Giros, saltos, piruetas… Cuando, con 3 años, Néstor Abad iba con sus padres a recoger a su hermana de clase de gimnasia siempre se quería quedar saltando en las colchonetas. “Hubo que esperar a los 4 años, -a que me quitaran el pañal, como quien dice-, para poder empezar”, cuenta este alcoyano.

Ray Zapata le pasó algo parecido, pero unos años más tarde. “Con 10 años vinimos a Lanzarote desde la República Dominicana y, con 11, me llevaron a una exhibición de gimnasia. Me quedé alucinado al ver las piruetas y los saltos mortales. Le dije a mi madre que yo también quería hacer eso”.

Hoy, Néstor y Ray, ambos de 23 años, preparan las maletas para irse a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro. Un sueño cumplido. “Desde que ves tus primeras Olimpiadas en la tele, ya quieres estar ahí”, confiesa Ray y asiente Néstor.

Los dos se preparan a conciencia para dar lo mejor de sí en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Madrid, donde nos reciben. “Entrenamos unas seis horas al día, de 10.30 a 14.00h y de 16.30 a 19.30-20.00h. Luego tomamos una sauna o vamos al spa para descargar la musculatura”, explica Ray, bronce en suelo en los Mundiales de Glasgow de 2015. “Mi caso es algo distinto -apunta Néstor, campeón de España absoluto de gimnasia artística-. Yo no resido en el CAR, sino en mi casa, con mi mujer y mi hijo. Cada mañana despierto a mi peque, desayuno con él y le llevo a la escuela. Luego cojo el autobús y me vengo para acá, donde paso el resto del día”.


Saber competir

Para formar parte de la élite del deporte español no se necesita solo talento. Según Ray, que se encontró la mano tendida de Gervasio Deferr, triple medallista olímpico, para desarrollar sus habilidades, “importa también, y mucho, la actitud: el tener disciplina, constancia, el arrojo de salir a ser el mejor, el aguantar la presión. Hay que saber competir”.

Si no es fácil llegar, tampoco lo es mantenerse. En 2014 Néstor se rompió el ligamento cruzado de la rodilla derecha, lo que le obligó a parar durante un año. Llovía sobre mojado: se había roto la misma rodilla en 2011. “Estuve a punto de tirar la toalla, pero enseguida reaccioné y me dije: ‘No voy a echar por la borda todo lo que he luchado”.

Para Ray, lo más amargo es “que te juzguen sin conocerte. Si todo va bien, fenomenal, pero si no cumples las expectativas, la cosa cambia. Trato de seguir lo que me dicen mis entrenadores: que me evada de los comentarios y que, lo que haga, lo haga únicamente por mí”.

Camino a Río 2016

©Néstor Abad.


Enseñar lo aprendido

Los dos llegan a Río habiéndose podido centrar al 100% en la cita olímpica gracias a las becas ADO, en las que colabora Coca-Cola, y que brindan a los deportistas de alto rendimiento los recursos necesarios para lograr sus mejores marcas. “Las ADO significan que solo tienes que preocuparte de ser el mejor. En mi caso, que he formado una familia, imagínate qué tranquilidad. No tengo que buscarme otro trabajo con el que compatibilizar mi pasión”, asegura Néstor.

Ambos coinciden en que el deporte es su vida -Ray acaba de aparcar sus estudios- y una escuela de valores. “Te enseña compañerismo, espíritu de esfuerzo, de superación, disciplina y humildad siempre, llegues o no llegues”, manifiesta Ray, que lleva el ritmo en el cuerpo. Escucha bachata, reguetón y las canciones de su hermana Raycelis antes de competir para calmar los nervios.

Valores que tratan de trasladar allá donde van, incluso cuando salgan definitivamente del tartán y dejen de frotarse las manos con magnesio para no resbalar en los aparatos. “Aunque me queda un ciclo olímpico más, Tokio 2020, desearía en el futuro ejercer de bombero o hacer magisterio de educación física. Si eso no sale, ayudar a los chicos que se inician en la gimnasia”, planea Ray. “Yo tengo claro que quiero enseñar lo que he aprendido. Me gustaría que mi hijo siguiera mis pasos; no le entrenaría, pero estaría ahí apoyándole”.

Fuera o dentro del tapiz, como en Río, estos luchadores natos intentarán clavar cada uno de sus saltos. Exigencia y mentalidad. Esforzándose por ser los mejores, hacen mejores a los demás.