Las buenas historias se descubren muchas veces por casualidad. Hace un tiempo, un grupo de trabajadores de Coca-Cola recaló en El As de Espadas, uno de los restaurantes más conocidos de Toledo. Mientras disfrutaban de la comida y conversaban sobre la empresa, uno de los dueños del bar, Rafael, se acercó a la mesa y les comentó que su familia tenía una bonita historia con Coca-Cola digna de ser contada.

Y aquí está, hecha papel, pues es una de las interesantes historias que destapa la revista de coleccionista con la que Coca-Cola homenajea a la botella Contour en el centenario de su nacimiento. Una botella, un siglo de historias, también disponibles en formato flipbook, y tan cautivadoras como esta:

Corría octubre de 1973, una época difícil, cuando Rafael Torres inauguró su establecimiento sin apenas dinero, movido por el deseo de dar un futuro mejor a sus hijos, por entonces tres varones. Al poco de abrir el bar, se presentó un vendedor de Coca-Cola. “Mi padre le dijo que no tenía dinero para pagar los pedidos. Aquel hombre, sin embargo, quiso apoyarle, confió en él y le dejó unas cuantas cajas para ver si las podíamos vender, ¡y que no podíamos abonar!”, relataba un emocionado Rafael, hijo del fundador, en el evento de presentación en Madrid de la revista exclusiva.

afael, hijo del fundador, en el evento de presentación en Madrid de la revista exclusiva.

La tortilla de patata, punto de partida

La historia tuvo un final feliz porque a los clientes de El As de Espadas les gustó Coca-Cola y los Torres empezaron a ver crecer su negocio. Lo que empezó como un modesto bar en el que se servía tortilla de patata, hoy es un exponente de la mejor cocina tradicional manchega.

“Desde entonces somos absolutamente fieles a la marca”, afirma Rafael, que regenta el restaurante junto a sus hermanos Marcos, chef, y Raúl, jefe de sala. “Aquel vendedor de Coca-Cola -recuerda Rafael- fue ascendiendo, pero seguía visitando a mi padre cuando pasaba por Toledo. Era verse y se fundían en un afectuoso abrazo, sin palabras. Y esas cajas que nos dejó a cuenta nunca las cobró”.