Justo cuando el mundo firma el Acuerdo de París en la Cumbre del Clima, un documento histórico en la lucha contra el cambio climático, la implicación de la sociedad al completo se vuelve más necesaria que nunca. Administraciones, ONGs, empresas y cada uno de nosotros puede, y debe, aportar su granito de arena para frenar el deterioro del clima del planeta Tierra.

No se trata solo de salvar a las especies en peligro de extinción, o de que los ríos estén limpios y los bosques, verdes. Que también. Es, además, cuestión de economía, de competitividad y, en definitiva, de beneficios concretos.

“Las políticas de medio ambiente no son una carga para la empresa, son competitividad, son ahorro de agua y ahorro de energía”. El mensaje es claro en boca de Mercé Rius, directora general de general de Qualitat Ambiental de la Generalitat de Catalunya, presente en una mesa redonda a cuatro que se celebró en el stand de Coca-Cola en la feria Alimentaria 2016, en Barcelona.

“Que existan empresas que comprendan e integren este mensaje y se lo expliquen al mundo es muy positivo”, continuó Rius. Porque, al final, los ciudadanos necesitamos sentir que todo el mundo se implica, que este mensaje de corresponsabilidad, colaboración y beneficio mutuo llega a todas las esquinas.

Así que, el objetivo parece claro: cuidar el medio ambiente porque ello es asegurarse de que el planeta siga teniendo recursos en el futuro. Porque nos interesa a todos. Por simple y puro egoísmo, aunque no suene demasiado bien.

Lo explicaba también José Antonio Echeverría, director corporativo industrial de Coca-Cola Iberian Partners, en referencia al proyecto de recuperación del manantial de Cañizar del Olivar, en Teruel, de donde la compañía obtiene el agua de Aquabona. “El agua que cae hoy es el agua del manantial en los próximos años, si no se dan las condiciones de filtración adecuadas estamos comprometiendo el agua del futuro”.

Por eso Coca-Cola, junto con Ecodes, ha desarrollado en la zona el proyecto Plantando Agua, que consiste, entre otras cosas, en impulsar la reforestación de la zona tras el grave incendio sufrido en julio de 2009, y así asegurar que la tierra seguirá atrapando la lluvia que cae del cielo.

Plantando Agua no es más que una de las muchas iniciativas que la compañía lleva a cabo en España en materia de medio ambiente. De hecho, Coca-Cola está elaborando un amplio documento interno, llamado Libro Verde, que define hasta el mínimo detalle de la estrategia a seguir para implicarse más en el cuidado del entorno.

“Esta estrategia se concreta en aquellas áreas en las que somos expertos”, explicó Juan José Litrán, director de relaciones corporativas de Coca-Cola España. Y estos son los pilares de la estrategia medioambiental de la bebida más famosa del mundo.

El agua

En los próximos cuatro años, Coca-Cola quiere mejorar la protección de las fuentes de agua en España, reducir sus necesidades del líquido elemento en un 25% con respecto a 2010 y reponer el 100% del agua utilizada en el proceso industrial (se emplean 1,92 litros de agua por cada litro de Coca-Cola embotellada, aunque algo menos de la mitad es la bebida en sí).


El clima

Para empezar, Coca-Cola quiere completar un análisis concreto de su huella de carbono, es decir, las emisiones de CO2 que genera y por qué las genera. Además, con la meta puesta en 2020, plantea reducir su consumo de energía en un 32% y las emisiones de gases de efecto invernadero en un 22%. Este es uno de los objetivos más complicados, ya que existen pocas alternativas a nivel transporte, el eslabón de la cadena productiva que más emisiones produce.

Los envases

Todos los envases de Coca-Cola en España son ya reciclables, y la compañía trabaja en hacerlos más ligeros para reducir los costes de transporte (y, de paso, las emisiones). Además, se ha puesto el objetivo de recuperar el 75% de los envases, buscando cerrar el ciclo del reciclado y así reducir la generación de residuos.

La agricultura sostenible

Aunque es el último campo al que Coca-Cola se ha lanzado, quiere asegurar que el 100% de los productos provengan de agricultura sostenible. Este objetivo es, probablemente, más asequible en la península Ibérica, donde las bebidas de la marca se nutren de cítricos que proceden en su totalidad del Levante español. Allí, Coca-Cola intenta implementar la guía Fanta de buenas prácticas en la agricultura, que define las principales actuaciones que deben ser llevadas a cabo para mantener o incrementar la productividad de un cultivo, causando el menor impacto ambiental posible.

Y a pesar de todo esto, sigue siendo necesaria más implicación de la sociedad en su conjunto para frenar el deterioro del planeta y sus recursos. “Buscamos cómplices para construir una nueva economía más verde y más responsable”, reclamó Víctor Viñuales, director de Ecodes, el último de los participantes en una mesa redonda que moderó Ana Callol, manager de responsabilidad corporativa de Coca-Cola Iberian Partners.

El ADN de las empresas tiene que cambiar, tienen que ayudar con su talento a resolver los desafíos ambientales que nos afectan a todos, para cambiar este planeta y hacerlo más feliz”, concluyó el director de Ecodes. Y parece que Coca-Cola ya se ha puesto las pilas. Porque es consciente de que es más que un refresco.