El escritor, ¿nace o se hace? Es una pregunta difícil de contestar, aunque probablemente sea una mezcla de las dos cosas: aptitudes naturales y práctica. Lo que está claro es que hay algo que tienen en común todos los escritores de éxito, desde Julio Verne y J.R.R. Tolkien a Stephen King y J.K. Rowling: no han dejado de escribir.

El 15 de marzo se cierra el plazo de inscripción para el Concurso Coca-Cola Jóvenes Talentos de Relato Corto dirigido a chicos y chicas de 2º de ESO. A continuación te ofrecemos una guía rápida para saber si puedes ser un participante de altos vuelos.

¿Sientes la necesidad de expresarte por escrito?

Casi todos escribimos con bastante frecuencia de un modo u otro, aunque sean mensajes cortos en WhatsApp, correos electrónicos o la lista de la compra. Sin embargo, un joven talento escribe por el deseo, la ambición, la necesidad imperiosa de comunicarse, de transmitir sus propias ideas.

¿Amas las palabras?

"Una palabra y todo queda a salvo, una palabra y todo está perdido", dijo un poeta. Igual que para un escultor es el mármol o para un pintor la acuarela, para los escritores el lenguaje es la herramienta. Lo quieres, lo mimas, corriges, reescribes. Tratas de usar eficazmente las palabras, juegas con sus sentidos, buscas las que no conoces y necesitas. Si hace falta, las inventas.

¿Eres un ávido lector?

“Un escritor que no lee es como un compositor que no escucha música”, dice Stephen King. Seguramente de niño te sentías seducido por los cuentos que te contaban al acostarte y leías cualquier libro que cayera en tus manos. Hoy, esperas con ansia la nueva entrega de las aventuras de tu escritor favorito o sumergirte en la historia de intriga o amores imposibles de ese autor que te atrapa en cada página.

¿Tienes magia creativa?

Ves un enorme dragón donde otros ven solo un montón de ramas. Como si fueras Robert Louis Stevenson con La isla del tesoro o Gabriel García Márquez con Macondo, creas mundos y personajes imaginarios. Se cuelan en tu cabeza sin tu permiso. Piensas escribiendo. Escribes mentalmente el argumento de una soñada novela.

¿Eres un buen observador del mundo que te rodea?

El escritor, como cualquier otro artista, tiene que tener una sensibilidad a flor de piel para desentrañar el alma de las cosas. Es un gran observador. El oído siempre atento; la mirada, profunda.

©Foto: iStock / georgecosminmarin

¿La libreta es un apéndice de tu cuerpo?

La historia de Harry Potter se le ocurrió a J.K. Rowling en un tren. La libreta es al escritor lo que la cámara al fotógrafo, pues permitedejar constancia de interesantes pensamientos fugaces. ¿Sueles llevar siempre contigo un bloc para anotar ideas, reflexiones? Quien dice libreta dice, en su defecto, servilleta de cafetería, ticket del supermercado, o, por adaptarnos a los tiempos modernos, aplicación de notas de tu teléfono inteligente.

¿Tu curiosidad es infinita?

Música, filosofía, cine, pintura, teatro.., prácticamente todo te interesa, hasta lo que no te interesa. Se trata de conocer e intentar comprender. Un gran alimento para la mente y el espíritu, y una gran ayuda a la hora de escribir.

¿Te avergüenza mostrar lo que escribes?

Creías que, simplemente, las historias salen solas. Te has dado cuenta de que tus textos no son las narraciones esperadas, así que te avergüenza enseñarlas, las escribes a escondidas, las dejas a medias o rechazas presentarte a un concurso. Escribir lleva tiempo y práctica. El único texto malo es el que no se concluye.

¿Te fascinan las bibliotecas?

"Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca”, sentenció Jorge Luis Borges, que se jactaba, más que de los libros que había escrito, de los libros que había leído. Ray Bradbury contaba que no fue a la universidad -no podía pagarla-, pero que, en cambio, se “graduó” en la biblioteca. ¿A ti también te deslumbran? Con todos esos libros que aún no has leído y todas esas vidas que aún no has vivido.

¿Eres feliz escribiendo?

Escribir debe ser divertido, no un asunto serio. Algo que te llena y te desahoga, que te relaja y te excita, que te hace soñar y te mantiene despierto al mismo tiempo. Sentado frente al ordenador o con un bolígrafo en la mano, te abstraes del mundo, pierdes la noción del tiempo, todo queda en suspenso. Es difícil hacerse rico escribiendo, pero para ti es fácil ser feliz escribiendo.