La bicicleta es la nueva dueña de las ciudades. Poco a poco, las grandes urbes españolas se están llenando de carriles bici y cada vez hay más ciclistas. Según el último estudio de la Asociación de Marcas y Bicicletas de España, sólo el año pasado se vendieron más de un millón de bicicletas en España. Una cifra que supera la de años anteriores y que confirma una tendencia: el mercado y el uso de la bici no hacen más que crecer. De entre todos los tipos de bicicletas presentes en nuestras calles, hay unas que destacan por encima de las demás. Cuadros de colores, llantas llamativas y un acabado estético sin igual. ¿Te suenan, verdad? Hablamos de las bicicletas fixie, la última gran tendencia dentro del ciclismo urbano y una forma de recuperar la pasión por las dos ruedas.

Antes que nada, aclaremos algunos conceptos. Dada su repentina popularización, es habitual confundir las bicicletas de una sola velocidad con las bicicletas fixie. ¿Qué tienen en común y por qué es importante conocer sus diferencias?

Bicicletas "fixie": pedalear es una obligación

La principal característica de una bicicleta fixie es que estás obligado a pedalear en todo momento. Al contrario que la mayoría, las bicicletas de piñón fijo están fijadas al movimiento de la rueda trasera. ¿Qué significa esto? Que los pedales giran a la misma velocidad que la rueda. Ambos están unidos.

La idea no es nueva. Mucho antes de que llegaran las grandes revoluciones técnicas a la bicicleta, la mayoría de ellas eran así. Hasta la eclosión de las fixie, las bicicletas de piñón fijo sólo tenían presencia en algunas competiciones de la Unión Ciclista Internacional. Concretamente en las pruebas de pista, unas de las más espectaculares del mundo.

La esencia de las bicicletas fixie se encuentra aquí: obtener el máximo rendimiento de una bicicleta reducida a lo más básico. Como es lógico, para caminar por nuestra ciudad no es necesario desarrollar el imponente físico de los ciclistas profesionales. Al contrario: el objetivo de las bicicletas fixie en ciudad es distinto. No se busca la velocidad pura, sino el atractivo estético, la ligereza y un mantenimiento sencillo.

Ahora bien, si la cadencia del pedaleo está determinada por el giro de la rueda trasera, la pregunta es obligada: ¿cómo se frena? Es aquí donde surge la polémica: en las bicicletas fixie más puras, se frena a contrapedal. Es pura física: si los pedales y la rueda están unidos y giran a la vez, ¿qué pasa cuando obligamos a los pedales a no girar más? Pues que la rueda se detiene en seco. Por ello, las bicicletas fixie requieren de una alta técnica en situaciones complicadas.

Esta cuestión importa poco a los auténticos amantes de las bicicletas de piñón fijo. Sus ventajas (poco peso, gran manejabilidad y fácil mantenimiento), hacen de ellas un vehículo rápido y económico para moverse por la ciudad. Sin embargo, no son las únicas en su especie que están gozando de una amplia popularidad.

Dale una nueva vida a tu bicicleta, conviértela en

Bicicletas de una sola velocidad: más seguridad

Hay bicicletas que combinan el atractivo de las fixie con una conducción sobre las dos ruedas más convencional. Hablamos de lasbicicletas de una sola velocidad y de piñón libre. Su mecanismo es casi tan sencillo como el de las bicicletas de piñón fijo, con una diferencia: aquí la cadencia del pedaleo no está unida al giro de la rueda, sino que es independiente. De este modo, nos detenemos usando el freno, un elemento ausente en las fixie puras.

Es sencillo. Imagina que tu bicicleta de montaña o de carretera, la que has guardado toda tu vida en el garaje con sus platos y piñones, queda reducida a una sola marcha. Todo lo demás continúa igual: si dejas de pedalear, la rueda sigue girando. Tus piernas se mueven de forma autónoma y cuentas con un freno para lograr mayor control. Sin embargo, has dicho adiós a los desviadores, de manera que el mantenimiento de tu vehículo es mucho más barato y simple porque la mecánica es más elemental.

Las bicicletas de una sola velocidad comparten con las bicicletas de piñón fijo esta simplicidad, por lo que también se han convertido en el objeto de deseo de miles de ciclistas urbanos. Dado que tienen una única marcha, la cadena nunca se cruza. Todo lo contrario a lo que sucede en las bicicletas de carretera que utilizan los grandes campeones de la ruta. Al emplear un amplio juego de platos y piñones, la cadena no siempre está alineada, con la consiguiente pérdida de eficacia y mayor riesgo de avería mecánica.

El inconveniente de las bicicletas de una sola velocidad respecto a las fixie es que cuentan con algo más de complejidad mecánica, ya que el sistema de frenado implica cables, zapatas y mecanismos que mantener. A favor, permiten una conducción más segura en las ciudades.

La tercera vía: las bicicletas holandesas

Dale una nueva vida a tu bicicleta, conviértela en

Si no quieres utilizar una bicicleta de piñón fijo pero crees que el uso de frenos implica demasiado mantenimiento, las bicicletas holandesas están pensadas para ti. Su diseño es muy singular, en las antípodas de la obsesión por lo esbelto y estilizado de lasfixie y las bicicletas monomarcha.

Las bicicletas holandesas están pensadas para circular cómodamente por ciudad. Como su diseño no deriva directamente de la competición ciclista, son ideales para todos aquellos que desean pedalear en grandes urbes manteniendo una postura relajada sobre el sillín. El manillar es muy alto y ancho, y la mayoría de ellas incluyen la posibilidad de añadir una cesta, mientras que el sillín es bajo y cómodo. Por diseño, la bicicleta obliga a mantener la espalda recta. Para conducir una bicicleta fixie, en contraste, se necesita adoptar una postura mucho más agresiva.

Es cierto que las bicicletas holandesas no son tan personalizables como las de piñón fijo, amén de ser más pesadas y menos manejables. Pero a nivel mecánico comparten algunas constantes. Por ejemplo, la cadena es más ancha dado que tampoco tiene desviador, y los frenos están integrados en el buje de las ruedas (el pequeño tubo de donde salen los radios), prescindiendo de cables. Esto permite la posibilidad de utilizar el freno a contrapedal sin un piñón fijo que nos obligue a pedalear sin parar como en lasfixie.

Ideadas para circular a menor velocidad, el uso del contrapedal en las bicicletas holandesas es menos arriesgado. Y por cada desventaja frente a la fixie, incorporan un argumento a su favor. Sus ruedas son más anchas, pero también más gruesas y robustas. Su sillín es menos deportivo, pero suele incorporar amortiguadores que facilitan su uso. Su cuadro es poco maniobrable, pero a cambio son más grandes y visibles, y por lo tanto más seguras. Y aunque a priori no sean tan llamativas como las fixie, su diseño es mucho más funcional.

Personalización y conversión: el mejor secreto de las "fixie"

Sin embargo, nada de esto explica por completo por qué las bicicletas fixie están gozando de una auténtica eclosión en nuestro país. Su principal atractivo reside en las infinitas posibilidades de personalización que ofrecen.

Despojadas de la mayor parte de recursos mecánicos, las bicicletas fixie son pura estética. Lejos de las aparatosas bicicletas públicas, despojadas también del pesado equipamiento de las mountain bikeslas bicicletas fixie quedan reducidas a lo mínimo. Además, suelen ser bicicletas de carretera reconvertidas. ¿Y esto qué significa? Que algunas de las ventajas de las bicicletas de ruta, como el cuadro estilizado y la obsesión por el mínimo peso, se mantienen.

Partiendo de esta base tan atractiva, la cultura fixie se ha desarrollado en torno a constantes visuales muy marcadas: pinturas acrílicas decorando cada rincón de la bicicleta, manillares cortos y muy estilizados y una gama cromática amplísima que permite que tu bicicleta sea única en el mundo. Tuya y de nadie más.

Es habitual encontrar llantas diseñadas para cada una de las ruedas, radios de colores, cubiertas pasadas por pintura, manillares o sillines de cuero y cuadros y cadenas multicolor. Esto hace de las fixie bicicletas fácilmente reconocibles. No solo eso: también generan cierta idea de comunidad, de cultura compartida. Se han organizado clubes y se pueden encontrar reuniones de apasionados por las fixie en distintos puntos de la geografía española.

Otro aspecto clave de las bicicletas fixie es su capacidad de reutilización, la idea de "hazlo tú mismo". La bicicleta fixie se aleja de las grandes marcas comerciales y apuesta por el diseño y la creación artesanal. En Internet existen manuales donde se puede aprender cómo transformar tu antigua bicicleta de carretera en una fixie. ¿Su objetivo? Que te animes a sacar del trastero a aquel amasijo de hierros que ya no usabas para convertirlo en una pieza de arte, en una bicicleta dispuesta a hacer de tu día a día algo más fácil y divertido.

Como la cultura fixie ensalza el espíritu de creación casero, se aspira a la autosuficiencia. En este sentido, la reducción a la esencia misma de la bicicleta es una necesidad. De este modo, el riesgo de avería es menor y se depende menos de terceros para cualquier reparación. Y en caso de necesitarla, ya han proliferado tiendas y talleres especializados donde no solo se encuentra arreglo a los desperfectos, sino que, además, se crean bicicletas fixie de forma artesanal.

Ya seas un habilidoso ciclista apasionado por las dos ruedas o un principiante deseoso de salir a la calle con una bicicleta personal e inconfundible, las fixie te están esperando. La revitalización de la bicicleta en espacios urbanos también tiene su origen en estos preciosos y prácticos modelos. ¿Te animas?