Los niños del pueblo sudafricano de Ramotshinyadi pueden estudiar sin que sus padres les saquen de la escuela para ir a buscar agua al río. Un antiguo deseo de los habitantes de esta localidad ahora hecho realidad gracias a un proyecto de la Fundación Coca-Cola en África y la Agencia de EEUU para el Desarrollo (USAID) que proporciona agua potable a sus 10.000 residentes. El agua lo cambia todo y su impacto impregna todos los ámbitos, desde la salud hasta la educación.

Al menos 340 millones de personas en África -cerca de un tercio de la población- no pueden levantarse y hacer un gesto tan simple como lavarse las manos o beber un vaso de agua. Tienen que caminar kilómetros y kilómetros para hacerlo. En Ramotshinyadi, el acceso al agua potable ha mejorado la vida de todos, pero sobre todo de las mujeres. En África, cuando no hay agua, son básicamente las mujeres y niñas las que tienen que ir a buscarla. Gastan 40.000 millones de horas al año en ir a recoger ese tesoro líquido. La Fundación Coca-Cola en África se ha fijado el objetivo de llevar agua potable a dos millones de personas hasta finales de 2015 a través de su iniciativa Replenish Africa Initiative (RAIN). Dotada con 30 millones de dólares, apoya 42 proyectos en 27 países, algunos cofinanciados por la USAID.

Proyectos en los que Coca-Cola y la USAID buscan socios locales para que el impacto sea mayor. En el caso de Ramotshinyadi, recurrieron a la empresa estatal sudafricana Eskom, que proporcionó la electricidad necesaria para bombear agua de tres pozos.  

Sentimiento de pertenencia a la comunidad

Un camino hacia la independencia y autosuficiencia de Ramotshinyadi que ha sido finalmente un éxito, pero que no ha estado exento de dificultades. Durante la instalación de la red, un grupo de vándalos destruyó los sistemas eléctricos donados por Eskom para bombear agua. Llevó tiempo arreglar los desperfectos, pero lo que más costó fue inculcar que el proyecto pertenecía a la comunidad, que es responsable de la infraestructura, de su seguridad.

Con ese propósito, el consejo tribal de Ramotshinyadi organizó una ceremonia para que el pueblo asumiera la propiedad y el mantenimiento colectivos de la nueva red de agua limpia. Un fiesta que, en un sábado de diciembre, estuvo protagonizada por los cánticos y el baile en medio de la lluvia.