El diseño único de la botella de Coca-Cola tiene su propio nombre: Contour. Así es como se llama uno de los iconos más reconocibles de la marca, que la ha acompañado desde 1916. Una historia de distinción que no está exenta de alguna curiosa equivocación. ¿La repasamos?

Una botella diferente para acabar con la confusión

La botella Contour nació para ser diferente. A principios del siglo XX, cuando la fama de Coca-Cola había sobrepasado la de la farmacia de John Pemberton en Atlanta y comenzaba a extenderse por todo Estados Unidos, los embotelladores utilizaban botellas rectas de diferentes colores, sin distinción alguna con las de otras marcas de refrescos y diferentes entre sí según la fábrica. La aparición de bebidas imitadoras agravó el problema, en ocasiones con nombres y etiquetas muy similares a las de Coca-Cola, creando confusión entre los consumidores, que nunca sabían si el refresco que se iban a beber era auténtico o no.


Botella Contour tal y como se diseñó originalmente (izquierda) y tras su estilización para producirla en masa

Reconocible en la oscuridad

Por eso Coca-Cola pidió a sus embotelladores que se pusieran de acuerdo para crear una única botella. Debía ser un diseño diferente, tan distintiva como el propio sabor de Coca-Cola. Tenía que reconocerse incluso a oscuras, solo con el tacto, y no necesitar etiquetas, que podían despegarse. El fabricante de botellas The Root Glass Company, de Indiana, se puso a ello.

En 1915 diseñó una botella con una distintiva forma redondeada y fácil de agarrar, con el logo de Coca-Cola integrado en ella. Cuentan que el diseñador quiso basarse en la forma de hoja de la planta de coca, pero se equivocó de página y lo hizo en la del cacao (cocoa, en inglés). La primera versión de la botella Contour ya marcaba los rasgos fundamentales por la que hoy la conocemos.

La botella Contour fue patentada el propio año 1915, y salió al mercado en 1916. El primer diseño tuvo que estilizarse un poco para cumplir los requisitos que marca la producción en serie de botellas y las máquinas de envasado. Pronto la versión definitiva se extendió por todo el mundo acabando con la confusión en los consumidores.


Un éxito intemporal

La botella Contour ya es más que el envase de Coca-Cola. Es un icono de nuestro tiempo y una muestra de que el diseño industrial moderno puede crear piezas de arte que responden a la vez a una necesidad. El diseñador industrial Raymond Loewy la describió como “una obra maestra de planificación funcional y científica” y “uno de los clásicos de la historia del packaging”.

En 1977, la Oficina Estadounidense de Patentes y Marcas admitió su registro como marca, un hecho excepcional que solo se ha producido con unos pocos envases a lo largo de la historia. Además, en mayo de 2008 fue reconocida como marca tridimensional en Japón, siendo la primera vez que se admitía simplemente una forma como marca, sin logotipo que la acompañase.

Hoy, la botella Contour de Coca-Cola sigue más viva que nunca. No solo en el formato de vidrio de 6 onzas y media con el que fue creado, sino también en diferentes tamaños y materiales, adaptándose a cada circunstancia de consumo. A punto de cumplir 100 años, este diseño continúa siendo distintivo e icónico.