Hace tiempo que venimos contando los días para los Juegos Olímpicos de Rio 2016. Y ya no falta casi nada. Una nueva cita con el espíritu del deporte más internacional. Más de 10.000 atletas de todos los países del mundo, y cientos de miles de fans, se juntarán en la ciudad brasileña a partir del 5 de agosto.

Desde Ámsterdam 1928, Coca-Cola ha patrocinado la aventura olímpica. Como tal, cada edición cuenta con sus botellas y latas conmemorativas. Aquí te presentamos seis historias de deporte, y otras cosas, que giran alrededor de los envases de este refresco. Historias para la colección.

Moscú 80: los Juegos del boicot

De los 164 países inscritos en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, solo participaron 80. El motivo: el boicot, encabezado por Estados Unidos, tras la invasión soviética de Afganistán. De entre los participantes, muchos lo hicieron, además, remarcando su solidaridad con la causa estadounidense. Fue la participación más baja desde Melbourne 1956. Aun así, esto no impidió que se batiesen 33 récords mundiales.

Coca-Cola, como patrocinador, ya tenía las botellas conmemorativas preparadas. Pero, cuando se anunció oficialmente el boicot, la compañía decidió abandonar también el evento deportivo y destruir todos los envases. Alguien se guardó un par de cajas.

Hoy quedan en el mundo menos de 50 botellas que recuerdan aquel momento. Un objeto muy deseado entre coleccionistas.


Los Ángeles 84: partido de vuelta

Si los Juegos de Moscú fueron los del boicot, los de Los Ángeles 84 se recordarán, entre otras cosas, por su gran beneficio económico. Peter Ueberroth, que un año después pasaría a ser parte de la ejecutiva de Coca-Cola, recibió el encargo de organizar unos Juegos que no costasen ni un centavo al ciudadano.

Mínimo de inversiones, máximo de ingresos, aprovechar todas las instalaciones existentes, utilizar las universidades de la ciudad como villa olímpica… Resultado final, unos 200 millones de dólares de beneficio.

Esta botella recuerda la vuelta de los Juegos a Estados Unidos. Quienes no volvieron fueron los atletas de la Unión Soviética, ni de 14 países que se solidarizaron con ellos, como respuesta al boicot que había tenido lugar cuatro años antes.

Seúl 88: símbolo del deporte femenino

Por segunda vez en la historia, los Juegos Olímpicos se celebraban en Asia, tras Tokio 64, un continente a donde no volverían hasta Beijing 2008. Los de la capital de Corea del Sur batieron récord de asistencia, con 8.465 deportistas inscritos, y fueron los primeros en contar con una presencia masiva de mujeres (2.186).

Tantos deportistas se inscribieron (2,000 más que en Los Ángeles), que en el desfile inaugural solo aparecieron un tercio de los mismos, por motivos de tiempo y porque no cabían todos sobre el césped del estadio.

Como novedad, en Seúl 88 se admitió el tenis como disciplina olímpica tras 60 años fuera de los Juegos. Algo simbólico también para el deporte femenino, porque el tenis fue el que dio la primera mujer campeona olímpica de la historia: Charlotte Cooper, una tenista inglesa que se hizo con el oro en París 1900.

Y por concluir el tema del boicot, Seúl 88 fue el último de los Juegos Olímpicos celebrados durante la Guerra Fría entre la Unión Soviética y Estados Unidos. Para los del 92, la Unión Soviética habría dejado de existir.

Barcelona 92: éxito del deporte internacional

En España, Barcelona 92 se recuerda como el año en que el país se abrió por completo al mundo. Se recuerda por Cobi, la simpática mascota que ocupa esta botella de Coca-Cola. Y por el emocionante dúo entre José Carreras y Monsterrat Caballet en la ceremonia de inauguración, recordando a un recientemente fallecido Freddie Mercury.

También fueron los primeros Juegos Olímpicos que trajeron consigo una gran inversión económica. De hecho, las cifras de Barcelona 92 solo han sido superadas por Rio 2016, 24 años después.

Pero a nivel deportivo, los Juegos de Barcelona 92 fueron los primeros en la historia en reunir, absolutamente, a todos los comités olímpicos. Todos los países estuvieron en Barcelona. Y Estados Unidos pudo, por primera vez, presentar a jugadores de la NBA en su selección de baloncesto. Fueron los Juegos en los que nacía el Dream Team.

España, por su parte, lograba un éxito sin precedentes en el medallero. Y entre todos los atletas estaba Miriam Blasco, la primera española en conseguir un oro en unos Juegos Olímpicos de verano. Lo hacía en judo.

Atlanta 96: cien años de Juegos Olímpicos modernos

Un siglo después de que los Juegos Olímpicos se volviesen a celebrar en Atenas, en 1896, el evento deportivo se instalaba en Atlanta. También en 1896, y en la misma ciudad, una joven bebida llamada Coca-Cola cumplía 10 años.

Con motivo de la celebración de los Juegos en Atlanta y del patrocinio renovado de Coca-Cola, se decidió que cada país participante debía diseñar una botella representativa, algunas de ellas presentes en esta imagen. Todas se expusieron como símbolo de la internacionalidad del espíritu olímpico.

En Atlanta 96 participaron, de nuevo, casi todos los países del mundo. Pero hay otra historia que ilustra mejor el valor del deporte por encima del lugar de origen: la de Alexander Karelin. El ruso es, hasta la fecha, el único atleta que ha sido abanderado tres veces por tres países distintos.

El luchador nacido en Novosibirsk, conocido como el Oso de Siberia, cuenta con tres oros y una plata en varios Juegos Olímpicos. Compitió en Seúl bajo la bandera de la Unión Soviética, en Barcelona 92 bajo la de la Comunidad de Estados Independientes y en Atlanta 96 con Rusia.

Sidney 2000: los Juegos de la superación

Con el inicio del siglo XXI, los Juegos Olímpicos se celebraban por primera vez en Oceanía. Allí, alcanzó su máximo exponente una de esas historias de superación que hacen del deporte algo grande.

La atleta estadounidense Marla Runyan había ganado seis títulos entre Barcelona 92 y Atlanta 96. En los Juegos Paralímpicos, porque sufría una invidencia parcial. Pero en Sidney 2000, Runyan se convirtió en la primera atleta invidente calificada para unos Juegos Olímpicos. Participó en la final de los 1.500 metros y quedó octava en una carrera que acabó ganando la argelina Nouria Mérah-Benida.

Runyan volvió a clasificarse para los Juegos de Atenas 2004, para la disciplina de los 5.000 metros, cayendo eliminada tras ser novena en la primera manga.


Historias, grandes y pequeñas, llenan los recuerdos de los Juegos Olímpicos. Otras muchas caen en el olvido o nunca se llegan a conocer. Son los objetos, como estas botellas de Coca-Cola de la colección de Frederic Garriga en Badalona, los que nos ayudan a mantenerlas vivas en la memoria.

Otras anécdotas, como las de Río 2016, todavía no han sucedido. Están tomando forma en la antesala de la historia. Pero un ejército de coleccionistas se prepara ya para guardarlas para la posteridad.