Desde los invernaderos de Almería a la región del Empordà en el norte de Cataluña, el Levante español alimenta a media Europa. Naranjas, limones, tomates… prosperan en unas condiciones únicas de sol y agua. Pero el equilibro es más frágil de lo que pudiera parecer. Y los agricultores de La Vall d'Uixó, en Castelló de la Plana, lo saben muy bien.

A principios de la década, la sobreexplotación de los acuíferos y su contaminación pusieron contra las cuerdas a toda la población. Su mayor fuente de agua dulce estaba amenazada. “Esta había sido una zona tradicionalmente de agricultura, y muy rica, pero en la situación a la que se había llegado no había alternativas para poder recuperarla”, explica Juan José Litrán, Director de Relaciones Corporativas de Coca-Cola España.

La situación había llegado al límite en 2012. Hoy, como consecuencia de un proyecto de la Universitat Jaume I (UJI) y el Instituto Geológico y Minero de España (IGME), financiado por Coca-Cola, vuelve a haber alternativas.


Un acuífero de agua salada

Desde mediados de los años 60, los agricultores de La Vall d'Uixó habían venido usando las aguas subterráneas de la zona para regar los cultivos intensivos de cítricos. Desde entonces, los acuíferos habían sufrido una lenta y casi imparable salinización.

“Como estamos cerca del mar, la explotación excesiva del agua del subsuelo ha generado que el agua de mar empiece a penetrar hacia el acuífero, salinizando toda el agua de la franja costera”, explica Ignacio Morell, hidrogeólogo de la Universitat Jaume I de Valencia y responsable del grupo de investigación para recuperar uno de los acuíferos de la zona.


Aunque no se perciba en la superficie, bajo tierra se produce una lucha constante entre las masas de agua dulce y el mar, que puede introducirse hasta varios kilómetros tierra adentro. En cuanto baja el nivel del acuífero, el agua salada ocupa su lugar. Así, cuanto más cerca del mar esté, más riesgo de salinización existe.

Una mezcla de agua dulce con un 2% de agua salada la convierte en no potable para consumo humano. En zonas de gran intensidad agrícola, como La Vall d’Uixó, a la salinización se le suma además la contaminación por alta concentración de nitratos (abonos) y residuos plaguicidas en las aguas subterráneas.


 

Así, poco a poco, a medida que el agua dulce abandonaba la Plana Baja de Castellón, también lo hacían los agricultores. Como los humanos, la mayor parte de las plantas terrestres no consumen agua salada.

“Cada vez quedan menos agricultores. Si tuviéramos una calidad de agua de aceptable a buena, seguramente nadie habría abandonado”, señalaba en 2014 Aparicio Gómez Navarro, agricultor. Algo había que hacer para frenar la salinización y recuperar el motor económico de la zona.

Haciendo retroceder el mar


Por la misma puerta por la que el Mediterráneo había invadido los acuíferos, podía volver a salir. ¿Cómo? Mediante un proceso pionero de recarga artificial, que permitiese bombear agua en el seno del acuífero a través de unos pozos construidos específicamente para ello.

El proyecto arrancó en 2012 y llegó a su fin en 2014, tras haber recargado más de 500 millones de litros en el acuífero, cerca del consumo anual de la planta de Coca-Cola de Valencia. El agua utilizada en el proceso se compuso de un 50% de aguas residuales regeneradas mediante tratamiento terciario (incluyendo su desalinización) y otro 50% de agua de la balsa de excedentes invernales del río Belcaire.

Litros de agua aportados por el proyecto Acuíferos de Castellón

Hoy, la iniciativa, que se enmarca dentro de los proyectos de Coca-Cola para devolver a la naturaleza el agua que consume, ha conseguido reducir el grado de salinización del acuífero y ha disminuido la concentración de nitratos en las aguas subterráneas. Y, lo más importante, ha elevado la superficie de agua dulce en el acuífero haciendo retroceder el frente salino; restaurando el equilibrio y poniendo en su sitio al mar Mediterráneo.

La consecuencia directa ha sido mejorar la disponibilidad de agua dulce para consumo agrícola en una zona que agrupa a unas 4.000 familias de agricultores. “Cada vez más, los ciudadanos y los consumidores demandan de las compañías su intervención en su vida de una manera positiva”, añade Juan José Litrán. “Cumplir con eso es muy satisfactorio”.