Se tarda prácticamente lo mismo en leer una obra de teatro que en verla. Por eso, Carlos Buero Rodríguez, hijo de Antonio Buero Vallejo (Guadalajara, 1916-Madrid, 2000), anima a los jóvenes a sumergirse en los textos dramáticos. “Son cortos, están llenos de diálogos, con ellos te imaginas la puesta en escena, te conviertes en director teatral, y se ensancha la creatividad. Hay que ver teatro, pero también leerlo”, nos cuenta en una entrevista en una soleada mañana en la terraza del café Gijón de Madrid, que tanto frecuentó el genial dramaturgo, cuando se cumplen cien años de su nacimiento.

Fue precisamente el público el que “validó” la obra de su padre, cuenta Carlos Buero, más allá de los reconocimientos, y le llevó hasta donde está: ser considerado uno de los mejores escritores de teatro del siglo XX, comparable a Ramón María del Valle-Inclán o Federico García Lorca. “Conectaba con el público en el plano político porque la gente veía en su obra su propia realidad, no siempre presente en la prensa o encima de las tablas. Desde un punto de vista existencial, abordaba las grandes cuestiones que tiene que afrontar el ser humano”.

Obras ya clásicas como Historia de una escalera, reflejo de la realidad social de la posguerra, estrenada en 1949 con un rotundo éxito y que, según Carlos Buero, tiene hoy plena vigencia. “En ella se habla de hacer trampas con el contador de la luz y ahora vemos los enganches ilegales porque hay pobreza energética. También se habla de las dificultades de llegar a fin de mes, y tenemos los bancos de alimentos para las familias que no pueden llenar la nevera”.

El "legado automático" de nacer en una familia de teatro

Carlos Buero, que ha mamado el teatro por parte de padre y de madre -la actriz Victoria Rodríguez, hija a su vez de actores-, creció con las lecturas de los borradores de los textos que escribía su padre. “Antes era costumbre que el dramaturgo leyera ante un grupo de amigos su última obra; eso le servía de feedback y le permitía hacer retoques. Esa costumbre desapareció, así que mi padre lo hacía en casa. Era una primera lectura en la que, claro, yo no me enteraba de nada, pero mi madre sí”.

De ese vivir el teatro le ha quedado a Carlos Buero un “legado automático de ver una obra y saber si está bien o mal dirigida, bien o mal interpretada. En definitiva, saber distinguir el buen del mal teatro”. En este sentido, critica lo que llama el “teatro burocrático, un teatro subvencionado en el que importa poco si la obra gusta o no”. Y pide a los poderes públicos que “abran camino al teatro de la sociedad civil, al que viene de abajo, ligándolo al favor o no del público. Proyectos de emprendedores, muchos de gran calidad, que tienen que competir en recursos y precios con ese teatro subvencionado, lo que lamentablemente les condena a la marginalidad”.

© Antonio Buero Vallejo, en 1949. Foto: Basabe.

Compromiso con la figura y obra de Buero

Carlos Buero reconoce que, pese a que algunos puedan considerar “frívolo” que los Premios de Teatro Joven Coca-Cola lleven el nombre de su padre, para la familia Buero es “un honor”. “Coca-Cola es la marca más importante del mundo y que Buero esté asociado a ella es una promoción del autor y de su obra de primerísima magnitud. Además, Coca-Cola está presente en la sociedad con iniciativas que transmiten sus valores de marca, y uno de ellos es el fomento de la cultura con proyectos a nivel escolar como los propios Premios Buero o el Concurso Coca-Cola Jóvenes Talentos de Relato Corto”.

Al gran dramaturgo y pintor le rebelaban las injusticias y su hijo cree que sería “pesimista” de asomarse hoy al mundo. Una sensibilidad social que Carlos Buero ha heredado de su progenitor, como muestra el cortometraje titulado Marketvita que acaba de estrenar, un inquietante thriller sobre los estragos de una crisis que iguala por abajo.

Incursiones artísticas puntuales al margen, el compromiso de Carlos Buero es con la figura y obra de su padre. “Tratamos de acercarlas a instituciones públicas y privadas, medios de comunicación, estudiosos… No es que queramos que se le recuerde de una u otra forma; es que eso escapa a nuestro control y nuestro cometido solo puede ser facilitar las cosas".