La vida del empresario hostelero Javier Iturralde dio un giro cuando se animó a acompañar a su amigo Nacho Duato a Sierra Leona en 1999. El bailarín y coreógrafo fue el rostro conocido del documental Ángeles tatuados que, producido por la Fundación El Compromiso, destapó la tragedia de los niños soldado en ese país africano.

Muy tocado por la experiencia, Javier decidió volcarse en el mundo de las fundaciones y, con su esfuerzo, dedicación y trayectoria empresarial, ayudar a los demás.

Convencido de que “un cambio es motor de otro cambio”, durante más de 10 años colaboró con el misionero José María Caballero y la Fundación El Compromiso para la reinserción de 10.000 niños soldado en Sierra Leona. De ellos, se llevó con él a Reino Unido a David, hoy banquero tras graduarse en Oxford. “Siempre ha sido mi ejemplo para seguir por este camino”, confiesa.

El Bar Escuela Coca-Cola
Javier Iturralde, en un momento de la entrevista con Coca-Cola Journey en el Bar Escuela, situado en la madrileña calle Padre Damián, 42.

Marta Ortiz

En 2011 pasó a dirigir la Fundación Solventia y, ante las altas cifras de paro juvenil en España, tampoco pudo quedarse de brazos cruzados. “Era cuestión de tiempo que acabara haciendo algo relacionado con la hostelería”, reconoce. Una inspiradora visita a Fifteen, el restaurante escuela del famoso cocinero Jamie Oliver, le llevó a adaptar la idea a nuestro país.

En 2013 nacía el proyecto HPTMPM (Hoy por ti, mañana por mí) para la reinserción laboral de jóvenes con menos oportunidades. Y con él, el Bar Escuela Coca-Cola Fundación Solventia, situado en una franquicia de la marca Lizarrán en el centro de Madrid, gracias a la colaboración de Coca-Cola. “No pudimos encontrar un patrocinador mejor. Coca-Cola es la marca más joven y compartimos valores”.

Un espacio real, pero “controlado”

El Bar Escuela Coca-Cola
La permanencia en el Bar Escuela es de tres meses y la formación, puramente práctica.

Marta Ortiz

Cada año pasan por este bar real, abierto al público, pero en un entorno “controlado”, unos 100 jóvenes, los participantes en el proyecto GIRA Jóvenes Coca-Cola especialmente interesados en el mundo de la hostelería.

Durante los tres meses en los que se entrenan para la vida laboral, ya sea como cocineros o camareros, el principal enemigo a combatir es el miedo.

“En los últimos 50 años se ha destruido algo muy valioso, que ya existía incluso en la Edad Media: la figura del aprendiz”, explica Javier. “Hoy, en hostelería, desde el día 1 te ponen en una partida en la cocina o en un rango de sala con la responsabilidad de desempeñar ese rol con soltura”, continúa. “Lógicamente, a estos chicos les falta experiencia, lo que, sumado a que su autoestima suele ser baja y a que el ritmo es estresante, hace que acaben bloqueándose y entren en pánico. Les echan o se marchan y, así, van dando tumbos de un trabajo a otro, y encadenando fracaso tras fracaso”.

En el Bar Escuela, donde no hay teoría, sino solo práctica, los chicos aprenden el oficio de la mano de los “maestros”, profesionales del sector, pero también de los jóvenes que llevan más tiempo que ellos. “De ahí el Hoy por ti, mañana por mí”, señala Javier. “Se sorprenden de que no les chillen ni regañen cuando, por ejemplo, se les cae una bebida y manchan al cliente”, asegura. “Al desaparecer el miedo, asimilan todo a una velocidad increíble”.

El Bar Escuela Coca-Cola
Los participantes en el Bar Escuela aprenden el oficio de la mano de profesionales del sector y ayudándose unos a otros.

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Trabajo en valores

La psicóloga Ana Fernández-Cuervo, directora del proyecto, se deja caer todos los días por el Bar Escuela. Con experiencia previa en el mundo de las fundaciones y amante del contacto directo con sus beneficiarios, allí habla con los chicos y los ve en acción. Con lo que aprecia por sí misma, unido a lo que los maestros formadores le comunican, hace una valoración de la evolución de los aprendices cada 15 días. Es entonces cuando se reúne con ellos, uno a uno. “Les cuento qué han hecho bien, felicitándoles por ello, y qué necesitan mejorar”.

No es una evaluación al uso: se basa en 11 parámetros, cinco profesionales y seis personales. “Es importante la pericia, la organización, aguantar la presión, pero también la generosidad, saber trabajar en equipo, sonreír, tener iniciativa... Trabajamos en una serie de valores que también influyen en el desarrollo de cualquier profesión y para manejarse por la vida”.

Javier lo ilustra con un ejemplo: “Hubo un chico que creía que la generosidad era sencillamente prestar dinero. No sabía trabajar en equipo. Los inputs de Ana les sirven de aliciente para mejorar y surten efecto”.

Bar Escuela Coca-Cola
Los chicos son evaluados cada 15 días, teniendo en cuenta sus progresos a nivel profesional y aspectos personales.

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Un largo seguimiento

En el último mes, los jóvenes tienen que asumir la responsabilidad completa de un turno, en sala o en cocina. Superada la prueba, se diploman y son incluidos en una bolsa de trabajo. En los últimos cuatro años, 283 chicos han pasado por el Bar Escuela y más del 96% de los que se gradúan consiguen colocarse directamente gracias a la iniciativa.

Además, se les hace un seguimiento durante dos años. “A veces pierden el empleo y nos llaman. Otras nos enteramos cuando les contactamos para saber cómo están y les volvemos a incorporar a la bolsa de trabajo”, dice Ana. Hasta la fecha y desde 2013, han realizado 327 colocaciones.

La mayoría de los jóvenes salen del Bar Escuela satisfechos del aprendizaje y agradecidos. “Se demuestran a sí mismos que son capaces de terminar lo que habían empezado, tantas veces como hubo sin finalizar tantas cosas… Ganan seguridad, confianza, autoestima”, subraya Ana.

Javier añade: “Han sustituido a la pandilla del parque en el que pasaban demasiado tiempo por una muy positiva, la que han creado en una escuela que encima es un bar, ¡el que no podían permitirse cuando estaban en el parque!”, bromea. “Tras irse, esa pandilla permanece y siguen ayudándose los unos a los otros”. Continúa, ya fuera del Bar Escuela, el espíritu Hoy por ti, mañana por mí.