En un país donde solo el 5% de la prensa deportiva se dedica al deporte femenino, donde las disciplinas más populares se llevan toda la atención en los telediarios, el bádminton femenino consiguió ser portada. Y más de una vez. Fue gracias a Carolina Marín, que ha conseguido triunfar allí donde nadie había podido, donde pocos lo habían intentado.

Aunque su carrera en la élite del bádminton español empezó antes, fue en 2014 cuando su nombre se convirtió, de golpe, en el más repetido. Tras ganar el campeonato de Europa, se plantó en la final del mundial ante la china Li Xueriu, uno de los nombres a seguir en la escena actual del bádminton. Y ganó.

Carolina Marín se convertía así en la primera española (y la tercera europea) en ganar un título mundial en esta disciplina. Además, con 21 años, era la campeona mundial más joven de la historia de este deporte en Europa.

Este terremoto ha tenido sus consecuencias, y no solo en la prensa deportiva. “Me siento muy orgullosa de ser la persona que abra el camino en mi deporte para que los futuros campeones sepan que esto se puede conseguir con esfuerzo y mucho trabajo”, asegura Marín, días antes de poner rumbo a Río de Janeiro para participar en los Juegos Olímpicos. “También es una recompensa a todo lo que he tenido que trabajar”.

Cuando ganó su primer mundial, las buenas noticias no habían acabado para ella. Ese mismo año, fue galardonada con la medalla de bronce de la Real Orden del Mérito Deportivo y recibía el Premio Nacional del Deporte Reina Letizia. Y en 2015, ya desde el número uno del ranking, revalidó su título mundial.

Una fórmula muy poco mágica

los Juegos Olímpicos de Río 2016

Esta joven de Huelva lo tiene claro, por muchos factores que entren en juego en el camino hacia la élite. “La única fórmula que hay es la del trabajo diario, sin eso no vas a ningún lado. El trabajo y la dedicación. Para mí ha significado mucho la superación, que año tras año haya ido creciendo y formándome”.

Todo esto, con los objetivos a corto plazo muy claros en su cabeza. Si no, es muy difícil mantener el optimismo y la motivación. “Siempre me recuerdo por qué estoy entrenando y para qué”, señala la deportista olímpica.

Salvo casos excepcionales, la carrera de un deportista que llega tan alto está llena de obstáculos. La ambición y el tesón son esenciales, pero es normal que alguna vez exista la tentación de echar el pie a tierra. La desviación inconsciente del camino marcado hacia el éxito.

“Lo fundamental es estar rodeada de personas que se impliquen en el proceso, sin eso no se puede ir a ningún lado. Después, lo segundo más importante es la implicación del deportista y el tener claro hasta dónde quiere llegar”, explica Carolina.

Una vida por el bádminton

Cuando un niño se sube a una bici por primera vez, coge una raqueta en su mano o se lanza a una piscina, es difícil que su mente viaje lejos hasta el futuro y se vea ganando una medalla olímpica. Aunque hay casos y casos, lo primordial suele ser la diversión.

“Fue con 14 años, cuando vine al Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Madrid. Ahí le dije a mi entrenador que quería ser la mejor en todo, campeona de Europa, del mundo y medalla de oro olímpica”. Y tan mal no le ha salido la jugada. Aunque se le resiste el último objetivo.

En Londres 2012, Carolina participó en sus primeros Juegos, y perdió en primera ronda contra la china siendo Li Xuerui, que a la postre acabaría ganando la medalla de oro. El deporte no acostumbra a entender de venganzas, pero Carolina obtuvo su revancha cuando venció a la china en la final del mundial de 2014.

A la pregunta de con qué ánimo afronta Río 2016, Carolina responde con algún rodeo. “Para cualquier deportista estar en unos Juegos Olímpicos es todo un sueño. A estos voy con las ganas de conseguir una medalla”. Preguntada, en concreto, sobre su objetivo, responde claro y conciso: “La medalla de oro”.

los Juegos Olímpicos de Río 2016

Creando afición

A pesar de los muchos éxitos, Carolina Marín tiene los pies en el suelo. Sabe que es afortunada, entre otras cosas, de tener un apoyo público y unos patrocinadores que la ayuden a seguir en lo más alto.

“A día de hoy puedo decir que vivo de mi deporte porque no tengo que pagar nada, ni casa, ni comida, porque vivo en el CAR y allí lo tengo todo”, explica, sabedora de que pocos deportistas lo logran. “También son muy importantes otras ayudas, como las becas ADO”.

Pase lo que pase en Río, lo más difícil ya lo ha hecho. Se ha abierto camino en un deporte minoritario en España y ha hecho que niños y mayores recuerden su nombre. Su ejemplo y el de Pablo Abian, representante masculino en bádminton y camino de sus terceros Juegos, rompen esquemas.

“Ahora todo el mundo conoce el bádminton y ha sido gracias a nuestros éxitos. Me siento orgullosa de que los niños puedan ver referencias en este deporte y quieran practicarlo”. Carolina Marín aún sigue buscando su techo. Siempre con la vista en la pelota emplumada típica del bádminton, que, por cierto, se llama volante