Quizás sean las luces, las reuniones con familiares y amigos, los anuncios emotivos, unos días de vacaciones, los villancicos... o todo junto. Pero lo cierto es que, en cuanto llega la Navidad, a la mayoría nos invade un je ne sais quoi que nos hace estar más alegres, tiernos, empáticos y generosos.

“La Navidad es un ritual de unión familiar. El ser humano es grupal, necesitamos la pertenencia a un grupo, a una familia. Es una forma de decirnos que somos los Rodríguez, los Fernández”, señala Esteban Cañamares, psicólogo clínico experto en temas de familia. “Aunque no se puede hablar de espíritu navideño como tal, pues no está demostrado científicamente, es un hecho que estas fechas son un momento muy intenso a nivel social en el que priman una serie de valores como los de solidaridad, compasión, amistad, gratitud”, afirma la psicóloga Silvia Álava, autora de los libros Queremos hijos felices y Queremos que crezcan felices.

A muchos, la magia que invade esta época del año les lleva a parecer los mismísimos ayudantes de Papá Noel y los Reyes Magos, tratando de repartir felicidad entre los demás. Ahí está, por ejemplo, el abuelo que lleva a su nieto a la cabalgata horas antes de que empiece para coger sitio; la madre que se pasa el día en la cocina preparando comida para un regimiento; o el padre que se recorre todas las tiendas buscando un juguete de moda que está agotado.

Son los que ponen el árbol, salen a ver las luces, van de mercadillos, escriben la carta a Sus Majestades de Oriente, compran turrón, comen polvorones, cantan villancicos, tocan la pandereta... Aman la Navidad y empiezan a prepararla mucho antes del 25 de diciembre.

Sin embargo, al otro lado, aunque menos numerosos, están los que se resignan a estas fiestas o, sencillamente, las detestan. “El problema es que, en ocasiones, las Navidades se convierten en un ritual de estratificación familiar, en el que se comprueba, una vez más, que el hijo mayor es el preferido o que la cuñada es dada un poco de lado porque ‘no es del todo Rodríguez’. Y hay mucha gente que acaba molesta por estas actitudes que se repiten año tras año”, apunta Cañamares.

Para Álava, “todo depende de cómo nos contemos las cosas a nosotros mismos, y esto también es extrapolable a la Navidad: hay gente que ve la parte positiva -me reúno con la gente a la que quiero, escribo cartas de agradecimiento, participo en iniciativas solidarias…- y se lo pasa realmente bien. Otros, sin embargo, tienen un discurso interno más negativo y ponen el acento en lo que les falta y no en lo bueno que, objetivamente, tienen”.

Estampa de Navidad

Transformar nuestro relato interno

Precisamente, al estimar que “millones de personas son propensas a mostrar deficiencias en el espíritu de la Navidad”, científicos de la Universidad de Copenhague (Dinamarca) se pusieron a investigar…¡y lo encontraron! Pero lo hallaron no en el corazón, sino en el cerebro, al localizar áreas del mismo que se activaban al ver imágenes navideñas, según un estudio publicado en diciembre de 2015 en la revista British Medical Journal.

A la espera de más estudios empíricos, Cañamares recomienda “afrontar las celebraciones sin esperar demasiado, estando en el aquí y ahora. Si hay risas, nos reímos; si hay juegos con los sobrinos, los disfrutamos. Y si no los hay, pues tampoco pasa nada. Participemos en el ritual”.

Álava subraya que siempre se puede aprender a interpretar lo que nos pasa de forma diferente, también la Navidad, y ser más felices. “Lo primero es tomar conciencia de cómo es nuestro discurso interno (si es positivo o negativo) y, si es lo segundo, tratar de transformarlo. No se trata de decirnos que todo es fantástico, pero seguro que no es tan terrible”. El segundo paso es actuar. “Decirle a esa persona que la quieres, pasar tiempo con ella, agradecer lo que tienes, etc. Son acciones que nos harán cambiar la percepción y sentirnos mejor”.

Los que ya lo hacen, por saber sacar el lado más mágico de estas fechas y contagiarlo, son los #AyudantesDeLaNavidad, a los que Coca-Cola ha querido dar este año especialmente las gracias.