Hoy celebramos el Día Mundial del Reciclaje, un día muy importante para Coca-Cola, que además de esforzarse para que sus envases sean cada vez más sostenibles, también busca nuevas maneras de reciclar y aprovechar esos envases. De esa búsqueda nace la 111 Navy Chair, una versión fabricada en plástico reciclado de botellas de Coca-Cola de la clásica Navy Chair. 

La historia de la Navy Chair

El origen de la silla 1006 de Emeco, más conocida como la Navy Chair (silla de la armada), se remonta a los años 40, cuando la armada estadounidense le encargó a la compañía que diseñara una silla para sus barcos que "fuera capaz de sobrevivir a la explosión de un torpedo en la línea de flotación de un destructor". 

Tan en serio se tomaron esta petición que la gran mayoría de las sillas que produjeron (fabricadas en aluminio) han resistido hasta nuestros días. Incluso cuenta la leyenda que, para demostrar su dureza, el fundador de la compañía, Willton C. Dinges, llegó a lanzarla desde un sexto piso en una feria de muebles de Chicago, obteniendo como resultado solo unos leves arañazos. 

Desde entonces, hasta hoy, la Navy Chair ha permanecido como un clásico del diseño americano, y es una pieza habitual para todo tipo de decoradores, incluidos los de televisión. Seguro que si os fijáis un poco la próxima vez que veáis una serie es probable que os la encontréis, ya que ha amueblado el despacho del Doctor House, las salas de interrogatorio de CSI y El Mentalista e incluso en series como Sexo en Nueva York, aunque la lista es casi infinita. 

La historia de la Navy Chair

La silla Navy original ya es por sí misma todo un ejemplo de sostenibilidad y reciclaje, pues está fabricada íntegramente en aluminio reciclado, lo que no es solo beneficioso en términos de reaprovechar el material, sino también en términos energéticos, ya que el uso de aluminio reciclado reduce el gasto energético en un 95%.

Es por eso que Emeco era el socio perfecto para fabricar una silla a partir de botellas de Coca-Cola recicladas, pues los deseos de ambas compañías se unían en la búsqueda de la sostenibilidad, y de esa unión surgió la 111 Navy Chair. 

El número de la silla, 111, no es baladí, sino que responde a la cantidad de botellas PET de Coca-Cola que se reciclan para fabricar cada una de las sillas. Un proceso complejo que requirió de todo el conocimiento de los ingenieros de Emeco, con el Jefe de Producto Magnus Breitling a la cabeza. 

El resultado, como se puede observar, es una silla que combina un diseño atemporal, un clásico podríamos decir, pero que al mismo tiempo alberga lo último en tecnología de reciclaje. Si la silla original se fabricó en aluminio para aprovechar los restos del material que procedentes de los astilleros navales y las aeronáuticas, esta nueva silla ha nacido para poner su granito de arena y darle una nueva a vida al plástico de las botellas de Coca-Cola