De izquierda a derecha: Ángel Illana, asistente de los coachers, Elena Méndez, directora del campus y responsable del diseño de la metodología de GIRA, y los facilitadores: Enrique Marco, Roberto López, Carles Herrero, Borja Raventós y Miguel Ángel Segura.

Cuando alguien se pone en manos de un coach, lo que menos se imagina es que ese entrenador que está ahí para ayudarle a mejorar determinados aspectos de su vida también aprende de él. Pero la realidad es que suele ser un proceso paralelo. Es lo que les pasa a los cinco “facilitadores” de GIRA Jóvenes Coca-Cola con los cerca de 200 chicos que cada año participan en los dos campus del proyecto, que busca el empoderamiento y la empleabilidad de jóvenes con menos oportunidades.

“Me enseñan cualidades que hemos olvidado por la cantidad de capas que nos vamos colocando para amoldarnos al mundo: humildad, capacidad de superación, de empatía, de expresar los sentimientos sin filtros; ese vivir el momento, la chispa, la frescura, la alegría”. El que habla es Borja Raventós, un licenciado en Derecho que, tras trabajar en los departamentos de marketing de varias multinacionales, decidió “dedicarse más a las personas”. De eso hace ya 10 años. Se formó concienzudamente en coaching y hoy entrena para la vida personal y profesional tanto a ejecutivos como a los integrantes de GIRA Jóvenes. “Tendríamos que hacer todos un campus para aprender lo que estos chicos ya traen en la mochila”, asegura.

 

©Borja Raventós, durante una de las dinámicas en el aula.


Creerse lo que uno es

Borja coincidió con Roberto López, Miguel Ángel Segura, Carles Herrero y Enrique Marco en la escuela en la que se capacitó como coach, The Coaches Training Institute (CTI)Juntos diseñaron un programa educativo, “basado en las habilidades personales, no en los resultados”, que aplican con gran éxito desde hace un par de años en los campus GIRA Jóvenes -parte del itinerario formativo de la iniciativa- en los que, durante cuatro días y tres noches, los chicos aprenden a conocerse mejor y detectar sus fortalezas para desenvolverse en la vida. “En el sistema educativo actual no hay nada transversal donde se prime a la persona, pero en cuanto tratas eso mínimamente, cuando la gente recibe reconocimiento, ves cambios espectaculares, porque se creen lo que son”, dice Roberto.  

A este psicólogo, el trabajo con los chicos en el campus, a un nivel tan personal y a través de actividades muy dinámicas y participativas poco habituales en las aulas, le gira “en volver a conectar con la esencia de los seres humanos, con lo más emocional y vivencial”. “Cuando la gente se muestra de manera auténtica, de verdad, sin artificios, aprendes sí o sí. Primero te tienes que abrir tú, y el solo hecho de hacerlo, que no es nada fácil, ya te sirve”, apunta por su parte Miguel Ángel, un sociólogo que ejerció como periodista y quien, cuando asesoraba en comunicación a portavoces de organizaciones, se dio cuenta de que obtenía mejores resultados “cuando trabajaba en primer lugar a la persona”.

 

©Carles Herrero, con uno de los participantes en el campus GIRA Jóvenes.


Predicar con el ejemplo

Carles, un licenciado en Periodismo, amante de la oratoria y cuyo sueño es montar un equipo ciclista profesional, viaja a su propia adolescencia. “Hay elementos idénticos: el tema del sexo, los miedos, las inseguridades, las preguntas del tipo ‘¿Qué quiero ser?”. Y añade: “El quid de la cuestión es tener habilidades de autogestión, a nivel emocional, a la hora de relacionarte con los demás, porque, si no las tienes, las cosas no funcionan”. Y, en ello, explica, la edad o la posición social no justifican la evolución personal. “El adolescente pega un puñetazo y el ejecutivo impone su autoridad, pero al final es lo mismo: no saben resolver los conflictos”.

Director de banco durante 21 años, Enrique Marco pidió una excedencia para “acompañar a las personas”. Ahora se sumerge en realidades diferentes a la suya, a las que no suele acceder “en esta vida horizontal que llevamos”. “Es un baño de realidad poderoso”, manifiesta. Coordinador de los “facilitadores”, como se denomina en el campus a estos implicados coaches, Enrique habla también de otro tipo de baño. “Se trata de un baño de congruencia constante porque, ante todos estos chicos, tenemos que predicar con el ejemplo, y en ocasiones cuesta. Es un examen a nosotros mismos. Y eso es, precisamente, el campus: la vida misma, la humanidad al descubierto, de nosotros y de ellos”.

 

©Un grupo de jóvenes mantean con las manos a Enrique Marco.