lo hacemos sobre una base científica robusta, y eso es clave para generar una confianza indispensable.

Por otro lado, nos parece muy interesante que el proyecto plantee el uso de la innovación y la ciencia aplicada, tratando de desarrollar estrategias de pesca eficaces que preserven el medio ambiente a la vez que resulten rentables. ¿Podrías poner un ejemplo? 

En el sector de investigación y conservación del medio marino estamos viviendo una época apasionante. Es una auténtica revolución. Por fin tenemos herramientas para abordar el reto que planteaba Cousteau, quien decía que sabíamos más del espacio exterior que de nuestros océanos. Los satélites, los robots oceanográficos y las comunicaciones de la era digital nos están permitiendo avanzar a grandes pasos en el conocimiento de nuestros ecosistemas marinos. Una marca satelital colocada sobre una tortuga nos envía cada día durante más de un año multitud de datos de sus desplazamientos, sus inmersiones, sus preferencias térmicas, etc. Podemos incluso poner marcas con vídeo, como las de National Geographic Crittercam, que suman a estos datos imágenes del comportamiento de alimentación y socialización de los animales. Por otro lado, nuestras computadoras nos permiten combinar y modelizar bases de datos gigantescas, lo que hace apenas dos décadas era impensable. Son herramientas nuevas que requieren una mente abierta y una capacidad importante de abstracción, pero son herramientas también muy prácticas que nos permiten abordar cuestiones urgentes de gestión de riesgos, como por ejemplo la captura accidental de tortugas. En el Mediterráneo, el marcaje de atunes y tortugas nos ha permitido reducir en más de un 95% la tasa de captura accidental de tortugas en anzuelos de palangre de pez espada. Simplemente calando los anzuelos a cierta profundidad y con carnada de pescado, el problema prácticamente desapareció sin afectar de forma negativa a la pesca.

Ruta de un ejemplar de tortuga utilizando sistemas de rastreo



El trabajo realizado en el mar de Alborán avala el proyecto, donde en solo cinco años se ha logrado reducir la captura accesoria de tortugas en un 95% y reorganizar las rutas marinas (que suponen el 25% del tráfico mundial) para salvaguardar a los delfines. ¿Cómo se lleva un proyecto así a escala mundial?

En ambos casos se trataba de problemas que afectaban tanto a actividades humanas de escala internacional como a especies con distribución transoceánica. La respuesta es sencilla: hay que analizar el problema y los factores que inciden en su magnitud para poder identificar potenciales medidas tecnológicas de gestión de riesgo. Luego hay que sentarse con todos los actores y ver cómo se puede abordar esta gestión de modo pragmático. Al igual que en el caso de la captura accidental de tortugas en palangre de pez espada, en el caso del tráfico marítimo nuestras reuniones con los actores nos permitieron identificar una solución que interesaba a todos: el desplazamiento del dispositivo de separación de tráfico del Cabo de Gata 20 millas más al sur. Podría sonar utópico mover el 25% del tráfico marítimo mundial, pero bastó de unas cuatro reuniones y la elaboración de una propuesta sencilla que fue aclamada en la Organización Marítima Internacional. Seis meses más tarde todos los mercantes y petroleros seguían la nueva ruta. Estos casos de éxito son ahora lo que estamos exportando a otros lugares del planeta, donde los mismos sectores y las mismas especies están en conflicto.

Imaginamos que el apoyo Ashoka y la colaboración de Coca-Cola son clave para el proyecto. ¿Qué es lo que permite contar con un apoyo así y por qué crees que una empresa como Coca-Cola se compromete con esta iniciativa? 

Ashoka apuesta por la empatía, y esto es sin lugar a dudas la clave también de nuestro éxito, rompiendo los moldes del conservacionismo convencional que se basa más en la confrontación. Trabajar con sectores y especies de ámbito transoceánico es apasionante. Nos permite intercambiar perspectivas, buenas prácticas, errores a no repetir, etc.  Coca-Cola tiene también esta misma perspectiva del planeta, y su visión puede ayudarnos a acelerar procesos para que todos nos podamos beneficiar de un networking que permita acelerar los avances de la ciencia y evitar repetir errores.



Suponiendo que podemos extrapolar los éxitos logrados hasta ahora a una escala mundial (ya se está trabajando también en Malta, en el Pacífico y en muchos países de África y Latinoamérica). ¿Qué repercusión puede tener el proyecto a nivel medioambiental?

A nivel medio ambiental esperamos conseguir la exportación de buenas prácticas pesqueras a todas las flotas de pesca de atún, lo que supondría una contribución inestimable a la recuperación de las poblaciones de tortugas marinas. Hacer entender a los pescadores la función vital del “efecto oasis” de las tortugas en mar abierto es un importante paso. Tendría repercusiones inmediatas en el rendimiento de los ecosistemas de mar abierto, donde encontramos las especies pelágicas que deben ofrecer el sustento para unas pesquerías industriales capaces de hacer frente de forma sostenible a la creciente demanda de alimentos.


¿Y a nivel socio-económico? 

A nivel socio económico esperamos que el proyecto ayude a hacer más competitivos a los pescadores responsables. Necesitamos promover la imagen positiva del pescador que apuesta por la sostenibilidad económica, social y medio ambiental. Por otra parte, a través de la creación de puentes entre pesquerías industriales y comunidades costeras en países en vías de desarrollo, esperamos mejorar la sostenibilidad de la pesca de sustento, mejorando también la seguridad en la mar y ofreciendo alternativas para que las comunidades costeras se desarrollen de forma óptima.  


A modo de resumen, imagino que encontrarás reticencias en ambos “bandos”. ¿Podrías tratar de “vendernos” el proyecto y convencernos de las bondades del planteamiento como si fuéramos pescadores?¿Y como ecologistas?

Mi herramienta para esto suele ser el “careo”. Yo puedo sentarme con amigos ecologistas y hablarles acerca de la importancia de apoyar al pescador responsable para evitar la dinámica actual de desplazamiento de la pesca hacia “banderas de conveniencia”. Es sencillo, porque tenemos el ejemplo de lo ocurrido con las marinas mercantes, y su consiguiente resultado en accidentes de buques con banderas de este tipo (“Prestige”, "Exxon Valdez”, “Amocco Cadiz”, etc.) También puedo ir al puerto pesquero y hablar con los pescadores de las distintas medidas tecnológicas que pueden ser útiles tanto para ellos como para las tortugas. O hablarles de las bondades del establecimiento de áreas marinas protegidas. Pero lo que realmente funciona bien es cuando meto en una misma sala, camarote o aula a pescadores, ecologistas, científicos y gestores, forzando un diálogo en el que surge la empatía. A menudo me entra el pánico justo antes de la puesta en marcha, como cuando el año pasado metí en un avión a un palangrero con una inspectora de pesca, un biólogo, un documentalista y dos profesores. Pero al final, cuando la convivencia en un espacio cerrado eclipsa las etiquetas que nos ponemos, todos empezamos a razonar y a entender que nuestra postura no es la única y que es preciso respetar los requerimientos de todas las partes para poner en marcha una gestión viable.