Faltan aún más de 10 horas para que el público ocupe sus butacas y disfrute de la ópera de esta noche, pero en el interior del Teatro Real el ajetreo comenzó temprano. Ajenos a la luz natural y al bullicio exterior, más de 150 técnicos trabajan bajo los focos para dejar perfecto el escenario de Alcina, la mágica ópera de Händel, estrenada por primera vez en Londres en 1734.

En plena faena y encaramado a una escalera está Luis, uno de los participantes de GIRA Jóvenes Coca-Cola 2015 que realiza sus prácticas laborales en el equipo de Maquinaria. Ayuda a colocar la guía del telón de fondo en su tramo más elevado y de paso comparte protagonismo con un dinosaurio de atrezo de unos cinco metros que preside el escenario.

Su compañero Cristofer está abajo, encajando y atornillando las embocaduras del escenario. Ya antes de entrar en este proyecto era hábil con las herramientas, pero ahora tiene ganas de más: “Quiero seguir aprendiendo, apuntarme a una escuela de teatro y estudiar maquinaria porque se me da bien y me gusta.

Al principio no entendía mucho porque en el teatro tienen su propia jerga para todo, pero ahora lo que quiero es seguir en este mundo”. Sus tutores, Jose Ramón y Blas, le animan a continuar y coinciden: “Es un crack”.

Por dentro, este curioso edificio de 22 plantas se parece a un gran barco. Es fácil perderse en su laberinto de escaleras, plataformas larguísimas que se mueven vertical y horizontalmente, montacargas construidos para gigantes y un bosque de cilindros hidráulicos que recuerda a una película de ciencia ficción.

Sin embargo, los 11 jóvenes que participan en GIRA Jóvenes Coca-Cola ya se mueven con soltura por los entresijos del Teatro Real junto con los cerca de 500 empleados que trabajan en él.

Todos dicen que en la planta -3 trabajan “los magos del Teatro Real”, capaces de construir cualquier cosa de la nada, desde imitaciones de joyas hasta camiones o cabezas del tamaño de un edificio de tres plantas. También dicen que este departamento, el de Utilería, es el más divertido de todo el teatro, que se pasan el día imaginando lo imposible y haciéndolo realidad a base de manualidades e ingenio.

En eso están Juan Carlos y Talía. Él acaba de terminar el molde de una máscara y ella decora cientos de pasteles y tartas -apetitosos pero falsos- para una producción infantil.

“Llevan dos meses y se han adaptado muy bien”, nos cuenta Alberto, uno de sus tutores, “modelan, pintan, construyen y tienen buenas ideas. De hecho Talía nos sorprendió a todos cuando nos pidieron rosas y ella se puso a hacerlas con papel. Nos dejó alucinados porque ninguno de nosotros sabía cómo hacerlas. Han sido todo un descubrimiento”.

“Yo soy la primera que me he sorprendido a mí misma”, interviene la participante de GIRA Jóvenes Coca-Cola, “soy mucho más creativa de lo que pensaba y esta experiencia ha despertado en mí un interés por estudiar algo relacionado con el arte que no sospechaba.” Se la ve contenta y en su salsa, cree que este proyecto puede cambiar el rumbo de su futuro. Tanto Talía como Juan Carlos están convencidos de que nada habría sido posible sin la implicación real de los tutores y de todo el departamento: “Mi tutor es para mí como de la familia”, dice él. “Son increíbles, nos dan mucha confianza y así han conseguido que aprendamos”, añade ella.

Varias plantas más arriba, rodeada de pelucas, postizos, barbas y bigotes, Alejandra trabaja con la rueca en el departamento de Caracterización. Aquí no sólo se encargan de maquillar y caracterizar a todos los artistas, también fabrican las pelucas ellos mismos, y lo hacen, con pelo natural, uno a uno, algo de lo que ningún otro teatro en España puede presumir ya que éste es el único que cuenta con taller de posticería.

Esta experiencia te cambia la vida1
Alejandra, que escogió caracterización para mejorar sus nociones de peluquería e iniciarse en el mundo del maquillaje, dice que esta experiencia está superando todas sus expectativas. En la ópera Alcina el mayor reto es el envejecimiento de un personaje para lo cual contarán, como siempre, con poco tiempo. Sólo faltan dos horas para que comience la ópera. Alejandra baja hasta la planta 0, donde están el escenario y el patio de butacas, entra en el camerino de maquillaje y coloca todo lo que va a necesitar.

Cuando llegan los primeros figurantes, Alejandra lo tiene todo preparado, humedece y engomina la melena de uno de los artistas y empieza a trenzarla: “Es mi especialidad. Dicen que hago las trenzas muy bien y muy rápido”, afirma orgullosa.

Dejamos a Alejandra trabajando y volvemos a subir. Un largo pasillo repleto de percheros nos indica que estamos cerca de Sastrería. Frente a la mesa de ocho metros de largo que preside este magnífico taller está Leticia, armada con agujas, hilos, cinta métrica, tijeras, alfileres e imperdibles. La participante en GIRA Jóvenes Coca-Cola comienza los arreglos del vestuario de Rigoletto, la siguiente ópera en el programa. A su lado está Pedro, experto sastre y costurero con muchos años de profesión que ejerce de mentor en el proyecto: “Ella es muy joven y este trabajo requiere de mucha paciencia, pero se esmera muchísimo”.

Leticia llegó al Teatro Real sin saber casi nada de costura. “Como mucho podía coser un botón”, reconoce entre risas, “lo primero que me enseñó Pedro fue a ‘rematar y esconder el hilo’. Luego ya me enseñó a coser y después a manejar la máquina, aunque eso todavía me da un poco de miedo, la verdad”. 
Leticia lleva dos meses rodeada de vestidos de ensueño, sombreros, zapatos y todo tipo de complementos que hay que arreglar, atrezzar o que han sido creados en la sastrería a partir de cero. “Quiero hacer un grado medio en diseño, ya lo tenía pensado, pero ahora lo tengo mucho más claro.”           

En esta planta varias naves han sido convertidas en armarios gigantes con las paredes forradas de percheros hasta el techo.

Más de 3.000 pares de zapatos y 8.000 prendas conservadas en fundas de algodón, esperan ser lucidas en alguna de las más de 200 funciones que se representan en este teatro cada año.

Cuando la ópera está a punto de comenzar, el teatro se transforma. El público ya está acomodado y espera la subida del telón.

Ahora la actividad se concentra en las penumbras del backstage, donde los regidores mandan y sólo se escuchan murmullos.

A escasos metros, el departamento de sastrería repasa por última vez los cambios de vestuario que habrá durante la representación. En esta ópera se enfrentan a uno de esos momentos críticos: un “cambio rápido” en el que el intérprete sólo tendrá unos segundos para cambiarse. Para lograrlo contará con la ayuda de seis personas, una de las cuales será Leticia.
Todo sucede detrás del telón de fondo. Dos compañeras apuntan con sus linternas y el resto realizan el cambio de vestuario en un santiamén: chaqueta, zapatos, sombrero… Un segundo antes de que el artista vuelva a escena, el equipo de sastrería desaparece en el backstage.

La participante del proyecto GIRA Jóvenes Coca-Cola está sin aliento. Ha sido rápido, emocionante e inolvidable, como casi todo lo que pasa tras las puertas del Teatro Real.