Todos los años lo mismo: llegan los exámenes y nos agobiamos, prometiéndonos que la próxima vez seremos más aplicados y empezaremos a estudiar desde el primer día. Algo que a lo mejor cumplimos solo la primera semana.

Pero estudiar desde el principio tiene muchas ventajas: es más efectivo (no es lo mismo tratar de recordar un tema que llevas meses sin tocar que uno que tienes fresco en la memoria), te permite detectar problemas o cuestiones que no has entendido antes de que sea demasiado tarde y sobre todo, te evita estrés y agobios al final. Por eso os dejamos cinco consejos para que se haga más llevadero.

1. Móntate tu plan de estudio (y sé realista)

Es un consejo poco común, pero todos sabemos que hay asignaturas más complicadas que otras. Puede que dependa de tus gustos, que haya unas materias que se te quedan con solo mirarlas y otras que tengas que repasar una y otra vez; o puede que sean objetivamente más fáciles y más difíciles. Identifica lo antes posible las asignaturas que más problemas te van a dar y podrás centrarte en ellas. 

Diseñar un plan de estudio suena aburrido, pero es más fácil de lo que piensas. Solo tienes que buscar tiempo cada día para poder dedicarlo al estudio: ¿por las tardes? ¿por las noches? ¿prefieres madrugar y hacerlo entonces? Hay muchas teorías sobre cómo asimilamos mejor la información, pero al final cada uno de nosotros somos los que mejor nos conocemos, así que elige un momento en el que puedas estar tranquilo, relajado y con ganas.

Es importante que seas realista: no te propongas estudiar seis horas cada tarde si luego vas a tener que hacer otros recados o vas a estar agotado. Es mejor estudiar un par de horas al día de forma constante que empezar demasiado fuerte y acabar dejándolo, con mala conciencia además. Si tienes un buen plan de estudios, no pasa nada porque un día no puedas cumplirlo, siempre que no se convierta en costumbre.

2. Sé ordenado

Suena más fácil de lo que es, especialmente para quienes somos un desastre y nos da pereza guardar ordenadamente las cosas tras una tarde de estudio. Pero merece la pena: piensa en lo frustrante que es pasarse media tarde buscando esos apuntes que no aparecen, o ese libro que jurarías que habías metido en la mochila. 

Identifica en carpetas diferentes cada asignatura o tema y asegúrate de que tienes todo lo que necesitas para estudiar, tanto apuntes como libros o material. Es la mejor manera de no darte excusas a ti mismo para dejarlo un día más.

3. Ojo a Internet

Usar el ordenador para estudiar tiene muchas ventajas, como escribir más rápido, poder rectificar rápidamente o tener toda la información a nuestro alcance. Pero también puede ser un agujero negro para perder el tiempo si acabas consultando Twitter, Facebook o el email cada dos minutos: cuando quieres darte cuenta, llevas hora y cuarto navegando mientras tus apuntes siguen esperando.

Ten fuerza de voluntad y proponte no distraerte hasta el final de la tarde. Siendo realistas, lo más probable es que no te vayas a perder nada que no pueda esperar un par de horas.

 Ojo a Internet

4. Refresca lo visto en clase

Empieza tu sesión de estudio releyendo lo que viste en la última clase y lo que has visto en esta. Vuelve a repasar conceptos, únelos mentalmente entre sí y apunta los más importantes en una hoja aparte. Vuelve a leer los textos asociados al tema, hacerlo de nuevo tras la clase te hará verlos con otra perspectiva, entendiendo mejor las cosas. Juegas con ventaja, porque tienes una visión más global del tema y aún no ha pasado demasiado tiempo como para que se te olvide. Y apunta todo lo que no entiendas en notas adhesivas, para poder consultar las dudas.

5. Hazte un esquema

Con los conceptos más importantes que has ido anotando, hazte un esquema. Cada persona es un mundo en cuanto a esto: unos prefieren los esquemas más visuales, combinando dibujos, flechas, diferentes tamaños de letra, cuadros... pero hay gente que prefiere los resúmenes textuales o las listas de puntos. Averigua cuál te funciona mejor y ponte a ello: simplemente el hecho de escribirlo hará que se te vayan quedando.

Bonus: 6. No te agobies

Recuerda que el objetivo de estudiar cada día es precisamente el de no tener que agobiarte cuando llega la época de exámenes. No te obsesiones con aprender de memoria absolutamente todo. Es casi imposible memorizar en septiembre algo para junio: lo que queremos es mantenerlo fresco y asegurarnos de que lo vamos entendiendo. Así, cuando llegue la época de estudiar a fondo no te encontrarás con unos apuntes desconocidos y unos temas que ni te suenan, sino con algo familiar que simplemente tendrás que (re)repasar y memorizar. ¿No te fías de los consejos? Pruébalos un trimestre (o cuatrimestre) y comprueba la diferencia.

Imágenes CC | jcbmac y Anais Gómez-C